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Lovelace: película para después del fin del mundo

COLUMNA Kino central

Por: Carlos Jesús González

30 / 12 / 2012

Lovelace: película para después del fin del mundo

En 2013 se estrenan dos películas sobre la mítica actriz porno, Linda Lovelace

Ya que el fin del mundo no tuvo lugar puedo, o me es permitido, el replantearme una suerte de futuro. Aunque en este caso en concreto no desde el presente sino desde el pasado. Así, el principio de esta la historia, mi historia, relativa a la película que veré en 2013 -y que, como podrá mirarse en la imagen que acompaña estas letras, se titula Lovelace-, empezaría en 1986, en el momento en que, tras mirar cinco minutos de Garganta profunda en la habitación de mi amigo Fonseca, la repentina -y cardíaca- aparición de su madre da al traste con nuestro plan de constatar las mundialmente famosas habilidades como fellatrice que ya para entonces Linda Lovelace había cosechado por más de una década. De hecho, al menos en mi caso, la desafortunada intromisión de mamá Fonseca no solamente cayó como balde de agua fría sobre mi natural curiosidad adolescente sino que con el tiempo se convirtió en maldición bíblica, pues jamás tuve ocasión de cruzarme de nueva cuenta con esa cinta porno clasificada como revolucionaria del género, algo así como La guerra de las galaxias -sobre todo por su inesperado potencial comercial- de los blockbusters de la etiqueta tres equis.

Para mi desgracia la cosa no quedó allí, pues casi dos décadas después del inolvidable cortón que las inquietudes hormonales de Fonseca y un servidor padecimos, varias pantallas -al menos las que presumen estar exclusivamente dedicadas al "cine de arte"- anunciaron la proyección del afamado documental Inside deep throat, mismo que me fue recomendado hasta el cansancio por amigos en cuyo juicio creo a ciegas pero que sin embargo, por una razón u otra, nunca tuve oportunidad de ver. Hasta donde sé, en él básicamente queda se muestra el brutal impacto social y cultural que esta película tuvo en Estados Unidos, en donde lo moral y lo amoral suelen esculpirse con bronce idéntico y a ratos convertirse en la misma cosa. 

En sí, creo que fue precisamente a partir de este documental, en mi caso muy leído pero jamás visto, que me llamó la atención ver que Lovelace -cinta que, ya he dicho, aparece en mi futuro pero de alguna manera se ubica en mi pasado- será una de las películas que tendrán su premiere internacional en la próxima Berlinale. De hecho es la película sobre la que hasta el momento guardo mayores expectativas. Ello no tiene que ver con que los cumplidores Rob Epstein y Jeffrey Friedman (Howl) sean los directores o con que la hermosa -a mí al menos me da un escalofrío de casa a oscuras cada que me la cruzo en alguna revista- Amanda Seyfried sea la encargada de encarnar a Lovelace. Ni tampoco tiene que ver con el morbo que me provoca el saber que la también guapa Milan Akerman interpretará a Lovelace en otro filme que se prepara acerca de ella, igualmente a estrenarse en 2013 y que lleva un título bastante más catastrofista: Inferno: a Linda Lovelace story, como si se tratara de una asesina en serie y no de una profesional de la satisfacción oral. Es sólo que no puedo quitarme de la cabeza la idea de que ese pasado, ese presente y ese futuro (este último cedido, como he dicho, gracias a que al mundo decidió no terminarse) son todo conceptos revueltos de repente, y en su revultura, en su vorágine, me es imposible ubicar el momento en el que la Lovelace actriz porno me pareció de pronto un personaje interesante, absolutamente literario, digno más de una novela de un escritor estadounidense a lo John Fante que arrancado de la vida real. Sería, quizá, a partir de sus contradicciones -con el tiempo se convirtió en férrea opositora de la industria pornográfica-, de imaginármela como devota madre, de pensarla toda jodida agonizando una muerte dolorosa.

O quizá simplemente, en este pasado, presente y futuro que se cruzan, ocurrió que de repente me hice viejo. 

 

 

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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