Hannibal o el lado exquisito del terror
Casi siempre hay un sueño al inicio de cada capítulo, aunque a veces puede ser en medio. Un sueño cuyos detalles habrían encantado a Freud o, ya entrados en gastos, a David Lynch. Un sueño en el que, de haber una figura recurrente, ésta sería la de un venado. O más bien la de un alce. Da igual. Lo importante es que uno se siente incómodo cuando lo observa. Tal vez no tanto como Will Graham (Hugh Dancy), quien es el portador de estos sueños, pero en cualquier caso a uno le quedan pocas ganas de pasar por una experiencia orínica del tipo. Más allá: uno desea a toda costa el jamás tener una pesadilla parecida. Y si nos vamos aún más lejos: a nadie le gustaría contar con el "don" del policía Graham por más de que gracias a él sea posible atrapar a psicópatas y, por tanto, salvar vidas. Porque Graham es Graham, un hombre, pero también es el correr del tiempo: ahora estás vivo y ahora ya no. Ahora cenas pavo con tu familia y luego, a un golpe de péndulo, tu cabeza descansa sobre la salsera del gravy con un agujero en la frente. Un agujero tan grande que por allí podría escaparse todo: los deseos, las mentiras, las reflexiones... incluso los últimos recuerdos. Pero no con Graham allí. A Graham, o a la mente de Graham, no se le escapa nada. Por eso no duerme: le toca pensar por sí mismo pero también por todas las víctimas y vicitimarios con los que se cruza. Aunque, por desgracia, y aunque piense por ellos, a estos últimos no los ve. Los huele, los presiente, los intuye, pero no los ve. Y eso lo desgarra por dentro. Le duele. O más que dolerle, le molesta, le provoca ataques de rabia, de impotencia. Menos mal que tiene un amigo, tan sofisticado como lúcido, que se llama Hannibal Lecter. Con él sí que se siente, si no más tranquilo, sí más abierto. A él sí le relata sus pesadillas y entre ambos se ha establecido una suerte de duelo intelectual que le gusta, que lo estimula. Y mejor así, porque con cada caso nuevo aparece una nueva pesadilla. O la de siempre pero modificada. Más intensa, incluso más atrevida. Y más aterradora.
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Lo primero: Finalmente, y después de meditarlo, decidí hacerme una cuenta en Twitter. Así que todos aquellos familiarizados con la web del pajarito azul están invitados a seguirme en: @CjChuy
Berlinale 63: Resultados de la premiación
Finalmente la Berlinale llegó a su fin. Lo sé porque ayer tuvo lugar la premiación y fue televisada (y también podía verse en vivo por Internet en la página web del festival). Pero lo sé sobre todo porque me lo gritan mis ojos rojos, mis huesos entumidos y la sensación de náusea que actualmente me provoca cualquier imagen impresa en pantalla... pero valió la pena. ¡Vaya que lo hizo!
Berlinale 63: Días ocho y nueve
Más que placentera, la experiencia de mirar de nuevo a River Phoenix en pantalla grande me produjo una sensación de extrañeza. Fue como cruzarse a oscuras con el holograma de un fantasma que ignora que está muerto o, peor aún, al que fuerzas terrenas han decidido negar el eterno descanso. Porque Dark blood, la película que el director George Sluizer se ha empeñado en desempolvar, remendar y vestir, visto a la perspectiva, no pasa de ser una curiosidad. Filmado hace 20 años y nunca terminado a causa de la repentina y lamentable muerte del hermano mayor de Joaquin Phoenix -por ingerir altas dosis de alcohol y drogas- el filme de Sluizer, pese a su implícita extravagancia, deja ver la mediana calidad cinematográfica que indudablemente poseía ya desde su génesis. Un filme mediano no dejará de serlo aunque se lo tapice de espíritus célebres y bellos.
Berlinale 63: Día siete
Tengo que confesar que apenas he visto alguna cinta dirigida por David Gordon Green. Hasta donde tengo entendido goza de un buen número de seguidores, lo que revela que quizá sus películas portan, al menos un poco, de aquel sello personal que todo cineasta persigue. Sin embargo, en lo personal no guardaba grandes expectativas de Prince avalanche, filme que se exhibió el día de hoy en la sección oficial de la Berlinale y que es protagonizado por Paul Rudd y Emile Hirsch. Y es que, seamos sinceros: ¿se podía esperar mucho del también responsable de dirigir al ex gordito Jonah Hill como cuidador de niños en la palomera The sitter?

