Blancanieves: la tercera es la vencida | Cine PREMIERE
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Blancanieves: la tercera es la vencida
Kino central
Carlos Jesús González

Blancanieves: la tercera es la vencida

Ante la dureza con que las recientes reformas fiscales golpearán a la cultura en España y, en específico, al cine en español -uno de mis favoritos de siempre- observo con agrado que Blancanieves, la nueva cinta de Pablo Berger, fue recibida con ovaciones en el reciente festival de Toronto. Y no sólo eso: además ha quedado, junto con El artista y la modelo, de Fernando Trueba, y Grupo 7, de Alberto Rodríguez dentro de la terna de tres películas ibéricas que se enviarán a la Academia con la esperanza de que alguna de ellas sea seleccionada en la próxima entrega de los Oscar dentro del rubro de Mejor Película Extranjera.

Lamentablemente, la cinta referida todavía no tiene corrida comercial y, por ende, no he podido verla. Sé lo que todo el mundo que puede navegar por Internet sabe: que es muda y filmada en blanco y negro; que en ella, además de la participación de Maribel Verdú (la Madrastra) y Macarena García (Blancanieves), hay un rol importante para el gran Daniel Giménez Cacho; que está ambientada en el sur de España de los años veinte; que hay muchos toros, abanicos, mantillas, jamones y todos aquellos elementos que giran en torno al cliché de "lo español", aspecto que no me molesta, al menos no en el cine, siempre y cuando y la historia esté bien contada.  

En cualquier caso, auguro que, con todo y su derroche de españolismo y sus claros ecos a El artista, esta nueva versión del clásico cuento de los hermanos Grimm será superior a lo que Hollywood nos trajo vía Espejito, espejito, con una Julia Roberts sobrada de dieta de payaso, y Blancanieves y el cazador, protagonizada por la sobre expuesta y siempre-tengo-la-misma-expresión, Kristen Stewart. Al menos se antoja más cruda y directa, desprovista de los excesos de las superproducciones y, por tanto, sujeta a juicios relacionados no tanto con su capacidad de entretener como con la calidad de su narrativa. Aunque al parecer también divierte y conmueve, cosa que aplaudo pues, para como están las cosas -con las entradas a los cines yéndose a la estratósfera- la supervivencia de la industria cinematográfica ibérica dependerá más de los éxitos cosechados en otros lares que de lo que se consuma en casa. Y si es así pues adelante. Lo inadmisible sería que películas como Balada triste de trompeta, Celda 211, También la lluvia o Pan negre, todas ellas excelentes y producidas apenas en los últimos cinco años, no se sigan rodando. Más que inadmisible, tristísimo.

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