La batalla del año
Cuenta con secuencias de baile aceptables, pero apenas dejará satisfechos a los fans del género.
El B-boying, mejor conocido como breakdancing, fue el fenómeno de baile que agarró a las calles de Nueva York por sorpresa durante la década de los 70. Esta fusión de la acrobacia, la música y las artes marciales dio vida al hip hop, se propagó rápidamente y encendió las famosas “batallas”, en las que se siguen batiendo año con año bailarines de todo el mundo.
En La Batalla del año (Battle of the Year), el director Benson Lee explora nuevamente este universo de danza urbana, en un intento por trasladar a la ficción el espíritu de su aclamado documental Planet B-Boy (2007). Sin embargo, aunque cuenta con secuencias de coreografía disfrutables, la película adolece de aquello que suele ser común dentro de este género: un argumento débil, que sirve de mero marco a los números de baile acrobático.
Protagonizada por Josh Holloway (Sí, el de Lost) y Chris Brown, el filme narra las peripecias de un grupo de B-boys estadounidenses y su camino hacia el reconocimiento. Jason Blake (Holloway) es un exentrenador de basquetbol y ex B-boy que, tras perder a su esposa e hijo en un accidente de auto, acepta preparar al nuevo equipo de breakdancers que representará a E.U. en La Batalla del año. Así, el entrenamiento se mezcla con los dramas individuales y las rivalidades de los integrantes, entre quienes destacan Rooster (Brown) y Do Knock (Jon Cruz).
El guión cuenta con todos los elementos propios de este género, incluyendo la búsqueda de la expresión a través del movimiento, temidos adversarios (en este caso, los coreanos), coreografías sorpresivas que, por alguna razón, nunca les vimos ensayar y una competencia final que le da sentido a todo. Pero la falta de fluidez en las escenas, así como sus diálogos dramatizados que caen en el humor involuntario, impiden la empatía hacia los personajes y, por tanto, la preocupación por su triunfo.
La frescura regresa en el 3er acto con algunos chispazos de realidad– vestigios de lo que fue Planet B-Boy, cuando Lee nos transporta a lo que parece ser una cobertura en vivo de La Batalla del año, celebrada en Francia. El guión también retoma la problemática real que actualmente tiene Estados Unidos para destacar en las competencias internacionales de breakdance, a pesar de ser el país en donde se originó. Ambos vistazos a la no ficción son interesantes.
Con un argumento por demás plano, de múltiples dramas y personajes no muy bien desarrollados, La Batalla del año no tiene el ingenio de sagas como la de Un paso adelante (Step up), pero lo intenta. Sus números coreográficos son atractivos (en realidad son pocos, tomando en cuenta la duración del filme), pero la falta de sustancia fuera de éstos apenas dejará satisfechos a los que gustan de las películas de baile.