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Howard Berger: creador de monstruos y crí­tico de la violencia gráfica.

COLUMNA HAL9000

Por: Carlos Gómez Iniesta

10 / 11 / 2008

Howard Berger: creador de monstruos y crí­tico de la violencia gráfica.

 

             Howard y yo en KNB EFX Group, INC. en Los Ángeles.

Howard es ya una leyenda. Podría ser como cualquiera de nosotros cuando de chavitos queríamos hacer lo que fuera por entrar a la industria. Imaginen que el gran pionero y semidios de los efectos especiales, Stan Winston (1945-2008), le hizo pasar el rito de iniciación para convertirse en su maestro. “Cuando tenía 13 lo conocí, era uno de mis ídolos –recuerda nostálgico–. Creo que hay veces lo atosigué pidiéndole trabajo hasta que me dijo: ‘cuando acabes la prepa, si tienes buenas calificaciones, probando que te interesan los detalles, la devoción y responsabilidades del trabajo, te invitaré a colaborar conmigo’”. Stan tuvo que cumplir. Howard se graduó y lo dejó hacer sus pininos en Depredador y en Aliens… Qué mejor inicio.
 
A la postre y junto con su actual socio, Greg Nicotero, fueron creciendo hasta fundar su propia empresa, KNB EFX Group, con la que han trabajado con prácticamente todos los meros meros de Hollywood en 20 años (una lista completa aquí). Incluso han estado en casi toda la filmografía de Sam Raimi y de Tarantino –imaginen lo especializados en sangre y vísceras que ya son–. Cuando me confesé admirador de sus creaciones en Army of Darkness, pero que no me latía del todo lo que habían hecho con Hostal, me sorprendí que estuviera de acuerdo conmigo: “Los filmes de horror han cambiado drásticamente. Creo que los cineastas tienen miedo de hacer cintas de horror y no estas películas de tortura, mutilación… Basura. Para mí eso no es horror, sólo es ofensivo. Y sé que muchos fans del horror se van a enojar conmigo por decir eso –cambia de voz y hace bizcos hacia su frente– ‘¿qué quieres decir, eres el maestro del horror?’. Pero tenemos guiones en los que les digo que no hay manera en que yo acabe de realizarlos, son realmente ofensivos. Creo que ya tenemos suficiente de eso. El horror se tiene que redefinir para saber qué se quiere hacer. Dejar eso de la mutilación. Y sí, trabajamos en una buena cantidad de eso pero, yo ya no puedo verlo. Tengo niños y yo no dejaría irlos a ver esas películas. Hacer las Las crónicas de Narnia (aquí una liga para el tour de maquillaje, animatronics, trajes y hasta mi conversión a fauno con el pretexto del estreno del Blue-Ray de El príncipe Caspian), me dio la oportunidad de sentirme orgulloso de la experiencia cinematográfica. Me la pasé muy bien haciéndola. Ésta sí la vieron mis chavos y ahora son grandes fans de mi”, remataba orgulloso, diciéndome que su hijo mayor, el de 15 años, ya venía a trabajar aquí en las vacaciones. “…Y lo trato tan mal como a todo mundo”, reía.


Sin embargo, hoy están acumulando cuerpos humanos destazados para la Segunda Guerra Mundial de Inglourious Basterds. En verdad, si estos cadáveres de hule y látex están mezclados con algunos reales no se notaría. Aunque es un espectáculo muy morboso, no puedo dejar de verlos. “¿Y después de la filmación qué les hacen? ¿los entierran?”, le bromeé. “Ja, pues mira, los puedo alquilar. Pero como todos son cuates, se los tengo que prestar para sus películas”. Después de un silencio agregó: “Había un cuate que cuando trabajamos en Rumania me decía: ‘por qué los haces, sí aquí podemos conseguir cuerpos reales por nada’”. ¿Me reí? Sí, era un chiste.

 
 

Splice de Vincenzo Natali trata sobre dos científicos que experimentan mezclando DNA humano con animal. Protagonizan Adrien Brody y Sarah Polley. La coproduce del Toro y las criaturas son cortesía de KNB EFX.


Entre tantos prostéticos –no señores, no vi el que hicieron para Boogie Nights– y con tantos directores en mancuerna le pregunté si había alguien con quien le faltara trabajar. “Sí, claro, con Clint Eastwood. Casi lo logramos en La conquista del honor, pero al final se decidió por alguien más”. “¿Y del Toro?” Reviré, pues tener tantas criaturas fantásticas lo valía. “Lo amo. Hicimos un filme en el que él fue el productor ejecutivo, llamado Splice. Estábamos en España y tuvimos una cena con él –aquí cambia la voz, la hace muy grave y acentúa los ademanes para hacer una buena imitación del mexicano– y nos decía: “Tienes que hacer esta película’, mientras estaba ahí el director y Sarah Polley –la protagonista–. Un gran gran tipo, pero no hemos trabajado directamente con él, ‘tengo que encontrar la película correcta’, me decía. Pero sabes qué –confiesa–, cómo que no quiero hacerlo porque lo quiero tanto, que presiento que nuestra relación será diferente. Prefiero ser su amigo, a trabajar con él. No quiero arruinar la amistad. Prefiero sentarme y disfrutar de sus películas. Porque no importa lo que haga siempre es bueno… amé el Laberinto… pero creo que el Espinazo... es mi favorita. También vi El orfanato y estuve con temblorina todo el tiempo. Ésa es una buena cinta de horror, por ejemplo –se detiene a pensar–. Pero también está muy bien hecha, eso es lo que me gusta. Es lo que me late de las películas españolas de horror. Creo que los españoles son los que llevan la batuta ahora. Son las mejores porque artística y técnicamente son perfectas. Y las historias son muy simples. No es acerca de asesinatos, violaciones, tortura. Se tratan de un chavito terrorífico en una máscara, caminando como fantasma”.

Total, se extendió diciéndome que no vería Quarantine porque es una copia barata de [REC] y no tenía tanto tiempo al encontrarse realizando la preproducción de la tercera parte de Narnia, La travesía del viajero del alba para 2010. Además me dio la primicia de que la franquicia cambiaba de director, de Andrew Adamson a Michael Apted (El mundo no es suficiente).

Después de un par de horas tuvimos que interrumpir la conversación –un tour por las instalaciones estaba a punto de empezar–. Entonces, nos estrechamos la mano, nos recomendamos películas y nos despedimos. Un gran tipo, la neta. 

(Aquí otra oportunidad de entrar al tour).
 


 

Carlos Gómez Iniesta

Colaborador en Cine Premiere desde 2001. Da pláticas, es jurado y ayuda a programar festivales. Los únicos maratones a los que va son de cine.

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