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Cannes 2012: Franco, Reygadas y los mexicanos envidiosos

COLUMNA Viajes a la luna

Por: César Albarrán Torres

27 / 05 / 2012

Cannes 2012: Franco, Reygadas y los mexicanos envidiosos

Una de las características que más me enoja de nuestro espíritu nacional es la envidia ante el éxito de otros mexicanos. Si quieres que te critiquen, que indaguen hasta tu más mínimo movimiento, pues triunfa de alguna manera, y si es a nivel internacional, mejor. La prensa y muchos connacionales le encontrarán tres pies al gato y tratarán de minimizar tu triunfo, de justificarlo de varias maneras, de encontrar argumentos que revelen la injusticia que radica en el hecho de que a ti te vaya bien y a ellos no ("Seguro tiene conectes", "Ni es tan talentoso", "Todo mundo dice que le gusta su obra porque nadie le entiende"). Algunos aplaudirán, claro está, pero la mayoría hará coraje y guardará un rencor hacia ti, que poco a poco se colará en notas periodísticas, en abucheos, en chismes. Este fenómeno se da de manera más pronunciada en el cine.

Carlos Reygadas y Michel Franco, dos cineastas mexicanos que se salen del común denominador de lo que es un "cineasta mexicano", acaban de triunfar (¡bravo!) en el Festival de Cine de Cannes, el primero como Mejor director por Post Tenebras Lux y el segundo en el certamen Una Cierta Mirada por Después de Lucía. No he visto los filmes, pero a juzgar por lo poco que he visto y leído puedo inferir que, siendo coherentes con sus carreras como cineastas, son proyectos propositivos, aunque tal vez imperfectos (aunque, pensándolo bien, ¿existe la perfección en el arte?). Seguro hay cámaras en mano y algunas situaciones descabelladas, pero se saldrán de la norma, serán aventados. Casi casi que puedo ya leer las críticas en los medios nacionales. Puedo leer a ciertos críticos de la vieja guardia diciendo que estos dos filmes son una "jalada" y que seguro los premiaron por ser "Mexican curious". Si los ganadores hubiesen sido tailandeses, filipinos (pensemos en Brillante Mendoza) o iraníes, aplaudirían el arrojo tras la cámara y la mirada diferente con que muestran a sus culturas. Pero no, si es mexicano hay que joderlo, hay que meterle el pie, hay que encontrar los puntos débiles y regodearse en ellos.

He tenido el privilegio de conocer tanto a Franco como a Reygadas. Al primero lo conocí hace mucho, en 1999, cuando ambos cursábamos un curso de realización cinematográfica en la New York Film Academy. Vivíamos en la misma residencia de estudiantes y él comenzó el programa cuando yo estaba a punto de terminarlo, así que no trabajamos juntos. Recuerdo a un chavo de unos 19-20 años, flaco y con el pelo alocado, que hablaba con muchísima pasión sobre su corto. Se le veía preocupado pero contento. Luego me dio mucho gusto, cuando yo trabajaba en la redacción de Cine PREMIERE, comenzar a ver su cara en boletines de prensa de festivales de cortometrajes. Y luego con su primer largometraje me dije: "Carajo, qué chingón que este cuate no haya quitado el dedo del renglón como tantos otros". Porque todo mundo se siente director de cine a los 20 años, pero muy pocos tienen el arrojo de hacerlo, de echarle ganas y de experimentar y fracasar y volver a experimentar y de pronto encontrar una voz. Yo no he regresado a la dirección y no sé si volveré a hacerlo alguna vez, pero celebro y sonrío cada vez que pienso que alguien sí lo hizo, que tuvo la tenacidad y los cojones para sentarse en una silla de director y no volverse a parar. Enhorabuena, Michel, qué orgullo.

A Reygadas lo entrevisté cuando estaba por estrenar Luz silenciosa en México. Yo era un admirador de su obra, y tengo que confesar que a pesar de haber realizado decenas de entrevistas con actores y directores de Hollywood y del cine nacional, estaba un tanto nervioso. Reygadas se reveló como un tipo honesto, apasionado por su cine. No me ofreció explicaciones metafísicas de su obra ni mucho menos: como todo artista verdadero, no pretendía ofrecer respuestas, sino que en la entrevista me invitó, como en su cine, a cuestionarme los misterios de la existencia junto con él. Reygadas, lo digo con todas sus letras, es nuestro más grande cineasta. ¿Por qué? Porque se arroja como Lars Von Trier, se sale de su zona de confort, se dice "¿por qué no?" cada vez que se le ocurre acabar con un nuevo tabú, derrumbar un paradigma estético.

Felicidades Carlos, felicidades Michel.

Y recuerden: a palabras necias oídos sordos.

César Albarrán Torres

Es investigador del Programa de Culturas Digitales de la Universidad de Sydney. Es el editor fundador de cinepremiere.com.mx y escribe sobre cine, televisión y tecnología en diversos medios nacionales e internacionales.

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