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CinePREMIERE

COLUMNA El lado obscuro de la sala

Por: Gerardo Valero

25 / 01 / 2014

"La vida misma" de Roger Ebert

En el Festival de Sundance edición 2014, se estrenó este domingo 19 el documental La vida misma (Life itself) del realizador Steve James, basada en la autobiografía del crítico de cine Roger Ebert. Los mil y pico de personas que cooperamos para la campaña pública que recabo fondos para su terminación tuvimos la oportunidad de bajar el largo metraje por Internet al mismo momento de su estreno. Es difícil saber si se llegará a proyectar en México en un futuro próximo pero, considerando que hoy por hoy existen toda una serie de medios que eventualmente permitirán verlo (DVD, televisión por cable, Internet, etc.), decidí proporcionarles una breve reseña de esta cinta que considero obligada para cualquier cinéfilo, sin importar que tan a fondo conozcan a su protagonista.

El documental inicia con escenas filmadas a fines del 2012 en las que vemos a Roger hospitalizado por una rotura en la cadera. Han pasado seis años desde que perdió la mayor parte de su mandíbula inferior y con ello la habilidad para hablar, comer y beber. La filmación es llevada a cabo por el mismo director que para estas alturas no tiene la menor idea de que a su protagonista le quedan unos cuantos meses de vida. Conforme avanza la cinta es el mismo Ebert quien narra fragmentos de su autobiografía a través de la voz prestada de un actor (increíblemente parecida a la suya). Después de ver algunos aspectos de su niñez en su ciudad natal de Urbana, Illinos, lo seguimos hacia el Chicago de los años sesenta en donde rápidamente es contratado como reportero de medio tiempo en el periódico Chicago Sun-Times, y a los pocos meses obtiene el puesto de crítico de cine. Su habilidad para platicar historias le ayuda a formar parte de una fraternidad de periodistas que asisten diariamente a los bares de la ciudad, en ambientes que se ponen progresivamente más pesados conforme avanza la noche. Poco después Roger decide dejar de beber, motivado en parte por un incidente en le que casi es arrollado por un autobús enfrente a uno de estos establecimientos.

Una buena parte de la cinta consiste en  entrevistas que hace el director Steve James a varios amigos de Ebert de toda la vida, así como a la viuda de Gene Siskel, su compañero crítico en la TV durante veintitantos años. El director entrevista también a realizadores que ambos ayudaron a sacar del anonimato como Rahmin Baharani,  Gregory Nava, Errol Morris. La sorpresa aquí es encontrarnos al gran maestro Martin Scorsese (productor ejecutivo del documental) al borde de las lágrimas cuando recuerda haber estado a punto de morir por una sobredosis de drogas después de la disolución de su matrimonio con Isabella Rossellini (a principios de los años ochentas), Tras tocar fondo Scorsese decide luchar para salir adelante (según sus propias palabras) gracias al apoyo que le brindaron Ebert y Siskel. Lo irónico del asunto es ver como poco después sus dos amigos despedazan El Color del dinero en su programa de televisión, algo que el director denomina como “completamente devastador”. Aún así Scorsese nunca deja de diferenciar entre estos críticos que siempre le brindaron sus opiniones tratando de ayudar, en contraste con otros que se dedican a despedazar el trabajo de los demás.

La sección más divertida de la película es sin duda la que trata la relación de Roger con Gene Siskel. La gente que mejor los conoce la denomina como “dos niños malcriados peleándose en el patio de la escuela y como “algo que ni al Dr. Frankenstein se le hubiese ocurrido crear”. La cinta muestra varios aspectos de sus primeros años juntos,  como las ocasiones en que se dedicaban a admirar  los números cambiantes de los elevadores que tenían la mala suerte de compartir con tal de no dirigirse la palabra. Posteriormente vemos secuencias tremendamente hilarantes en que las discusiones más acaloradas continúan aún cuando las cámaras han dejado de rodar  

El documental incluye algunos de sus desacuerdos más famosos como aquel por la película de Stanley Kubrick Cara de Guerra (Full Metal Jacket) pero también muestra como la relación fue evolucionado y aún cuando siempre fue contenciosa, ambos alcanzaron una gran amistad nunca declarada pero si palpable para los que los rodearon. Al final Siskel muere prematuramente, sin haberle compartido a Ebert lo que inevitablemente venía en camino. La cinta nos deja muy claras las razones por las cuales su quiímica nunca pudo ser repetida (ni siquiera por el mismo Ebert con otros críticos): ambos surgieron de periódicos rivales, durante años se dedicaron a ganarse la nota el uno al otro y lo más importante, eran "iguales" entre sí ¿Cmo pedirle a los potenciales sucesores de Siskel que tuvieran la osadía de ponersele el brinco a Ebert de buenas a primeras? .

A pesar de haber recibido todo el apoyo de los protagonistas para su realización, la cinta de James no fue llevada a cabo solamente para alabar a Ebert, ni remotamente. Durante el periodo en que la relación con Siskel pasaba por sus momentos más tensos, sus amigos recuerdan como su temperamento siempre equilibrado comienza a ser opacado por una actitud petulante y engreída. La Sra. Siskel revela incluso la ocasión en que Roger se le adelantó para ganarle un taxi cuando ella tenía ocho meses de embarazo Este un período temporal que concluye conforme la amistad entre ambos se va consolidando y Roger se casa a sus cincuenta años con Chaz, encontrando una brújula y apoyo que lo ayudará a salir adelante en momentos verdaderamente desgarradores. Varios de estas situaciones aparecen aquí. Es difícil imaginarse otra cinta reciente (ficticia o no) con escenas de impacto similar a las de ver a un hombre que en cierto momento alcanzo a pesar cerca de los 150 kgs. y que posteriormente su mirada apenas alcanza a sobresalir sobre la ventana de la camioneta que lo recoge en el hospital. Aún así  el momento más doloroso del que nos toca ver es aquel en que Ebert revela a la cámara el retorno de su cáncer, con un dictamen que le da entre 6-16 meses de vida, algo que su esposa  hubiese preferido mantener privado (como lo menciona en un momento terriblemente incómodo). A final de cuentas solamente alcanza a vivir un par de meses más.

Lo más notable de la vida misma es la increíble fortuna con la que contó el director James para poder filmar a Ebert en los últimos meses de su vida, permitiéndole esto transportar la acción desde el presente hacia épocas pasadas, en repetidas ocasiones. Así pues, James muestra de manera simultánea los útlimos días de ambos miembros del equipo Siskel / Ebert y el resultado es tremendamente emotivo. Lo más valioso de la cinta independientemente de que tanto sabías de Ebert antes de verla, al final sientes que lo has conocido de toda la vida. Habiendo leído sus memorias hace un par de años me sorprendió lo mucho que se apega el documental al libro (algo que jamás me hubiera imaginado) y me parece que James incluyó el material más relevante a pesar de haber tenido que omitir cosas tan relevantes como la relación de Roger con el sucesor de Gene Siskel (Richard Roeper), su festival anual de cine (Ebertfest), la complicada coexistencia con su propia madre, etc., pero esto es comprensible pues de lo contrario la cinta duraría 3-4 horas y habría resultado muchos menos atractiva para la gran mayoría del público. Es notable ver un documental que muestra los momentos públicos más importantes de una carrera tan importante junto con otros más sencillos pero no menos impactantes, como cuando Ebert le menciona al realizador en un correo electrónico que ya no tiene las fuerzas para responde a sus preguntas. Al final La vida misma se convierte en una historia acerca de la necesidad de dejar ir a un ser querido al que le ha llegado el momento de morir. No por nada el documental ha sido llamado el Brian's song (Compañeros) del criticismo de cine (comparándolo con la cinta de James Caan que narra la muerte de Brian Piccolo, un jugador de futbol americano de los años sesenta).

Por mi parte tengo la impresión de que Roger ya sospechaba que el final estaba cerca desde hace cierto tiempo. El último día de sus festivales de cine gustaba de invitarnos a desayunos en su condominio en los cuales buscaba sentarme cerca de el, lo que me implicaba convertirme en fotógrafo involuntario. La última vez que esto sucedió (2012) me di cuenta de que, a pesar de que no se había estado sintiendo muy bien durante varios días, de todas maneras hizo un esfuerzo para tomarse fotos con todos los amigos que le fue posible hacerlo y aunque es difícil de explicar, estas resultaron particularmente emotivas, algo distintas a las de años anteriores.

Me da mucho gusto compartirles que “La vida misma” incluye la imagen del reportaje que escribí para Cine-Premiere sobre su muerte el año pasado. Si tienen la ocasión de ver este documental por el medio que sea, les invito a que no dejen de hacerlo.

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