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Por: Clara Itzel Hernández Valladares

31 / 12 / 1969
entrevista

Carlos Cuarón

Platicamos en excusiva con el director de Rudo y Cursi, y sí, habló de fútbol.

Por Antonio Camarillo

Hay un aforismo que dice que para que una historia sea genuinamente universal siempre tiene que ser muy personal... ¿Será el caso de Rudo y cursi, el debut de Carlos Cuarón tras la cámara?

Yo quiero pensar que tú eres aficionado al fútbol.
Sí. Sí, digo… Me balconeo un poco, ¿no?

Pero no es un obstáculo para que entendiera y apreciara la película. Ni siquiera se ven las jugadas espectaculares…
No, no, no hay. O sea, si tú quieres ver una película donde haya jugadas de fútbol, pues no sé, vete a ver una de ese tipo, donde sí las haya. Acá, yo desde muy temprano tomé la decisión, formal, de no mostrar el fútbol más que en momentos muy específicos, muy cúspide, que son finalmente los penales. Me parece que el penal es lo único verdaderamente dramatizable del fútbol; es un duelo del tipo Viejo Oeste, está filmado así también. Es un enfrentamiento a balazos, donde está el destino y la vida de por medio y por eso es el único momento dramatizable. Rudo y Cursi es como un antisports movie, ¿no? Las sports movies que más funcionan son con otros deportes, como el béisbol, el americano o el box. Todos tienen pausas. Y en las pausas hay cambios, hay estrategias, hay apuestas. Tener las bases llenas, tres bolas, dos strikes, noveno inning, es parecido a tener la condición... al boxeador que se está cayendo y se levanta, a la jugada sacada de la manga en el americano. Eso no lo hay en el soccer porque no hay pausa, no para. Y en el momento en que para, es durante el penal. Es el momento donde se encuentran dos seres, y donde se vuelve dramático. Donde se vuelve un duelo, realmente.

Un duelo al que le ponemos reglas.
¡Exacto! Y a hacerlo de una manera simbólica, en el box, en algún momento imagino sí era a muerte, pero evoluciona, hay knock outs y puntos. Y es con todos los juegos, y aún el de las apuestas, que es un ingrediente más que nace cuando existe la competencia, ¿no? Que tiene que ver obviamente con adrenalina, pero es el afán del riesgo del ser  humano, el arriesgar todo, y de esa manera funciona. Y sí, finalmente la vida es un juego, y el juego es la vida; es realmente así, nomás nos la tomamos demasiado en serio.

El personaje de Batuta (Guillermo Francella) se me antoja un personaje mefistofélico: de pronto llega en este coche rojo, a hacer el trabajo del Diablo, a tentarlos...
Sí. Batuta encarna varios arquetipos, uno de ellos podría ser el del Diablo mefistofélico, el que efectivamente compra las almas a cambio de los favores, que es básicamente lo que hace con ellos...

Sí, porque aparte se les voltea, ¿no?
Pues se les voltea porque finalmente es un tipo totalmente egoísta; desde el principio, lo único que le interesa es él mismo, no se lleva a Tato (Gael García Bernal) porque le caiga bien, le ve ahí el signo de pesos, es obvio. Y no se trae al hermano porque Tato lo está chingue y chingue; lo trae porque vio una vacante y dijo aquí va otra lana. Es un tipo totalmente utilitario. Pero otro arquetipo muy fuerte de Batuta es el del padre sustituto. Si ves esto como un drama familiar, que finalmente lo es, hay una madre muy fuerte, muy manipuladora, muy madre soltera a la mexicana, que cuando tiene al macho se subyuga a él, pero cuando se le va entonces es la peor mierda del universo. Éstos que no tienen padre, y que han crecido con una multiplicidad de padres, Batuta se vuelve el papá, ¿no? Y en ese sentido ellos se vuelven también los hijos de Batuta. Y que los ayuda de esa manera.

Entonces, hay un afán todo el tiempo en Rudo y Cursi de que las cosas no sean o blancas o negras. Por eso siempre hay una dualidad, y buscando un balance entre opuestos. En el caso de Batuta, tiene mucho que ver esta cuestión demoníaca, mefistofélica y la paternidad. Que no son opuestos, y tampoco son complementarios. Al igual que Rudo y Cursi, no son opuestos ni verdaderamente complementarios.

La sombra de Y tu mamá también, ¿de qué manera te estorba o te ayuda?
Yo no diría la sombra de Y tu mamá también, yo diría la luz de Y tu mamá también. La luz nunca estorba, eso lo dice todo.

Finalmente, ¿cómo ves tu aportación a la construcción de un cine más genuino, que se pueda llamar “mexicano”?
Mira, no estoy mucho en la onda del cine con adjetivos. Yo creo que el cine es cine; el cine mexicano tiene que ver con una cuestión legal de pasaportes. Y yo lo que creo (el cine en general, no sólo el cine en México o mexicano) que vale la pena, es el cine que tiene una visión personal. Y ése es el cine que me interesa hacer y de alguna manera eso es lo que yo puedo aportar al cine y al mundo en general, en México. El cine digamos formulaico y preestructurado no me llama la atención. Ya se ha hecho mucho, se seguirá haciendo porque es normal, y vende, lo que vende, y hasta ahí. Y en eso creo. No creo ni en el cine de autor (me parece una invención francesa) ni en la fórmula, creo en la expresión personal. El cine es un medio de expresión, y por lo tanto, creo en al expresión personal.
 

Autor

Clara Itzel Hernández Valladares

Clara Itzel es una comunicóloga junkie de los animales, TV, cine, libros, tatuajes, pop culture, té & café. La pueden seguir en instagram (@MissClaraItzel) y leer en ElMoodRandom.com

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