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Ben Affleck: cineasta consumado

COLUMNA Viajes a la luna

Por: César Albarrán Torres

08 / 11 / 2012

Ben Affleck: cineasta consumado

Confieso que cuando entré a la sala para ver Gone Baby Gone en el Festival de Cine de Morelia lo hice con muy pocas expectativas. ¿Qué podría esperar de una película dirigida por Ben Affleck? A lo mucho lo consideraba un actor mediocre y carne de tabloide, un niño bonito cuyo logro más grande había sido coescribir un guión que (ya sé, soy un amargado) a mí me parece cursi y medio soso, el de Good Will Hunting. Así las cosas, nadie me preparó para lo que vi en pantalla: Affleck dirigió con una maestría que me recordó al Clint Eastwood de Río místico una historia en que los cuestionamientos éticos nos enfrentan a nosotros mismos una y otra vez, uno de esos thrillers de los que uno platica pasada la medianoche y con un whisky enfrente. Después, con The Town, me recordó al mejor Michael Mann. En Affleck había identificado a un director sólido, que sabía canalizar las voces más importantes de Hollywood, como lo son las de Eastwood y Mann, y darles un pequeño giro.

Y entonces vi Argo hace dos días y lo puede decir sin pelos en la lengua: Affleck es uno de los mejores directores en Hollywood y nadie podría disputar que le otorguen el Oscar de dirección este año. Affleck hace una película digna del mejor cine político de la explosión creativa que vivió Hollywood a finales de la década de 1970. Logra combinar dos géneros, la comedia y el más intenso drama, de forma maestra, logrando momentos que me atrevo a calificar de sublimes. La historia de una operación secreta con la que la CIA intenta extraer a seis rehenes tras la Revolución Islámica en Irán pudo haber sido un asqueroso panfleto patriotero, pero en manos de Affleck dista mucho de serlo. Vemos la humanidad en norteamericanos e iraníes, y en un magistral prólogo Affleck finca responsabilidades en Estados Unidos y la manera en que se ha inmiscuido en el Medio Oriente. El cine de Affleck es arrojado y técnicamente espléndido. La cámara de Rodrigo Prieto logra un realismo que no había visto desde el cine político de Costa-Gavras o, aquí me lincharán los puristas, desde La batalla de Argelia. Sí, tiene sus momentos azotados, pero es un producto de Hollywood y no niega la cruz de su parroquia. Argo es un homenaje al cine en fondo y forma. Si eres cinéfilo debes de verla.

César Albarrán Torres

Es investigador del Programa de Culturas Digitales de la Universidad de Sydney. Es el editor fundador de cinepremiere.com.mx y escribe sobre cine, televisión y tecnología en diversos medios nacionales e internacionales.

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