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Dí­a 4: El Submarino de Vinterberg

COLUMNA FestivalBerlinale

Por: Staff Cine PREMIERE

15 / 02 / 2010

Dí­a 4: El Submarino de Vinterberg

BLOG: Festival Berlinale 2010.

No cabe duda –o al menos yo no la tengo– de que de entre todo el cine clasificado como nórdico el que dice cosas más interesantes es el danés. Más allá del Dogma y otras extravagancias, hay en él una sustancia invisible, un no-se-qué que a mí me ha transformado en fanático de su forma de dibujar el universo. Fiel a sus tripas y sobre todo a su instinto, Thomas Vinterberg plasma en Submarino un mundo sórdido que de pura charla uno se imaginaría enclavado en una favela brasileña o en un cinturón de pobreza atado a la cintura de la capital mexicana, mas nunca en el corazón de una de las ciudades más desarrolladas del globo terráqueo. Después de esa obra maestra que es Festen: La Celebración, y de aquel experimento extrañísimo pero nada desdeñable llamado Dear Wendy, Vinterberg vuelve con ganas de mostrar –por fortuna, sin esa moralina barata a la que Hollywood nos ha habituado- que las soledades y las angustias son universales, que la miseria del alma se sufre por igual en todos lados. Eso: que los hijos de Thor también sufren.

Otra toma de Potsdamer Platz.

Un Aullido
Es una mesa redonda no tan grande pero James Franco parece disminuido, pequeño, vulnerable. Posee la palidez de un fantasma: o el jet-lag le está dando patadas en la columna o padece una tifoidea teutona, pero dañina como las que más, provocada por la exagerada ingesta de Currywurst. Puede ser también, porqué no decirlo, que la noche anterior salió de copas y se le pasó la mano con las cervezas de trigo. De que es inteligente no cabe duda. Eso no lo puede ocultar ni evadiendo, como lo hizo, cualquier tipo de contacto visual, como negando a los periodistas allí reunidos hasta la más pequeña posibilidad de que indaguemos en las ventanas de su alma. Mejor entonces habla de Ginsberg, poeta beat maldito que encarna en Howl, sui generis biopic que, con un poco de fe, conseguirá distribución en Latinoamérica. Y sinceramente valdría la pena, pues su actuación es realmente excelente, mención aparte del desempeño de Jon Hamm (protagonista de esa serie que todo mundo –yo, la verdad hasta apenas hace un par de semanas- ve y que se conoce como Mad Men), quien también realiza un muy buen desempeño como abogado de finales de la década de los cincuenta, época de la humanidad que, por lo visto, combina a la perfección con su rostro de cowboy citadino y womanizer. También tuve la oportunidad de charlar con los directores del filme, Rob Epstein (dos veces ganador del Oscar por mejor documental, en 1985 por The times of Harvey Milk y en 1990 por Common Threads: Stories from the Quilt) y Jeffrey Friedman, quienes coincidieron conmigo en que México fue uno de los lugares de visita más frecuentados por los beatniks: “Sí, incluso Neal Cassady murió allí, en algún lugar de tu país”, me dijo Epstein algo apesadumbrado, como si hubiese sido un viejo conocido suyo.

Empieza la REVOLUCIÓN

Y yo me voy corriendo ya para ver esta película compuesta por diez directores mexicanos (Carlos Reygadas, Gael García Bernal, Diego Luna, Rodrigo Plá, Mariana Chenillo, Fernando Eimbcke, Gerardo Naranjo, Patricia Riggen, Amat Escalante y Rodrigo García). Hasta donde se sabe vienen todos y con muchas ganas de hablar. Pero eso ya lo veremos mañana…

– Carlos Jesús González / Corresponsal Berlín

Staff Cine PREMIERE

Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.

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