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CRÍTICAS Cine

El contador

Calificación Cine PREMIERE: 2
Calificación usuarios: 3
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01-11-2016

The Accountant es una cinta de acción que, aunque tiene un protagonista tan rudo como Jason Bourne, nunca alcanza el nivel de adrenalina de lo mejor del género.

  • Título original: The Accountant
  • Año: 2016
  • Director: Gavin O'Connor (Jane Got a Gun)
  • Actores: Ben Affleck, Anna Kendrick, J.K. Simmons
  • Fecha de estreno: 4 de noviembre de 2016

El personaje principal de El contador parece un superhéroe. No sólo es impecablemente bueno para hacer cálculos mentales por sofisticados que sean, habilidad que luego de haber aprendido algunos trucos en prisión le permite convertirse en contador de mafiosos que quieren lavar su dinero malhabido, sino que es impecablemente bueno para agarrar a golpes a quien sea y para disparar con una precisión que hasta el Ojo de Halcón le envidiaría. Esa impecabilidad deriva de un férreo entrenamiento al que lo sometió su padre militar siendo niño, cuando era víctima de bullying debido a su condición autista (“Eres diferente”, le decía. Tarde o temprano, las diferencias asustan a la gente”), que incluía entrenamientos con especialistas orientales en artes marciales y otra clase de especialistas en todo el mundo.

Este trastorno del desarrollo, que el personaje padece a niveles críticos en su infancia según se aprecia al principio cuando su frustración por no poder concluir un rompecabezas llega a niveles alarmantes, es canalizado en su adultez con una superdesarrollada concentración para potenciar sus habilidades físicas y mentales. Aunque sigue siendo incapaz de socializar normalmente, puede desenvolverse en sociedad a pesar de que la frustración por no concluir una tarea empezada continúa afectándole al punto de no poder contener su ira.

Dirigida por Gavin O’Connor, cuya filmografía incluye Código de familia (2008), esta cinta de acción escrita por Will Dubuque (El juez, 2014) une un cliché tras otro saturada de inverosimilitud. No es por la cuestión del autismo, que el director y su guionista abordan como una cualidad digna de agentes especiales o superhéroes, sino por las situaciones que se suceden a lo largo de la trama, en la forma de “sorpresivas” vueltas de tuerca, que tienen su punto culminante en ese encuentro final filial y en el descubrimiento de la identidad de la voz que todo el tiempo ayuda a Christian Wolff, el contador interpretado por un Ben Affleck que pensó que seguía haciendo al impasible Bruce Wayne. Llega un punto en que la pregunta obligada es… ¿de veras?

Aunque O’Connor logra escenas de acción bastante bien coreografiadas y hace del personaje de Affleck una máquina de precisión que podría ponerse en un mano a mano de pronóstico reservado con Jason Bourne, no sale bien librado cuando uno piensa en la película como un conjunto. De entrada, satura la cinta con flashbacks sobre el entrenamiento de Christian que, lejos de aportar (el primero ya era ilustrativo y suficiente), se vuelven cansinos por reiterativos. 

Y juega con cinco hilos conductores, algunos más débiles que los otros. Por un lado, tenemos el encargo que tiene Christian como contador: revisar los libros de la compañía de desarrollo tecnológico Living Robotics que preside Lamar Black (John Lithgow, en el papel de villano en el que uno piensa nomás al verlo), en el que una joven contadora llamada Dana (Anna Kendrick, destacando), empleada de la propia compañía, ha encontrado irregularidades. Al mismo tiempo, un investigador del Departamento del Tesoro, Ray King (J.K. Simmons), anda tras la pista de un extraño personaje, a quien apoda “El Contador”, que lava dinero de la mafia y al que se relaciona con implacables ataques; para dar con él, enlista a la talentosa analista Marybeth Medina (Cynthia Addai-Robinson), con ocultos problemas legales.

Están, además, las dos líneas de flashbacks que explican al Christian del presente: su tormentosa infancia y las enseñanzas para lavar dinero que recibe de un viejo contador que lo acoge como protegido. Y, al mismo tiempo que Christian revisa los libros, un asesino igual de implacable que él, Brax (Jon Bernthal), sigue órdenes para lograr que la investigación contable finalmente se cancele, lo que pone como objetivos de exterminio a Dana y Christian, pues es de suponer que hay motivos sombríos para desviar los recursos de Living Robotics; incapaz de dejar algo a medias, Wolff se involucra a pesar de que la voz que lo ayuda le sugiere que no lo haga.

Aunque entretenida, la trama es indefendible en su propio universo fílmico. La búsqueda que hacen King y su recluta, por ejemplo, cada vez tiene menos sentido y menos cuando se descubre el contexto. Los flashbacks, en especial los de la prisión, pudieron haberse ahorrado en vez de haberse convertido en línea argumental. Y, bueno, lo de Brax ya es la cereza del pastel. Affleck pudo haberse servido ahora sí de su inexpresividad, pero incluso aquí no convence.

Nadie quiere acompañarlo al cine porque come palomitas hasta por los oídos e incluso remoja los dedos en el extraqueso de los nachos. Le emocionan las películas de Stallone y no puede guardar silencio en la sala a oscuras. Si alguien le dice algo, él simplemente replica: "stupid white man".

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