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Por: Luis Gamboa

15 / 10 / 2016
tom hanks

La filmación de Inferno, reporte desde el set

Desde Florencia, nuestra visita al set de Inferno, la más reciente aventura del profesor Robert Langdon (Tom Hanks).

Los sets de cine, estén en Hollywood, Churubusco o Kuala Lumpur, suelen parecerse y ser bastante aburridos. Por eso, un rodaje en Florencia, una de las capitales culturales, artísticas e históricas del mundo, es todo un acontecimiento. Cuando me propusieron la visita, no lo dudé. La última vez que había ido a la capital toscana fue con la escuela, de camino a la beatificación del fundador del Opus… para que vean lo apasionante de mi vida. Ahora era otro iluminado, Dan Brown, quien me llevó de regreso a la ciudad de Lorenzo de Medici, Miguel Ángel o Dante. Y es que, si en algo tiene mérito el escritor de El código Da Vinci, es en lograr que la gente se acerque a la historia y el arte antiguos. “La gente quiere que la entretengan, pero también le gusta aprender”. Así resume Brown su objetivo: darle a la gente cultura, algo que se supone no les gusta, disfrazada de entretenimiento. Quiere que “se coman las verduras, pero que les sepan a postre”. 

Dicho esto, es curioso que Florencia no haya sido retratada en el cine tanto, ni con verdadera justicia. Quizá sólo en Una habitación con vistas (1985) o en la olvidable Hannibal (2001), secuela de El silencio de los inocentes. Ahora, en Inferno, la tercera aventura fílmica basada en las novelas de Dan Brown, llega su oportunidad de brillar en la gran pantalla y, por lo que vimos en el set, tiene toda la pinta de que puede ser así.

 

Un calor infernal

Jardines de Boboli, tras el Palazzo Pitti, 30 grados de temperatura. Un dron asesino persigue a Tom Hanks –en forma, a pesar de sus años y del tinte de pelo– y a Felicity Jones a lo largo de los bellos giardini. Los periodistas aplaudimos el esfuerzo de Hanks, que aseguró, con gracia, que el problema no es ser un héroe, eso le sale natural, sino “correr con zapatos italianos apretados. Yo, al menos, lo hago con zapatos planos, Felicity tiene que ponerse unos tacones enormes”.

Lo cierto es que los periodistas sufrimos para estar atentos a las explicaciones relativas a la película, nos interesa más ver cada rincón medieval, aventurar qué gelatto o ravioli nos tragaríamos después. Eso sí, todos llevamos la novela bajo el sobaco (nos la han regalado) y así demostramos, de forma simbólica, como le gusta a Robert Langdon, nuestro agradecimiento a Sony y a la cultura italiana.

 

“Florencia no es cultura italiana, es cultura mundial”, decía Brown. “Si tengo que pasar dos años con un libro, prefiero que sea con un material que me apasione”. 


La Gran Belleza

Y es que, ¿a quién no le apasiona Italia? De paseo por la ciudad, pateando cada baldosa, de visita en Santa María de las Flores o el baptisterio, un periodista mexicano, obvio, se junta con otros periodistas mexicanos. Quizá los que vivan en Europa puedan disimular su “apantallamiento” ante esta ciudad bellísima, pero nosotros, los que vivimos en el “defectuoso” apreciamos “La grande bellezza”, como Paolos Sorrentinos de andar por casa. Saliendo de ver el David, en la Academia de la Galería, un compañero bromeó diciendo, con la mirada en el horizonte, que “esto me recuerda a Tlalnepantla”. No pudimos más que echarnos a reír. Las comparaciones son odiosas.

Por eso, es de agradecer que, a pesar de que al día de hoy se puede reproducir cualquier escenario o efecto de forma digital, nos ofrecen como “regalo para la audiencia”, como declaró Ron Howard, que rueden en los lugares reales citados por Brown en su libro. “Los actores se inspiran, todos nos inspiramos: a esta ciudad la sientes. Eso es lo que quiero ofrecer a la audiencia, aunque sea a la velocidad en que sucede la historia, me gustaría ofrecer una experiencia completa, como la que tiene Robert Langdon”.

 

(Éste texto fue originalmente publicado en Cine PREMIERE #265 de octubre 2016)


Si te gustó esta nota, Cine PREMIERE te recomienda:
  • El código Da Vinci (Ron Howard, 2006)
  • Ángeles y Demonios (Ron Howard, 2009)
  • En el nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986)
Autor

Luis Gamboa

Guionista de cine y TV, escribo series, telenovelas, artículos, bodas y comuniones. Empecé en esto haciéndome socio del club de fans de Freddy Krueger, y aunque ya perdí la credencial, sigo con la ilusión de ver qué se cuece al otro lado de la pantalla. www.roomservice.mx

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