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Clase Maestra de Frederick Wiseman

COLUMNA LaMadrePatria

Por: Jaime Iglesias

06 / 05 / 2009

Clase Maestra de Frederick Wiseman

Cuando acudo al Festival de San Sebastián, siempre que mis obligaciones profesionales no me lo exigen (esto es cuando no estoy obligado a ver la película en cuestión en un pase para medios para poder entrevistar a sus responsables al día siguiente) siempre prefiero ver los títulos programados en sesiones abiertas al público en lugar de hacerlo rodeado por mis colegas de profesión.

No es que les tenga asco a éstos, aunque muchas veces me cuesta soportar su autocomplacencia, pero los coloquios que tienen lugar después de una proyección entre el público y los responsables de una película me resultan enormemente enriquecedores amén de servirme para constatar el centro de interés que el largometraje en cuestión tiene para el pueblo llano, destinatario último de cualquier producción. No sé si mejores o peores, pero las preguntas que plantea el ciudadano de a pie a un cineasta, créanme, son más sinceras y no responden a la fastidiosa obligación de generar titulares ni de llenar con citas una crónica, misión última del periodista, sino a un interés espontáneo por el trabajo del realizador.
Todo esto viene a cuento del apasionante (y apasionado) encuentro que mantuvo ayer Frederick Wiseman con las casi 300 personas que abarrotaron a mediodía el Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes en la que prometía ser (y finalmente fue) una de las citas más estimulantes organizada este año por los responsables de Documenta Madrid, el Festival de cine documental que se celebra estos días por sexto año consecutivo en la capital de España.
Frederick Wiseman, para quienes no lo conozcan (habida cuenta de la nula difusión que alcanza el cine de no ficción aún en publicaciones especializadas como CinePremiere) es uno de los nombres de referencia en el documental norteamericano de este siglo. Sus películas están intrincadas en el discurso de la modernidad que alcanzó su cenit con el movimiento de los Nuevos Cines (allá por los años 60, década en la que Wiseman comenzó a dirigir) y se caracterizan por un estilo directo que le lleva a plasmar el funcionamiento de las instituciones de su país con la precisión de aquél que aparentemente opta por situarse al margen de cuanto acontece a su alrededor conformándose con mostrarlo mientras reprime sus emociones y opiniones.
Todo lo contrario que un Michael Moore, para entendernos (nombre propio de la postmodernidad en el documental), Wiseman no provoca las acciones que registra, no participa de ellas, no juzga a sus personajes. Eso sí, no podía ser menos, en su toma de decisiones a la hora de ordenar el material captado a fin de organizar su discurso, prevalece su singularidad como hombre y como cineasta pero no es un director amigo de hacer trabajos de investigación previos a fin de determinar qué es lo que quiere mostrar: “voy investigando sobre la marcha, mientras ruedo, me preocupo por filmar situaciones cotidianas, nunca sabes donde puede surgir algo, por eso lo mejor es estar siempre alerta y nunca apagar la cámara dando por terminado algo porque la realidad nunca acaba” dijo ayer el cineasta.
Tampoco es partidario Frderick Wiseman de organizar la filmación atendiendo a una estructura dramática: “la estructura dramática se la doy a la película en la edición. Tardo casi un año en editare mis películas, voy visionando todas las secuencias grabadas y las califico de 0 a 10 a fin de tener siempre presentes las que me parecen más interesantes”.
Wiseman que se encarga del sonido en todos sus largometrajes y con la pértiga del micrófono va indicando las posiciones a su cámara está convencido de que la gente no actúa de un modo “especial” por tener una cámara delante: “yo creo que la cámara no cambia el comportamiento de las personas cuando las filmas” comentó tras impartir magisterio a los asistentes con unas imágenes de su famoso documental Law & order en el que se puede ver a un policía de Kansas inmovilizando violentamente por el cuello a una prostituta tras haberla detenido: “Él asumió correcto ese proceder y si obró así es porque, equivocadamente o no, creía que debía actuar así, prueba de que la presencia de la cámara no le influyó para comportarse fuera de lo habitual en él”.
El corpus  de su obra, consagrada a ilustrar temas como la vida en los institutos de secundaria, el trabajo policial, la política de los centros de servicios sociales, el trabajo de los profesionales del ballet o el de los profesionales médicos en el Hospital de una gran urbe le llevan a pensar al cineasta que todos sus documentales conforman una suerte de película muy larga, de unas 90 horas, sobre la América contemporánea.
“La gente se deja grabar porque en el fondo eso satisface su narcisismo, obviamente yo no engaño a nadie y ellos saben que están siendo grabados, no me gusta provocar ni intervenir en ciertas situaciones por eso prescindo de dirigirme a la gente para que actúe de una determinada manera, eso no me interesa. Ni siquiera les digo que no miren a cámara, eso es lo peor que se puede hacer porque basta que lo comentes para que la gente se sienta intranquila”.
Una verdadera Clase Maestra de casi tres horas en las que los presentes pudimos asumir los métodos de trabajo de uno de los grandes documentalistas contemporáneos al que Filmoteca Española dedicará un ciclo hasta final de mes programando sus últimas obras. Un regalo que hemos de agradecer, asimismo, a los responsables de DocumentaMadrid por poner al alcance de la gente el magisterio de una figura imprescindible para entender el devenir del cine de no ficción en los últimos 40 años. Thank You Mr. Wiseman!

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