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Berlinale 63: Día Uno

COLUMNA Kino central

Por: Carlos Jesús González

07 / 02 / 2013

Berlinale 63: Día Uno

Crónica del Primer Día de la edición 63 de la Berlinale

A partir de hoy haré hasta lo imposible por escribir una pequeña crónica de lo que mire y escuche en la edición número 63 de la Berlinale. Mi propósito es no fallar, dar parte de lo que suceda en cada jornada aunque vuelva a casa deshecho, a horas poco decentes o borracho (las fiestas abundan). 

Hoy, si se quiere ver así, apenas se empezaron a calentar los motores. ¡Y vaya forma de hacerlo! Fuera de competencia, pero acaparando una atención que pocas veces he visto en las cintas encargadas de abrir el Festival en ocasiones pasadas, se exhibió The grandmaster, esperadísimo filme de Wong Kar-wai, ese director hongkongués que goza de legiones de incondicionales y a quien yo en lo personal admiro considerablemente. Al menos a ratos. Por fortuna, Kar-wai no me parece de esos hacedores de cine a los que amas u odias. A su cine se le puede querer a medias o, más que eso, odiar o amar según tal o cual secuencia de tal o cual película. Eso al menos me sucede con 2046 y My blueberry nights. De Deseando amar no digo nada, para mí es su obra maestra y posee uno de los finales que más me han conmovido en mi ya no tan corta vida, un final que habla por sí solo y que no me he atrevido a mirar de nuevo porque sé que me va a conectar con esa sensación de desasosiego que sentí cuando lo miré en el cine y cuyos restos seguí rumiando a lo largo de varias semanas. 

The Grandmaster ciertamente no tiene mucho que ver con esta película aunque en ella repitan dos de sus actores fetiches: el gran Tony Leung y la, ay, bellísima Ziyi Zhang. Tampoco es, como siempre he pensado de Deseando amar, un filme que le habría gustado rodar a Antonioni aunque mantiene esa línea poética propia del cine mediterráneo de los cincuenta y sesenta. Persiste, pues, el amor imposible o reconfortado apenas a medias pero los espacios o pausas narrativos no son llenados con reuniones en cafés y bares saturados de humo sino con coreografías de kung-fu que se acercan más a Matrix que a las orquestadas por Yimou Zhang (Héroe). Todo sea por ornamentar con toda la épica posible este peculiar biopic de Yip Man, hombre que saldría para siempre del anonimato -al menos a nivel internacional- no tanto por sus dotes de maestro, que fueron varias e inconstestables, sino por haber tenido entre sus alumnos a Lee Jun-fan, mejor conocido como Bruce Lee.

En cualquier caso, se trata de una cinta disfrutable y que no hay que perderse. De hecho no me sorprendería que luego de esta película, nuevas generaciones de cinéfilos pasen a engrosar la lista de fanáticos del cineasta honkongués. Ciertamente se lo merece.

Mañana más... 

(La foto, por cierto, no es mía).

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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