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Dí­a 8 (O Cuando el Tiempo Nos Alcance)
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Staff Cine PREMIERE

Dí­a 8 (O Cuando el Tiempo Nos Alcance)

La Teta Premiada

Hoy todavía no lo sé (el tiempo en estas crónicas es tan extraño y caprichoso como en Pedro Páramo), pero cuando los créditos de La Teta Asustada aparecen en pantalla estoy seguro de que ganará algún premio. Lo huelo, lo olfateo, y no es que yo sea un ingenio ni mucho menos, es sólo que la cinta de la peruana Claudia Llosa, además de ser llevada con un buen ritmo y estar impregnada de un halo arty indiscutible, posee en su contenido esas características que por tradición la Berlinale siempre ha buscado en las películas que exhibe, y sobre todo en las que galardona: el mensaje social o político, el choque entre culturas, la globalización y sus estragos. Todo el peso de le película es llevado con encanto especial por la actriz Magaly Solier, chica con sangre indígena a quien Llosa encontró vendiendo un platillo llamado puka picante en los alrededores de una iglesia ayacuchana. La convenció de ser actriz y la colocó como protagonista de Madeinusa (2006), su primer largometraje. Desde entonces se estableció entre ambas una colaboración virtuosa a cuyo esfuerzo se le premiará con el listón más alto: el codiciado Oso de Oro.

Pero hoy, repito, eso todavía no lo sé. Aunque respiro las feromonas de la posibilidad entre los huecos de aire.

Aquí el trailer:

My One and Only

Del actor George Hamilton conozco muy poco, casi nada. Acaso que siempre está bronceado y es quien la hace de consiglieri de Michael Corleone en El Padrino, tercera parte. Su vida, sin embargo, llevada ahora a la pantalla grande por Richard Loncraine, se me ha antojado bastante llamativa. El nombre de la cinta es My One and Only y su peso es llevado en su mayor parte por el jovencísimo actor Logan Lerman, quien interpreta a un Hamilton adolescente y locuaz pero también poseedor de una inteligencia sobresaliente. La otra parte de la película es llevada muy dignamente por una Renée Zellweger que me pareció sumamente interesante desde donde la vi, a varios periodistas y cuatro filas de distancia. No registré en ella signo alguno de locura (hay un rumor bastante raro y que no tengo bien definido al respecto) y su rostro, aunque innegablemente dotado de pincelazos hamsteriles, me pareció sumamente armónico, incluso atractivo. Lástima que Kevin Bacon, cuyo rol ofrece un adecuado contrapunto en el filme, no estuvo presente. Me parece uno de los actores más arriesgados de su generación. Lo que en el fondo le gustaría ser a Tom Cruise pero nunca va a poder.

Por lo demás la cinta, y aunque quisiera desearle lo contrario, creo que tendrá poco futuro en las carteleras. Ojalá y se salve de ser presentada solamente en televisión, o lo que es peor, de aquel temidísimo straight-to-DVD.

Querer y No Poder

Admiro y respeto profundamente a Theo Angelopoulos pero esta cinta suya, The Dust of Time, me ha parecido el más pretencioso de sus filmes. Percibo en él un inevadible querer y no poder, pasos marcados a la mitad del camino de cemento. Es una pena pero incluso las actuaciones de Willem Dafoe y Bruno Ganz se perciben artificiosas en esta extraña alegoría de la guerra y la memoria. El manejo de los tiempos, por razones que sólo el director griego sabe, es llevado de manera teatral y sumamente caprichosa, indiscutiblemente más que en este blog y sin duda de forma más confusa que como puede apreciarse en Pedro Páramo. Lástima.

El Récord

Estoy muerto pero decido no perderme Lawrence de Arabia, filme que será presentado en película de 70 mm. Serán cuatro horas pero me he preparado minuciosamente para la experiencia: he comido y bebido bien. Mucho café y mucho de ese viento helado berlinés que provoca cualquier cosa menos somnolencia. Lo que no me esperaba era el evento previo a la función en el cine International. Alguien dice el nombre de la personalidad que será homenajeada y yo no me lo puedo creer. Hasta que lo veo. Hasta que Maurice Jarre es empujado en silla de ruedas a la parte posterior de la sala. Después de las emotivas palabras de un colaborador suyo, Jarre recibe un oso de oro que se lleva al regazo y acaricia como si fuera de peluche. Su trayectoria como compositor de música para películas bien merecería un oso de diamante, pienso, mientras recuerdo melodías inconfundibles: Dr. Zhivago, Lawrence de Arabia, La Sociedad de los Poetas Muertos... Todos reímos y aplaudimos de pie, una y otra vez. El Maestro se levanta de su silla y hace pequeñas reverencias, casi imperceptibles, para luego sentarse de nuevo y repetir después la acción tres, cuatro veces. Cuando a bordo de su silla pasa junto a mí le veo por fin de cerca. En sus ojos claros y azules no atestiguo el peso de los años sino uno bastante más profundo: el del cine, el de la historia... todo el peso del maldito cine en esa mirada nublada por las cataratas y el tiempo.

Salgo a la calle y apenas soy humano. Uno que se siente roto y quebrado, con ojos rojos de marihuano y las caderas adoloridas. Pero todavía tengo cabeza para contar y así darme cuenta de que nunca en mi vida he estado tanto tiempo frente a una pantalla en un solo día. El número mágico e inolvidable: once horas y media.

Hoy ya no es hoy pero fue hoy. El mañana me alcanzó. Siquiera fue en voz de un gran amigo y colega. Aquí pues la lista de los ganadores del festival, contado de manera inmejorable por César Albarrán: http://www.premiere.com.mx/node/2902

Pero este hoy todavía es hoy, así que aún faltan dos días que serán mañana y que son ayer.

 

Las observaciones de esta columna son exclusivas del autor y no necesariamente reflejan la opinión oficial de Cine PREMIERE

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