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10 Leyendas urbanas de Hollywood

Por: Luis Miguel Cruz

31 / 10 / 2013
9/10

La maldición de La profecía

Muchos consideran que La profecía estaba destinada a cargar con una fuerte maldición desde el arranque de su rodaje, principalmente por los temas que la historia manejaba. Primero tenemos los aviones: las respectivas aeronaves utilizadas por Gregory Peck y el productor Harvey Bernhard fueron golpeadas por rayos. Por su parte, la producción rentó un avión para realizar tomas aéreas, pero la nave fue cambiada de último minuto: el nuevo avión funcionó sin ningún problema, pero la vieja nave sufrió un aparatoso accidente al momento de despegar, el cual terminó con la vida de todos los pasajeros.

Las coincidencias continuarían con el resto de la filmación: un restaurante en el que Peck y Neufeld cenarían fue bombardeado por el IRA, el hotel en el que se hospedaba el productor sería atacado por el mismo grupo; un encargado de trabajar con animales fue devorado por leones y un stunt que realizaría un enorme salto en una secuencia fue "empujado" antes de tiempo por una fuerza desconocida.

Finalmente no podemos olvidarnos de John Richardson, artista de efectos visuales encargado de diseñar algunas de las muertes más emblemáticas de la cinta, incluyendo la famosa decapitación de Robert Thorn (Gregory Peck). Dos meses después del estreno de La profecía, Richardson viajaba por la carretera acompañado de su esposa, pero ambos fueron interrumpidos por un violento accidente ocurrido a 66.6 km. de la ciudad holandesa de Ommen: Richardson logró salvar la vida, pero su acompañante moriría decapitada.

¿Falso o verdadero?
A pesar de la popularidad de esta maldición, muchos aseguran que los accidentes relatados no son tan extraños como muchos pensarían: estudios revelan que al menos un vuelo es golpeado al año por un rayo y que es poco común que la aeronave sea derribada por el impacto. Por su parte, el IRA realizó numerosos atentados durante los 70's, por lo que sus ataques no son más que una simple coincidencia. Finalmente las estadísticas revelan que los entrenadores de animales –especialmente los violentos– sufren accidentes con frecuencia.

Sin embargo el accidente de Richardson es verdaderamente difícil de explicar, ya que se trata de una coincidencia espeluznante por la que muchos piensan que la maldición sí existe.

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