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Día de muertos con The Walking Dead

COLUMNA Kino central

Por: Carlos Jesús González

31 / 10 / 2012

Día de muertos con The Walking Dead

Opinión sobre la tercera temporada de The Walking Dead.

Al tratarse de una serie que realmente disfruto, hice, lo juro, un gran esfuerzo por dosificar los tres capítulos de la nueva temporada de The Walking Dead. ¡Qué iluso! Aunque, si soy franco, me arrepiento, pues a la distancia las añoranzas son más fuertes y me hubiera gustado dejar algún episodio para celebrar, a mi manera -y sustituyendo la tradicional calaverita con algún chocolate amargo- el Día de Muertos. 

Habrá, pues, que repetir.

Aunque no me molestará en lo más mínimo. Al hacerlo, además, seré capaz de refrendar o desdecir mis primeras impresiones de lo visto. La principal sería, sin duda, el giro dramático que hasta ahora ha mostrado la serie. Más que dramático yo lo llamaría psicológico, pues no cabe duda que la transformación más seria ha sido la sufrida por la cabeza más visible de la serie, el sheriff Rick Grimes, quien, dejando a un lado los predecibles comportamientos a los que nos ha condicionado Hollywood, se ha convertido en un individuo casi despojado por completo de escrúpulos en aras de defender a su comunidad. O más bien a su familia, pues es cosa segura que el Rick de ahora no se tocaría el corazón ante nadie del grupo si viera amenazada la vida de Carl, su hijo, o Lori, su esposa: los mataría sin contemplaciones. Sin más, el Rick que veremos en esta temporada me parece, valga el paralelismo, similar al afamado Walter White de Breaking Bad. Y es que, dejando de lado las comparaciones histriónicas aparte - nadie puede negar que el registro del actor Bryan Cranston es infinitamente superior al de Andrew Lincoln-, ambos personajes optan por despojarse de los principios morales que alguna vez defendieron o que de alguna manera los definían. No sirven. Son un estorbo para el cumplimiento de los nuevos objetivos planteados, se trate de un desahucio médico o la supervivencia en tiempos apocalípticos. Ambas son situaciones límite y como tales exigen la deconstrucción de quienes hacen suya la responsabilidad de sortearlas.

Me gusta, pues, el personaje de Grimes pero también he de decir que, al igual que Walter White, me asusta. Confieso que tengo un problema cada vez que atestiguo la forma en que el lado más oscuro de las personas queda revelado, más cuando parecen surgir como producto de circunstancias adversas y no meramente como un resultado natural de la personalidad de sus poseedores. Me aterra el pensar que ante la catástrofe todos somos proclives a perder nuestra civilidad, nuestra moral, nuestra ética. Incluso, o por sobre todos, aquellos que supuestamente han asumido el papel de guiarnos. 

Ya veremos, pues, qué otros conflictos habrá en el interior de Grimes. Por el momento justo eso es lo que me parece más interesante, muy por encima del conflicto con su esposa, de marcados tintes telenovelescos, o del gore cada vez más gráfico que adorna cada batalla contra los llamados walkers. Aunque también me entusiasma lo que el personaje del Gobernador puede traer a la historia: incluso detrás de sus buenos modales se asoma lo siniestro. Como un búho malherido encaramado en un árbol de espinas. Un búho que no deja de mirarnos.

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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