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Por: Diana Sánchez Uranga

19 / 09 / 2016
entrevistas Robert Redford Disney

Q&A Robert Redford, Mi amigo el dragón

Platicamos con Robert Redford sobre Mi amigo el dragón, Sundance, los musicales y la magia de Disney.

El siguiente texto fue publicado en la edición de septiembre 2016 de Cine PREMIERE versión impresa.

Fuera del título y el tema –entiéndase este último como la presencia de un niño y un dragón– Mi amigo el dragón no tiene ningún otro parecido con el musical homónimo de 1977 de Walt Disney. Protagonizada por Bryce Dallas Howard, Oakes Fegley y Karl Urban, la película se une a la lista de historias en live-action que el estudio del ratón ha desarrollado en los últimos años –al estilo de El libro de la selva–, para contar la tierna amistad entre un niño y su pachoncito dragón, Elliot.

Sin embargo, más allá de la magia que hay a primera vista (por la presencia de una enorme criatura fantástica), la película cuenta con otro tipo de fascinación: la participación de un ídolo por el cual todos en la producción se sintieron nerviosos y emocionados, pero jamás intimidados; un actor que después de años de trayectoria, todavía se rinde ante las maravillas que cuenta Disney: Robert Redford.

Hablamos con el actor, quien a sus 80 años confiesa no haber perdido la fe en la fantasía.

Desde tu participación en La telaraña de Charlotte en 2006, no habías vuelto a trabajar en una película para niños. ¿Qué te motivó a querer involucrarte en Mi amigo el dragón?

La magia de contar historias. Cuando era niño, esa palabra lo era todo para mí porque, cada vez que la oía, significaba que iba a pasar algo mucho más grande que mi vida. Y me encantaba esa idea. La palabra magia es así de grande en la niñez, y cuando creces pasa a segundo plano. El mundo se vuelve más oscuro y te vuelves más cínico. Y es cuando la extrañas. Además, tengo nietos. Cuando yo era pequeño me contaban historias antes de irme a dormir y ahora yo lo hago con ellos. No hay nada más emocionante que escuchar estas tres palabras: "Érase una vez...".

¿Te decepcionaste porque la película no es un musical al igual que la cinta homónima de 1977?

La verdad es que me encantaría hacer un musical. Me encantaría hacer todo lo que no he hecho. A mis 80 años me sigo moviendo para adelante, probando nuevas cosas, eso me mantiene activo. Esta cinta, aunque no resultara ser un musical, ya es lo suficientemente diferente a lo que he hecho antes. Y los dos filmes que haré después de ésta son completamente distintos.

¿Qué películas marcaron tu infancia?

Yo crecí con Disney, con Fantasía, con Bambi. Crecí en general con animaciones que tenían que ver con animales. Y luego perdí el interés cuando el estudio de animación se enfocó en dramas familiares, cuando se separó de la magia del reino animal. Así que es interesante y emocionante ahora ser parte de una película de Disney cuyo protagonista es un animal. De niño, me encantaban las historias que tenían que ver con la naturaleza porque crecí en un área en Santa Mónica en donde no había nada de eso, a excepción del océano. Así que tener la oportunidad de vivirla a través de las películas era muy emocionante.

Cuando te encuentras en un proyecto como éste, del cual no estás a cargo, ¿qué tan difícil es separarte de la silla de director para sólo concentrarte en la de actor?

Tratas de ponerlo a un lado, pero a veces es muy difícil evitar el hecho de que ya has dirigido películas y tienes esa visión, pero lo correcto es que el director en puerta lo haga como él quiera. A veces tienes suerte, como en este caso con David Lowery, quien es muy colaborativo y recibe y agradece tus ideas. Trabajé con él detrás de cámaras, pero lo cierto es que es muy difícil divorciarte de tu ojo como director cuando actúas, pero es algo que debes hacer.

¿Cómo fue la experiencia de rodar en los paisajes de Nueva Zelanda?

Es un país increíble. Yo crecí en una nación que así era hace mucho tiempo [Estados Unidos]. Pero perdimos algo. Nos volvimos cínicos. Hoy volteo a ver a Canadá y a Nueva Zelanda y recuerdo que así éramos. Éramos amigables, teníamos mucho campo, una atmósfera positiva... Así que filmar ahí fue todo un placer.

¿Tienes planes de volver a dirigir películas?

Este año ha sido dedicado a la actuación: Our Souls at Night es la película que haré con Jane Fonda en septiembre. Y luego participaré en otro proyecto con David Lowery: Old Man With A Gun. Y después de que acabe el año volveré a dirigir. Tengo dos proyectos. Dirigir me toma un año de mi vida y cuando tienes mi edad ya no tienes tanto tiempo de sobra.

¿Esta devoción por contar historias te inspiró en su momento para crear Sundance?

Así es. Yo creé el festival porque quería mantener vivo el storytelling en términos de películas. A finales de los 80 me puse a reflexionar sobre los cambios que estaban ocurriendo, la televisión por cable iba en aumento al igual que ahora lo hace el video on demand. Hollywood se estaba encogiendo como industria: iban únicamente detrás del dinero y sólo hacían películas con las que pudieran asegurar una gran suma, las de los jóvenes. Ya no se enfocaba tanto en historias humanas. Así que, para intentar mantener esto con vida, hice Sundance, un lugar para que los cineastas con nuevas ideas tuvieran un espacio y que no se perdieran. Con un festival así logramos formar una comunidad de artistas con ideas frescas. Y me sorprende mucho que haya sobrevivido tantos años.

Autor

Diana Sánchez Uranga

Editora Web en Cine PREMIERE y locutora de “El cine y…” en Ibero 90.9 FM. Fan-from-hell de La Tierra Media, los sables de luz, Westeros, Stitch y el helado.

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