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De tristezas y zombis

COLUMNA Ciudadano Rosebud

Por: Carlos Jesús González

06 / 11 / 2011

De tristezas y zombis

 Para mí no existe un género (subgénero, que dirían los puristas) cinematográfico más triste que el que se halla dedicado a esos seres tan aborrecibles llamados zombis. Después de ver una película de zombis quedo de verdad completamente desolado, hecho trizas por dentro, molido por esa tristeza tan triste que es la tristeza existencial - y que es peor que la de tipo emocional, surgida, por ejemplo, a partir de una separación amorosa-. 

Hoy, por ejemplo, continúo aún dolido tras observar el primer capítulo de la segunda temporada deThe Walking Dead, cuyo brutal final me dejó con el estómago hecho un nudo. Tanto es así que todavía no sé si continuaré mirándola. Corrijo: sé que lo haré pero que optaré por hacerlo mejor de día que de noche, para que el apocalipsis contemplado no se meta en mis sueños, y después de la sesión saldré por las calles de mi barrio con un libro de poesía preciosista o, todavía mejor, con un cómic de lo más light, tal vez la colección completa de Mafalda y así, gracias a las ocurrencias de Miguelito, mi personaje favorito de entre los que Quino creó, mi agitada alma volverá a la normalidad.

¿Que a qué se debe esa angustia? Creo que al hecho de que los zombis representan el mayor grado de involución al que podría llegar el hombre. Alejados de la elegancia y crisis de eternidad que embarga al vampiro, y de la animalidad bipolar del hombre lobo, el zombi es poco menos que un parásito: toda la hermusura de un ser humano es reducida a la simpleza de un organismo al que define una sola característica: su voracidad. El zombi ni siquiera duerme. Solamente -ay, qué figura tan triste- camina entre otros como él -sin llegar nunca a socializar- por carreteras y despoblados en búsqueda de carne viva: ¿hay una figura más decadente en la cinematografía que la de un virus pestilente de un metro setenta de estatura que, después de haber contado con la posibilidad de sentir, de pensar, de conscientizar, ahora ya no es ni capaz de reconocerse a sí mismo en un espejo?

Cul de sac: callejón sin salida. Así se ha bautizado a las cintas, que no son pocas -al contrario, yo diría que han ido y seguirán en aumento-, en las que no hay remedio posible, en las que las posibilidades de supervivencia de los personajes mostrados se queda a medias o de plano no existe. Mi gran pregunta es si, como parece, en el universo de The Walking Dead tampoco hay un camino alternativo, una ruta de emrgencia, una esperanza o si, por el contrario, la fe de los últimos sobrevivientes del mundo será suficiente para redimirlo, para salvarlo. 

Mientras llega la respuesta, supongo que no me quedará otra que seguir sumando angustias, tejiendo tristezas.

¿Soy de plano un ser muy raro o hay alguien más aquí al que este tipo de documentos visuales también le rompe el alma?

 

 

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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