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¿Cuál es vuestro documental favorito?

COLUMNA LaMadrePatria

Por: Jaime Iglesias

24 / 04 / 2009

¿Cuál es vuestro documental favorito?

  

Una de las cosas que mayor satisfacción le produce al periodista es poner rostro a sus lectores. Lo malo de los procesos de comunicación de masas, es que uno tiene la sensación muchas veces de dirigirse a un ente abstracto y amorfo sin posibilidad de respuesta. De ahí el logro de los blogs, bitácora interactiva que me brinda la posibilidad de intercambiar con ustedes comentarios, pareceres y opiniones que nos enriquezcan mutuamente.
Por eso quiero aprovechar la ocasión para hacer una encuesta entre ustedes, lectores de este blog y de paso intercambiar opiniones. En fechas sucesivas y según me lata les expondré mi lista de las mejores comedias, los mejores dramas, las mejores películas de amor y los mejores filmes de aventuras. Pero hoy se trata de saber cuáles son sus documentales favoritos aprovechando la inminencia de DocumentaMadrid, el Festival Internacional de documentales que se celebrará entre el 1 y el 10 de mayo en la capital de Españ . Valen clásicos y contemporáneos. Ahí les dejo los míos y espero pronto su respuesta y opiniones al respecto:
 
1-      Berlín, sinfonía de una ciudad (1927) de Walter Ruttman: En pleno auge de las vanguardias, el alemán Ruttman orquesta este canto de amor a una urbe en plena efervescencia que creó escuela en el documental de creación de los años 20 y también en la manera de retratar la ciudad en el cine en épocas sucesivas.
 
 

 

2-      El hombre de la cámara (1929) de Dziga Vertov: La inspiración futurista de este realizador soviético y sus teorías del cine-ojo (él concebía la cámara como una prolongación de su propia mirada sobre los objetos) le llevaron a filmar este documental auto referencial que recoge la jornada de trabajo de un camarógrafo desde el amanecer hasta el anochecer en una ciudad rusa. Experimental pero poderoso.
 

 

3-      Hombres de Aran (1934) de Robert Flaherty: A Flaherty hay que reconocerle el mérito delos pioneros. Si con Nanook el esquimal (1922) sentó las bases del largometraje documental demostrando que el cine de no ficción podía ser tan interesante, entretenido y entrañable como el de ficción, su carrera posterior fue algo errática pero arrojó obras maestras como esta recreación cultural de la vida en un archipiélago irlandés que contiene secuencias verdaderamente memorables como las de la pesca en los acantilados.
 

  
4-      Olimpia (1936) de Leni Riefenstahl. La verdad es que bien podía haber seleccionado para este top ten El triunfo de la voluntad (1934) insuperable documental de propaganda a mayor gloria de Adolf Hitler rodado de manera tan formidable que el espectador termina seducido irremisiblemente ante la estética y la retórica nacionalsocialista, prueba de que para los nazis el cine era el medio de comunicación de masas por excelencia. Pero en aras de ser políticamente correcto he elegido este otro encargo que recibió la cineasta alemana del Führer con ocasión de la celebración en Berlín de los Juegos Olimpicos de 1936. Dividido en dos partes de dos horas, Olimpia es una celebración del cuerpo humano en movimiento.
 

 

5-      Let there be Light (1946) de John Huston. Con ocasión de la II Guerra Mundial muchos reputados cineastas de Hollywood fueron movilizados para filmar las batallas libradas por el ejército norteamericano. Frank Capra y John Ford rodaron en estos años series documentales realmente memorables, George Stevens captó las secuelas de la barbarie nazi mientras rodaba la liberación de los campos de concentración. John Huston hizo tres documentales de guerra: La batalla de San Pietro y Reporte desde las Aleuitianas y el que nos ocupa que, a diferencia de aquellos, fue rodado una vez acabada la contienda en un Hospital psiquiátrico. La idea de Huston era mostrar la situación de los excombatientes al borde de la locura por las secuelas psíquicas que les dejó la guerra y filmar algunas terapias de choque en su tratamiento, como el uso de la hipnosis para buscar los motivos del schok. Una verdadera joya que, a pesar de una cierta ingenuidad en el tratamiento de los problemas médicos, rezuma ternura y humanidad.
 

 

6-       Juguetes rotos (1967) de Manuel Summers. Adelantándose a la espectacularización de lo real que, actualmente, es moneda común en la retórica televisiva, el cineasta español Manuel Summers (en su momento de mayor reconocimiento crítico) abordó este retrato crepuscular de estrellas del fútbol, los toros y el espectáculo abandonados a su suerte y castigados por el tiempo una vez pasados sus años de mayor gloria. Lúcido y amargo, repleto de recursos evocativos propios del cine de ficción que, sin embargo con el paso del tiempo se incorporaron al reportaje televisivo en su disolución de fronteras entre lo real y su representación, este documental cuyo fracaso condujo a su director hacia fórmulas mas seguras comercialmente, representa, sin embargo, uno d elos grandes hitos del “nuevo cine español”.
 
7-      This is Spinal Tap (1984) de Rob Reiner. Una de las cumbres del falso documental o fakes como se les conoce en honor a la película homónima rodada por Orson Welles en 1971 y que “documentaba” la biografía de un famoso falsificador de arte. Claro está que dicho falsificador era una invención de Welles como son una invención los componentes de este grupo de heavy metal que, irónicamente, tras el éxito del largometraje, dieron sus primeros conciertos (en realidad se trataba de los actores que los interpretaban) e incluso hicieron una aparición estelar en Los simpson. Las posibilidades que brinda este formato, precedente de los actuales virales de internet, son tantas que incluso un cineasta tan reputado como Peter Jackson los usó para su obra cumbre, la poco conocida Forgotten silver (1995), que, sin embargo, revela el apabullante talento del cineasta neocelandés de un modo bastante mas exacto que su trilogía sobre la Tierra Media. 
  

 

 

8 -    The thin blue line (1988) de Errol Morris. Junto con Michael Moore, Errol Morris pasa por ser el documentalista contemporáneo más relevante. Como Moore, desprecia los rigores de la objetividad narrando en primera persona y ajustando su representación a la retórica del cine de géneros (en el caso de la película que nos ocupa, al thriller). Pero al contrario que Michael Moore, Morris, no se deja llevar por el exhibicionismo y confiere a sus documentales una plausibilidad que los emparentan con la tradición sin dejar de ser cáustico y posmoderno en su empeño documentalista. The thin blue line trata de esclarecer las circunstancias que rodearon al asesinato en 1976 de un agente de policía en Texas mientras acometía un control rutinario y lo hace generando tensión gracias a la confrontación de testimonios aparentemente contradictorios entre si, demostrando que la verdad es un valor demasiado frágil.
  

 

9-      Bowling for columbine (2002) de Michael Moore. La desvergüenza y la demagogia de este orondo entrevistador (tan necesarias en unos tiempos como los actuales donde los poderes públicos utilizan esas mismas armas para minar nuestra confianza ciudadana), llegan a su máximo apogeo en este tendencioso (y, sin embargo bastante exacto), retrato de la América profunda, ese territorio que tiene en Dios y en los rifles su única verdad y que se ve sacudido periódicamente por la tragedia de aquellos que asumen el fanatismo de dicho credo hasta extremos mas allá de lo tolerable. Desnudando las miserias de sus compatriotas y dejando que estos expongan sus propias contradicciones ante la cámara, Michael Moore se afianza como el rey de los activistas.
 

 

10-      De nens (De niños) (2004) de Joaquim Jordá. Si bien a lo largo de su trayectoria profesional este cineasta catalán dio prioridad a su labor como teórico y guionista sobre su faceta como realizador, en los últimos nueve años de su vida, a raíz de un infarto cerebral que afectó su capacidad para reconocer signos y objetos, Joaquim Jordá nos regaló una serie de documentales a cual más apasionante. De niños toma como referencia el famoso “caso Raval”, que consistió en el desmantelamiento de una red de pederastas que actuaba en el centro de Barcelona, en un de sus barrios mas marginales. Jordá graba el juicio y abre espacios para la reflexión mas incomoda procurando, incluso, la identificación del espectador con el principal acusado, no, desde luego en sus delictivas e inmorales acciones, pero sí en su indefensión ante la maquinaria del Estado cuando se sabe ya sentenciado por el juicio paralelo que ha tenido lugar en la sociedad antes de que su caso llegara a los tribunales. Perturbador, lúcido, incisivo y valiente, esta obra es de las que no dejan absolutamente indiferente a nadie.    

 

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