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Charles Bukowski en el cine

COLUMNA Kino central

Por: Carlos Jesús González

14 / 09 / 2011

Charles Bukowski en el cine

Empezaré confesando que no he visto todas las películas que citaré. Miré, sí, Barfly y no una sino tres veces, y la primera vez que la vi ni siquiera sabía quién demonios era Charles Bukowski.

Bukowski, en realidad, llegó a mi vida después, en tiempos universitarios, cuando pensaba que todo el mundo era una mierda y lo único que podía salvarme eran la literatura y el cine y quizá alguna mujer. O dos. Leyéndolo me tranquilizaba. Me hacía bien saber que la misantropía incluso podía convertirse en arte, que odiar a todos, empezando por uno mismo, guardaba en lo más profundo de la acción cierto sentido. Después crecí y dejé de leer a Bukowski y el mundo se transformó a mis ojos en un sitio al menos tolerable. Si bien, el viejo Charles siempre ocupará una parte de mi corazón, aunque más bien sería de mis entrañas, porque al tipo lo cursi no le iba para nada. A decir verdad, creo que a Bukowski lo llevo más bien en el hígado, que es donde seguro preferiría estar, recibiendo cada trago de cerveza o de whisky que me llevo a la boca y aguantándose las rabietas que todavía tengo de cuando en cuando. ¡Salud, pues!

Ah, ya estaba olvidando lo que quería decir entre tanto traer recuerdos de vuelta: Hay que ver las películas de Bukowski aunque, si nos regimos a la verdad, las cintas no las protagoniza éste sino su personaje literario, Henry Chinaski, que no es otro que él mismo escupido sobre el papel. En cualquier caso, no deja de llamarme la atención que un tipo al que un caso de acné juvenil de gravedad clínica y el excesivo consumo de alcohol que fomentó desde la adolescencia dejaron un rostro roto, como de alguien que diariamente tuviese que luchar contra una decena de gatas en celo, se hubiese empotrado cinematográficamente en las estéticas caras de Ben Gazzara (Ordinaria locura), Matt Dillon (Factótum) y, sobre todo, Mickey Rourke (Barfly) en la época en la que éste todavía era bello y lozano, previo a que en la vida real le diese por jugar, ay, a ser Bukowski o, digamos, una suerte de Bukowski boxeador.  

En fin. Hay que ver esas tres películas de Bukowski pero sobre todo, y esto lo digo antes de ir a buscar las dos que me faltan, hay que leerlo. Leerlo y releerlo y dejar que su pesimismo nos envuelva un jueves por la noche, en los momentos en los que lo mejor, o siquiera lo menos dañino alrededor nuestro son un simple jaibol y un manojo de cacahuates manoseados sobre la barra en que descansan nuestros codos, allí donde también reposa, si lo dejamos, un pedazo de nuestra miseria.

Aquí un fragmento de Ordinaria locura (1981), de Marco Ferreri:

Y el trailer de Barfly (1987), de Barbet Schroeder, que me sigue pareciendo una maravilla (en España le titularon, si no me equivoco, El borracho):

Y aquí está Matt Dillon como Chinaski en Factótum. Por su elenco me parece una cinta que promete y además agradezco el que aparentemente en ella a Bukowski-Chinaski se le vea en su actividad habitual, que era el escribir:

Y, por no dejar, aquí al mismo Bukowski en una suerte de documental del documental que Schroeder aparentemente rodó a la par que Barflly y del que no sé absolutamente nada:

¿Quién ha visto estás películas?; ¿Alguien tiene a un autor maldito favorito que quisiera ver en la pantalla grande? Bueno, en realidad tampoco tiene que ser tan maldito. 

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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