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Clint Eastwood arrasa a los Watchmen en la taquilla española

COLUMNA LaMadrePatria

Por: Jaime Iglesias

16 / 03 / 2009

Clint Eastwood arrasa a los Watchmen en la taquilla española

Aún hay motivos para la esperanza. En la vorágine de una crisis que nos mantiene esquilmados, el espectador maduro, ese grupo de edad indefinido que podemos ubicar entre los 30 y los 50 años, ha tomado por asalto las salas de cine en España, pues el Séptimo Arte (o lo que queda de él) continúa siendo la opción de ocio más barata, pese a los más de 7 € a los que cotiza el boleto.

 
Ese espectro de población compuesto por hombres y mujeres con cargas familiares había abandonado el hábito de acudir al cine pues en la racionalización de su (escaso) tiempo de ocio, primaban las cenas y las copas con viejos amigos que dejaron de frecuentarse por obligaciones de todo tipo. Sin embargo al precio que se ha puesto el cubierto en el restaurante más naco, es normal que este segmento de la población haya recuperado el ocio de su juventud.
 
Esta gente más formada, con un gusto más cultivado y más exigente en la oferta cinematográfica ha obrado el milagro de aupar a una “pequeña gran película” como es Gran Torino al número 1 de la taquilla española justo el mismo fin de semana en el que irrumpía en las salas ibéricas el fenómeno Watchmen previsible megahit que hubo de conformarse con el tercer lugar en cuanto a preferencias de los espectadores. El hecho de que la segunda posición la ocupe un largometraje como Más allá de los sueños, fantasía infantil producida por Disney con el protagonismo de Adam Sandler, ilustra también de manera precisa las preferencias de este segmento de población a la hora de buscar en los cines una alternativa para el ocio familiar.
 
Lo llamativo del asunto es la poca confianza que la Warner, distribuidora de Gran Torino tenía en el film. Anunciado en un principio para ser estrenado el 20 de febrero, el quedarse fuera de las nominaciones al Oscar pospuso su estreno dos semanas, lo que habla de la escasa fe de los actuales dueños del negocio hacia un valor seguro como es Clint Eastwood. Cierto es que la nueva generación de espectadores inmersos como se hallan en una adolescencia tan prolongada que les dura hasta los veintimuchos, y les mantiene embobados en la contemplación de toda clase de fuegos de artificio, no tienen a bien valorar la maestría narrativa de Clint Eastwood. Claudicantes ante esa máxima que atribuyen a George Lucas que tanto daño ha hecho al cine y que reza: “Denme planos y no secuencias”, cualquier asomo de clasicismo es despreciado como antigualla.
 
Han tenido que tomar las salas de nuevo aquellos que crecieron al calor de las películas de Don Siegel, Sergio Leone, Sam Peckimpah y auparon en sus preferencias cinéfilas el gesto adusto de Eastwood para que esa maravillosa elegía sobre la virilidad de su “personaje” cinematográfico titulada Gran Torino reciba sentidas muestras de entusiasmo, aplausos y reconocimientos por doquier y un ruego cada vez más extendido entre la cinefilia militante: “No se muera nunca Mr. Eastwood, el cine le necesita”.
 
El hecho de batir en taquilla a un fenómeno como Watchmen, imprescindible para quienes asumen la naturaleza mercantilista del cine, demuestra que el arte es un buen negocio y que deja réditos superiores a los que procuran la artesanía o la simple quincalla.

 

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