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¿Por qué él?

Por: Ahdlêin Løevü

18 / 12 / 2015
comedia Reviews
estrellas

¿Por qué él?

Un Choque Generacional… no tan Afortunado

Había sólo una razón desde la humilde postura de este servidor para pagar el boleto de entrada, y esa fue ver a Bryan Cranston hacerse de vuelta a la comedia; con una larga trayectoria dentro del género desde los noventas a la fecha. Una razón que se esfumó antes de llegar a media película.

De entrada puedo decir que desde el primer minuto de la misma, la cinematografía se mandó muy a la chingada y se abocaron a crear un producto mediático sin calidad de producción alguna en esa ridícula pretensión millenial. Primer mal augurio.

Ahora debíamos esperar que la historia hablara por sí misma: Presentamos a Stephanie Fleming (Zoey Deutch), una universitaria hija de una familia típica estadounidense con padre (Cranston) dueño de una imprenta y con el que tiene una relación muy cercana. Pero Stephanie oculta algo: tiene un novio.

Cuando una llamada videofónica delata la existencia de su novio, Stephanie invita a su familia, incluyendo a su Papá, Mamá (Megan Mullany) y su Hermano menor (Griffin Gluck), a pasar navidad con ella. Los lleva a casa de su novio Laird Mayhem (James Franco), quien resulta ser un magnate de los videojuegos, malhablado, impulsivo y en onda. Es la antítesis del padre.

Aquí no se trata de un choque generacional per se porque los únicos polos encontrados son el padre y el novio. Muy similar a Meet the Fockers, donde los demás miembros de la familia conviven sin problemas a excepción de la dupla ya mencionada. No es sorpresa tal parecido con Ben Stiller en la producción.
En general el reparto cumple cabalmente sus partes y tiene un personaje sustancioso pero desarrollado a medias y con muy poca profundidad, incluso en el caso de los protagónicos hay poco espacio para el crecimiento. Con todo y todo Franco, Deutch y Cranston  logran una excelente química.

Las personalidades del padre, Ned, y Laird son aparentemente opuestas: el primero es un hombre de familia, reservado y un tanto analítico. El segundo es un adolescente de treinta y tantos años brutalmente honesto, con problemas con la disciplina. Pero ambos son impulsivos y apasionados donde su punto en común resulta ser su razón de rivalidad: Steph.
Y es debido al afecto que le profesan uno y otro, en su respectiva dimensión, que ceden ante el conflicto y logran mejorar la dinámica tan caótica que se presenta durante toda la cinta. La moraleja obligada se deja ver un instante y desaparece al momento de los créditos.

Técnicamente la película peca en muchas fallas, incluso aquellas no vinculadas a la trama, pero la más vapuleante bofetada radica en los cameos. No sólo son excesivos, son infértiles, aburridos, repelentes, mal organizados y sin pizca de aporte ni a los personajes, ni a la historia ni a su tiempo en pantalla.

Quizás lo único que puedo rescatar más allá de la relación entre suegro y yerno así como la química de los actores, es el personaje de Laird. Franco es un actor muy versátil y que se ha empeñado por no ser encasillado de ninguna forma, tanto así que ha cursado por casi todos los géneros fílmicos. En el rubro de la comedia se desenvuelve con soltura y carisma sin temer al ridículo y mostrando una afinidad con su personaje en algún punto con suficiente cohesión para convencer al público.

Más allá de algunos chistes, momentos divertidos y personajes secundarios que buscan colarse en la foto, no pasa de ser una película dominguera para un rato de ocio y nada más.

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