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Siguiendo a The Following

COLUMNA Ciudadano Rosebud

Por: Carlos Jesús González

12 / 04 / 2013

Siguiendo a The Following

Comentarios sobre una de las series más llamativas de la televisión

Lo primero: Finalmente, y después de meditarlo, decidí hacerme una cuenta en Twitter. Así que todos aquellos familiarizados con la web del pajarito azul están invitados a seguirme en: @CjChuy

Lo segundo: He de confesar que hace mucho no experimentaba el desosiego que The Following deja incrustado en mi alma cada vez que termino de ver uno de sus capítulos. Creo que incluso después de mirarme los primeros cuatro o cinco terminaba con ganas de beberme un whiski derecho para tranquilizarme. Los escritores de esta serie, protagonizaba por el infalible Kevin Bacon y James Purefoy, en el papel de un malo-malísimo, no tuvieron empachos en la tarea de dejar al espectador sin un respiro y creo que en ello radica uno de los principales aciertos de la misma. 

Hay, por supuesto, erroes y no pocos cabos quedan inexplicablemente sueltos. De entrada, a ratos me parece que todas las instituciones policíacas de Estados Unidos estarían en el derecho de manifestar su indignación por la manera en que son dibujadas: nunca están donde deben; rara vez impiden un crimen; sus integrantes son más bien ingenuos y tontorrones -incluso los pertenecientes a cuerpos de elite, como la SWAT- y, en resumen, da la impresión de que no siven para nada. Todos menos, obviamente, Bacon (o, más bien, Ryan Hardy) y sus compañeros (aunque también toman de común decisiones bastante desatinadas). Por el lado contrario, Purefoy (Joe Carroll) y los miembros de su culto son toda sagacidad y prestancia: no importa cuántos representantes de la ley custodien a tal persona o busquen con todos los medios posibles a tal otra: los malosos serán capaces, en todo momento, de eliminarlos o de adelantarse en la pesquisas.

Dejando de lado estas cuestiones, que a ratos pueden resultar un tanto desesperantes, y haciendo también caso omiso a que la inspiración principal de la secta de Carroll sea la figura de Edgar Allan Poe -sería más convincente el que su misticismo surgiera de personajes emparentados con el satanismo, como Aleister Crowley o incluso Szandor LaVey, que de un escritor alcohólico más ligado a una melancolía incurable que al Mal-, considero que la serie funciona. Ello se debe, por sobre todas las cosas, al duelo mental -y espiritual- fincado entre Hary y Carroll, cada vez más cercano al heredado por Hannibal Lecter y Clarice Sterling -para comprobarlo, basta con ver el capítulo "The Curse"-, por no dejar de mencionar la idea invisible que queda colgando en el aire al cierre de cada capítulo: ¿sería de verdad posible la concepción de una especie de culto a lo Charles Manson pero que además aprovecha los recursos provistos por la revolución informática?

¿Lo sería?

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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