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Otro top 10 (personalísimo)

COLUMNA Kino central

Por: Carlos Jesús González

03 / 09 / 2012

Otro top 10 (personalísimo)

Otra lista de las diez mejores películas de todos los tiempos

La siguiente lista tiene dedicatoria. Se halla escrita pensando en mi amigo, colega y ex compañero de juergas, César Albarrán. Hace mucho que no nos vemos (nos separan una treintena de países y miles de kilómetros) pero estoy seguro de que se encuentra bien en su isla, punto geográfico que me imagino todo cubierto de arcilla roja y peinado por olas colosales. Me gusta pensar que el buen César, nadador habilísimo y madrugador de antología, cada mañana se sumerge en el mar para sacar el desayuno (ora cola de langosta, ora arroz con pulpo austral) que él y su chica consumirán -rociados, por supuesto, con jugos de frutas exóticas-, y que después se ducha y se trajea de lo más contento, silbando alguna canción de Johnny Cash. 

Y es que, hay que decirlo, si me animo a escribir esta personalísima lista de las diez mejores películas de todos los tiempos es solamente porque él tuvo las agallas de hacerlo -y con ello me animó a hacer mi propia lista-. Por demás, el resultado de ese ejercicio suyo tan generoso fue una decena de cintas de incontestable calidad y que denotan el gran y sincero amor que siempre ha cultivado por el cine. Quizá es de esperarse que concuerde con él -y con cientos de miles de cinéfilos más- en un par de filmes. Lo curioso es que hay ocasiones en las que, aun coincidiendo en tal o cual director, me decante por una cinta diferente a la elegida por César. Ojalá y algún día -estoy seguro de que así será- habrá ocasión de hablar de ello acompañados de dos buenos whiskis y canciones de U2 compuestas entre 1980 y 1991.

Sin más, solamente me queda agregar que no quise elegir solamente películas canónicas (aunque la gran mayoría lo son) y que no menciono ningún western. Acepto la importancia de este género y admiro la mano firme y legendaria con que Houston, Leone, Ford, Eastwood delinearon sus mejores historias. Es solamente que yo no puedo con él. Incluso los musicales, que tampoco tolero, me son más accesibles. Razones (seguramente poco objetivas pero así es la vida) que justifican tal aversión tengo, pero no será hoy cuando las exponga.

Aquí la lista:

1. El Padrino (primera y segunda parte -1972 y 1974): Traté de hacer esta lista haciendo acopio de toda mi franqueza. Así, elijo esta película como la mejor de todos los tiempos sencillamente por tratarse del único largometraje que puedo ver irrepetibles veces sin manifestar signo de aburrimiento alguno. A ello agreguémosle que, para mí, al menos en relación volumen y estándares de calidad, no hay mejor cine que el que se hizo en los Estados Unidos en la década de las setenta (al menos hasta que llegó Tiburón y nació el temido blockbuster). Y esta fue la cereza del pastel. (Y, sí, pego parte uno y parte dos porque no puedo decidirme entre ellas y para ganar un espacio más).

2. Luces de ciudad (1931). La escojo solamente por contrarrestar mi pesimismo incurable. Si Tiempos modernos, cinta tan buena como esta, es la crítica por excelencia a la maquinaria al hipercapitalismo y la alienación de la raza humana, Luces de ciudad es su cara B: la demostración de la capacidad que el ser humano tiene para amar al otro. No me considero un llorón, pero no puedo mirar esta cinta de Chaplin hasta el final sin que el alma se me arrugue como papiro de museo.

3. Ciudadano Kane (1941). ¿De verdad hay algo más que se puede decir sobre esta joya? Como en La muerte de Artemio Cruz, de Fuentes, aquí se plasma en celuloide el deseo escondido de todo ser humano: morir asaltados por el recuerdo más bello y sublime de nuestra vida (a los malvados esta cualidad les es vedada, por cierto). 

4. Psicosis (1960). Si la elijo sobre Vértigo, usualmente la cinta más venerada de Hitchchock, es a partir de la suma de elementos que arroja mi calculadora: violines de Herrmann, más la escena de la ducha, más un motel en medio de la nada, más el retrato de la Norteamérica profunda, más personalidad múltiple, más connotaciones sexuales, más una complejísima intertextualidad hitchcockiana... el resultado es la primera (o, al menos, la más exitosa y lograda) cinta que retrata al psicópta, el nuevo monstruo de la era moderna y, desde entonces, una de las figuras más retratadas del cine.

5. Sin aliento (1960). Godard retrata a un malandrín en blanco y negro. Este malandrín tiene un tic curioso y que a toda mujer que conozco le parece sexy: a cada momento se respasa los labios con el pulgar. De paso, Godard (¿por qué no?, habrá pensado) rompe las reglas hasta entonces seguida por el cine y hace historia. Sin lo “godardiano” no habría lo “tarantinesco” ni otros términos que suenan igual de pretenciosos.

6. Taxi Driver (1976). Scorsese creativo, filmando con el apuro del que cree que morirá pronto. Scorsese metiéndose coca cada dos horas y discutiendo con De Niro y, de paso, exigiéndole a Schrader, en su cara, cambios sustanciales al guión. Scorsese pensando en sus grandes ídolos mientras busca el encuadre perfecto. Y mientras todo esto sucedía era gestado el máximo antihéroe (urbano, para no ofender a los westernianos) cinematográfico de todos los tiempos.

7. Sunset Boulevard (1950). Me gusta también el título que se le dio en castellano a esta enorme obra de Billy Wilder: El crepúsculo de los dioses: así de tortuosa debe ser la decadencia de los que alguna vez lo tuvieron todo. Otra afortunada coincidencia con la lista de César Albarrán.

8. El resplandor (1980). Me parecen loables, por supuesto, las reflexiones filosóficas que Kubrick plasmó en varias de sus películas, así como el preciosismo visual y narrativo que logra, por ejemplo, en Barry Lyndon. Sin embargo, ninguna de ellas me estremece más (y no lo digo solamente por sus secuencias terroríficas) que esta adaptación del afamado libro de Stephen King. Si pienso en Kubrick lo primero que me llega a la cabeza es una ola de sangre vaciándose en el más largo de los pasillos que van al infierno.

9. La cinta blanca (2009). Estoy seguro de que esta película irá apreciándose más conforme pase el tiempo. Para mí, no hay cinta mejor lograda en lo que va del nuevo milenio. Haneke, a mis ojos (y por encima de von Trier, Herzog, Kaurismäki y otros que siguen en activo) el mejor diretor europeo vivo, consigue aquí el retrato más elegante, contenido y sutil del mal que se haya filmado jamás. Cuando la veo hay momentos en que siento que estoy leyendo un pasaje de Roberto Bolaño, del Roberto Bolaño último, el que le vio los ojos a la bestia.

10. Andrei Rublev (1966). A veces, sobre todo por las tardes, recuerdo que el cine también es poesía y cuando eso sucede evoco esta película de Andrei Tarkovsky. Recuerdo que cuando la vi por primera vez no tenía lentes y los subtítulos de la copia que me prestaron eran pésimos. Aun así, quedé hipnotizado por las imágenes y esa noche soñé con varias de ellas. Y con campanas, muchas campanas.

Otras que casi quedaron: Boogie nights, de Paul Thomas Anderson; El graduado, de Mike Nichols; Azul, de Kieslowski; La mirada de Ulises, de Angelopoulos; Harold and Maude, de Hal Ashby; Amadeus, de Milos Forman; In the mood for love, de Wong Kar-Wai… ojalá y así “tanta vida” nos quede, buen César, para tantas películas.  

 

 

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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