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Festival Berlinale 2012 (IV y último)

COLUMNA Kino central

Por: Carlos Jesús González

19 / 02 / 2012

Festival Berlinale 2012 (IV y último)

El tic tac ha terminado e Italia ha sido la vencedora. No necesitó los amagues de los fantasmas de Del Piero o del Rossi para anotar directamente al ángulo. Contrarios, de hecho, a la juventud y fortaleza que caracteriza a las escuadras futbolísticas de su país, Paolo y Vittorio Taviani son hombres viejos, lastimados por arrugas y canas y achaques que nunca revelarán a la prensa. En su momento dieron al mundo joyas como Padre Padrone pero el mundo ya se había olvidado de ellos. Justo era su derecho olvidarse del mundo también pero por fortuna abundan los italianos necios que además también son lúcidos. Cesare deve Morire (César debe morir), su visión del Julio César, de Shakespeare, es acaso su último legado, uno que no huele a rancio, ni a vickvaporrub ni a recetas geriátricas pero sí a mucha honestidad y frescura, valores que por desgracia brillaron por su ausencia en este festival, plagado como siempre de jóvenes empedernidos en hacer un cine muy artístico y modernito aunque para ello terminaran sacrificando su substancia.

Frente a la adaptación libre de este libreto shakesperiano contrastan sus protagonistas: prisioneros, camorristas, asesinos, corredores de drogas. En sus ojos se revela la opacidad propia de las miradas que ven poco la luz del sol y acaban acostumbrándose a la oscuridad y la desgracia. La vida, sin embargo, les vuelve a las pupilas cuando escupen shakesperiadas en lugar de maldiciones y esa improvisada y efímera vuelta al disfrte de existir es sumamente conmovedora. El premio, por tanto, es más que merecido en una edición de la Berlinale que a ratos patinó sobre la nieve. 

Y, sin embargo, al final quedó en pie.

¿Mis favoritas? Si me tengo que llevar tres serían Marley, sobre la que ya he escrito, La chispa de la vida, de Álex de la Iglesia, por sus excesos lúdicos y su irreverente mezcla de géneros (como siempre o casi siempre en el cine de este director ibérico), y la danesa En Kongelig Affaere (algo así como Un affaire real), de Nikolaj Arcel, que merecidamente obtuvo los Osos de Plata por Mejor Actor (para Mikkel Boe Folsgaard, quien hace un papel soberbio como el rey Christian VII) y Mejor Guión. Esta última cinta podría enasillarse en las "de época", género que no me entusiasma particularmente, pero la manera en que se narra la historia del amor prohibido que se da en los albores del siglo XVII entre un doctor prusiano y la reina de Dinamarca es de verdad destacable, simple, exenta de esas pretenciones que observé en uno y otro filme y que terminaron siéndome cansinas. 

Me quedo con eso. Y con los amigos que tuve la suerte de reencontrarme y cuya locura por el cine es idéntica a la mía. Y, ay, con secuencias que evocaré en sueños y vigilias, quién sabe hasta cuándo...

p.d. No dejen de leer la crónica general del evento, ya en el formato impreso de la revista, en el próximo mes de abril.

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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