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CinePREMIERE

Por: Javier Pérez

18 / 08 / 2016
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Calificación Cine PREMIERE: 2.5 2.5
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Calificación usuarios: 1.6
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12 horas para sobrevivir: El año de la elección

Aunque The Purge: Election Year no presenta nada nuevo, es entretenimiento eficaz para los fans de la saga.

La saga The Purge, iniciada en 2013 por el neoyorquino James DeMonaco en plan de autor total, llega a su tercera entrega con 12 horas para sobrevivir: El año de la elección. La saga, caracterizada por una fuerte carga de violencia, lo mismo explícita que soterrada, ha tenido una lectura política que esta vez se acentúa especialmente porque se estrena a unos meses de unas elecciones presidenciales en Estados Unidos marcadas por la polarización de sus candidatos. Y, también, por subrayar la alienación de una sociedad propensa a la violencia a la menor provocación que pone armas letales al alcance de gente (jóvenes y adultos por igual) gustosa de dar rienda suelta a sus impulsos.

Desde la primera cinta –titulada en México La noche de la expiación (2013)– la serie se ubica en un futuro próximo donde Estados Unidos es gobernado por los llamados Nuevos Padres Fundadores. Éstos supuestamente han extirpado la violencia de la sociedad, pero cada año permiten durante 12 horas que los propios ciudadanos realicen a libre albedrío la purga que le da el título original a la serie. Así, en la transición del 21 y el 22 de marzo de cada año, cualquier clase de crimen, asesinato incluido y practicado con saña, es permitido por decreto.

Sin importar si las motivaciones tienen que ver con la envidia, el odio, el racismo, la venganza, el resentimiento, las filiaciones políticas, la extirpación de delincuentes o las meras ganas de maldosear, grupos y grupos de gente se forman y preparan para esa noche de violencia desmesurada. DeMonaco se ha mostrado a lo largo de la saga como un director solvente y honesto capaz de entregar cintas entretenidas con una narrativa bien hilvanada, una edición sonora cada vez mejor estructurada a pesar de su estridencia y una construcción visual que aprovecha herramientas básicas como la cámara lenta, el encuadre cerrado y el suspenso de manual para generar una tensión que no suelta al espectador a pesar de que su premisa básicamente es la de cualquier juego de misión: un grupo que quiere llegar del punto A al B, pero que debe superar una serie de complicados obstáculos.

En 12 horas para sobrevivir: El año de la elección, la protagonista es la senadora Charlie Roan (Elizabeth Mitchell de Lost), principal opositora del fanático ministro ultraconservador de las medidas de los Nuevos Padres, Edwidge Owens (Kyle Secor). Ella tiene posibilidades de ganar las siguientes elecciones presidenciales por su afinidad con las minorías; su propuesta es terminar con la purga. Como respuesta, por primera vez se anuncia que no habrá exenciones, por lo que cualquier persona, funcionarios gubernamentales de alto nivel incluidos, puede ser blanco de la expiación. Por eso, ante la terquedad de la senadora de no moverse de su oficina durante las 12 horas sin ley ni servicios policiales ni médicos, su jefe de seguridad, Leo Barnes (Frank Grillo, el sargento de la entrega anterior) establece un búnker que, como debe ocurrir para que haya película, es fácilmente superado por un comando paramilitar armado hasta los dientes.

Así que la misión de Leo, quien ha sido traicionado por sus allegados, es mantener a salvo a su jefa, a quien es evidente alguien busca aniquilar. Pronto, este par quedará relacionado con el de Joe (Mykelti Williamson) y Marcos (Joseph Julian Soria), el dueño y su asistente de origen mexicano en un minisúper que ha sido amenazado por insolentes y sexosas adolescentes que lo ponen en jaque esa noche. Y a su vez, todos recibirán ayuda de Laney (Betty Gabriel), una mujer madura con un pasado oscuro que se dedica a socorrer heridos para llevarlos a una instalación de seguridad para su asistencia. 

La película coquetea, como ha ocurrido en la serie, con el gore (la escena de la guillotina es un ejemplo en esta ocasión) y se disparan tantas balas, se derrama tanta sangre y hay tantas muertes que el Robocop de Verhoeven palidece. DeMonaco, ya lo decía, es honesto: entrega una película de acción y suspenso sin pretensiones, aunque eso no evita que mantenga un punto de vista crítico. Parece evidente la lectura política (la frase “Blessed be America, a nation reborn” ha sido leitmotiv a lo largo de toda la serie) con dos personajes que recuerdan a los candidatos reales por la presidencia de Estados Unidos. E incluyendo a un grupo de resistencia de gente de color, que había aparecido desde 12 horas para sobrevivir y que vuelve a jugar un papel importante en la sobrevivencia de los protagonistas (esto no es ningún spoiler: el título en español explícita de lo que va la historia).

Especializado en historias de acción como guionista (con la excepción de Jack, de Francis Ford Coppola), DeMonaco no obstante tiene sus principales fallas en el guion. Dedica buena parte de la película a que los personajes libren obstáculos cada vez más complicados (cuando Leo y Charlie son rodeados y arrastrados por la calle, por ejemplo) en poco tiempo y apenas dando unos pasos, y luego despacha la última misión sin que a los involucrados les cueste trabajo llegar hasta el lugar adonde el ministro celebra una misa. 

Al final, 12 horas para sobrevivir: El año de la elección no presenta nada nuevo. Es entretenimiento eficaz, eso sin duda, con un comentario político a todas luces visible y un inevitable conflicto moral que DeMonaco prefiere tratar sin mucha profundidad pero que, y eso es un acierto, tampoco evita.

  • Título original: The Purge: Election Year
  • Año: 2016
  • Director: James DeMonaco (12 horas para sobrevivir)
  • Actores: Frank Grillo, Elizabeth Mitchell, Mykelti Williamson
  • Fecha de estreno: 19 de agosto de 2016
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Javier Pérez

Nadie quiere acompañarlo al cine porque come palomitas hasta por los oídos e incluso remoja los dedos en el extraqueso de los nachos. Le emocionan las películas de Stallone y no puede guardar silencio en la sala a oscuras. Si alguien le dice algo, él simplemente replica: "stupid white man".

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