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Gracias, Toni Collette

COLUMNA Kino central

Por: Carlos Jesús González

03 / 06 / 2009

Gracias, Toni Collette

Me he enamorado de Toni Collette. Más bien, y si peco de honesto, me he vuelto a enamorar de ella, porque incluso botijona y enfundada en un ridículo traje dorado mientras baila Waterloo de ABBA me pareció sumamente atractiva, de hecho me generó un morbo tremendo. Eso fue en La Boda de Muriel, filme australiano independiente que al tiempo se ha convertido en favorito de la comunidad gay y mujeres que acaban de ser "pedidas" por sus novios.

Pero, aunque pudiera abundar por horas sobre las razones por las que me gusta la Collette -fascinación que, vale la pena decirlo, no comparte ni entiende ninguno de mis amigos, de hecho creo que yo tampoco la comprendo del todo-, no estoy aquí para hablar de ella, al menos no directamente. Me explico: Buscando en mi tiempo libre imágenes suyas, sobre todo secuencias de películas en las que ha aparecido y donde pudiera vérsele riéndose con esa sonrisa suya de esperanza y locura, me encontré con una pequeña cápsula en la que, retratada por las cámaras de la AFI (American Film Institute), la actriz nacida en Sydney confiesa cuál es su película favorita de todos los tiempos. Hela aquí:

Y entonces, ya lo dije, la amé más no solamente porque viéndola allí confirmé que su boca de 36 años continúa siendo sumamente apetecible, sino porque, para mi enorme sorpresa, menciona un filme por el que conservo una admiración y respecto absolutos: Harold and Maude. Esta cinta del añorado y hasta hoy poco valorado director, Hal Ashby, narra con una mezcla de ironía, humor negro y crítica social la relación amorosa entre un chico de 19 años (Bud Cort) y una simpática y disparatada abuelita de 79 años interpretada magistralmente por Ruth Gordon. En su tiempo (1971) la película fue criticada hasta el hartazgo por las voces de las buenas conciencias, empanadas siempre en la moralina más intolerante, y también por gran parte de los críticos, la mayoría vejetes de alta escuela que todavía echaban de menos los westerns de John Ford. Ni uno ni otros entendieron que lo más importante de Harold and Maude es justo lo que no es evidente, lo que no se mira, lo que se esconde tras desnudeces y besos prohibidos, detrás de esas almas tan solitarias que tiemblan o danzan al son de canciones de Cat Stevens, por encima de ese juego de macabros amagos de suicidios y muertes fingidas.

Yo, cada vez más lejos de la sorpresa en estos menesteres, la vi y quedé totalmente enmudecido, pasamado, con el estómago animado y vibrante como si dentro de él hubiese encerrado un nido de avispas salvajes. Es, desde entonces, no mi película número uno, como en el caso de mi querida Collette, pero sin duda uno de mis tres filmes favoritos en la vida, al menos de ésta que vivo ahora, cada vez más frágil y airosa y melancólica, como los cielos de Berlín, como las miradas transparentes de Harold y Maude.

Aquí el trailer de esta joya:

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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