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Entrevista con Mel Gibson por Mi otro yo

COLUMNA Hollywood Boulevard

Por: Vera Anderson

28 / 04 / 2011

Entrevista con Mel Gibson por Mi otro yo

¿El arte le copia a la vida? 

En la estrafalaria e imposible-de-categorizar nueva cinta Mi otro yo, dirigida por Jodie Foster, Mel Gibson interpreta a un esposo seriamente deprimido de nombre Walter que ya no puede lidiar con su vida y se refugia detrás de un títere que encuentra en la basura. De la noche a la mañana, todo su ser se transforma de manera muy positiva, excepto por el hecho de que ahora sólo se comunica a través del títere –para consternación de su familia, claro está. Es la mejor interpretación en la carrera de Mel Gibson, pero también es una fascinante elección para un actor que ha estado al borde de la ruina emocional públicamente, el estar interesado en darle vida a un personaje que batalla con una enfermedad mental. Y felicidades para su amiga de años, Jodie Foster, quien le dio una segunda oportunidad.

Mel fue muy directo cuando nos sentamos a platicar esta semana en Beverly Hills, intentando omitir de la conversación sus problemas legales y enfocándose en qué se siente estelarizar al lado de un muñeco. Me refiero a que, dejando de lado las comparaciones con su propia vida –y el radical cambio interno que debe estar sufriendo en estos días–, debe ser muy difícil tener a un títere como compañero de escena y que no resulte algo ridículo.

“Tuve que arreglar unos trajes en una tintorería local y llevé al títere comigo” comenta sonriendo. “El títere se expresó por él mismo: lo que quería que se hiciera con los pantalones, los sacos y todo lo demás. Creo que la señorita del mostrador era de Corea y gracias a la manera en que me estaba viendo, me hizo entender que estaba muy incómoda. Bueno, tal vez sólo estaba intranquila porque generalmente no voy a las tintorerías (ríe), no sé qué fue. Al principio era muy atenta y complaciente pero era notorio que dentro de ella, estaba a punto de explotar de confusión, pues, ¿a quién estaba escuchando? Y yo sólo intenté mantenerme serio. Eventualmente bajé al títere porque pensé que, de algún modo extraño, eso era un abuso. Imagínate qué tan incómoda la estaba poniendo. Así que me lo quité y le expliqué que sólo estaba trabajando, que no era mi intención usarla para ese propósito. Creo que realmente pensó que tenía serios problemas y no me refiero a tropezarme con los pantalones que me quedaban largos. Es una situación dura el enfrentarte a algo así y en verdad hacer de ello una situación pública, pero tenía que saber cómo saldría. Fue muy interesante que, aunque claramente estaba incómoda, después de un rato comenzó a aceptarlo. Eso me dijo mucho”.

Aún está por ver cómo responderá el público a un material tan excéntrico, pero más que nada, qué tan dispuesto está a darle una oportunidad a Gibson después de todo lo que ha pasado. ¿Creen que el arte debe ser juzgado por su propio mérito, dejando de lado las fallas del artista? ¿Irán a ver Mi otro yo?

Art copying life?

In the very quirky and impossible-to-categorize new film The Beaver, directed by Jodie Foster, Mel Gibson plays a seriously depressed husband named Walter who can no longer cope with his life and takes refuge behind a tattered hand puppet he finds in a trash bin. Overnight his whole being transforms, in a positive way, except for the fact that he now will only communicate through the puppet – to the consternation of his family. It’s the performance of Gibson’s career, but it is also a fascinating choice for an actor whose been so publicly on the brink of emotional ruin to be willing to embody a character struggling with mental illness. And Kudos to his longtime pal Jodie Foster for giving him this second chance. 

Mel was very forthcoming when we sat down to talk this week in Beverly Hills, trying to keep his private legal struggles out of the conversation and focus on what it was like to basically co-star with a hand puppet. I mean, never mind the comparisons to his own life, and whatever inner soul-searching he must be going through these days, its got to be challenging to have a puppet as a scene partner and not turn it into something cheesy. 

“I had to have some suits altered at a local dry cleaner, and I took the puppet in with me,” he grins. “And the puppet expressed himself, what he wanted done with the trousers, the jackets, the whole deal. I think the lady behind the counter was from Korea, and the way she was looking at me it was clear this was making her very uneasy. Well maybe she was just uneasy because I don’t usually go to the dry cleaners (laughing), I don’t know what it was. In the beginning she was very accommodating and polite but you could see there was this massive turmoil going on inside of her about, you know, who is she listening to? And I just tried to keep a straight face. Eventually I put it down, because I felt like it was almost, in a weird way, a kind of abuse. Imagine how uncomfortable I’m making her. So I put it away and explained I was just working, that I didn’t mean to use her for that purpose. I think she really thought that I had some serious problems, and not just with tripping over my too-long pants legs. It’s a very confronting thing to actually go into a public situation and do something like that, but I had to know. It was interesting that even though she was clearly uncomfortable after awhile she began to accept it. It told me a lot.” 

It remains to be seen how audiences will respond to this eccentric material but also how willing they will be to give Gibson a chance after everything that’s happened. Do you think that art can be judged on its own merit, aside from the flaws of the artist?  Will you go and see The Beaver

Vera Anderson

Es escritora, fotógrafa, cineasta y vive en Hollywood con su esposo y su traviesa cachorrita Airedale. Promete estar más activa en Twitter y espera que el guión que escribió con su hermano se convierta en película.

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