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COLUMNA Viajes a la luna

Por: César Albarrán Torres

27 / 01 / 2012

"Hugo" o la más bella carta de amor

(NOTA: si no has visto Hugo de Martin Scorsese, puede que no quieras leer aún esta entrada. Intento no revelar ninguno de los grandes misterios del filme, pero puede que tu intuición y mi torpeza a la hora de escribir nos hagan una jugada sucia. Ojalá me honres con tu lectura una vez que te maravilles con la más grande carta de amor al cine)

Hugo no es lo que parece. No es únicamente la historia de un niño huérfano que vive en las entrañas de una estación de tren parisina. No es un refrito de esa Ciudad Luz de Amelie. No es, vamos, ni siquiera una película para niños. Es un filme para cinéfilos, para aquellos que, como yo, tienen la fortuna de poder aún maravillarse ante la capacidad del ser humano de contar historias a través de imágenes. Para aquellos que, como Martin Scorsese, el más grande cinéfilo del mundo, aún creen que el cinematógrafo, aquella quimera magnífica, tiene la mágica capacidad de descifrar los misterios de la existencia, de hacernos un poco mejores y de ponernos en contacto con lo inexplicable. Si han leído este blog desde sus comienzos y tras su transformación a lo que es hoy (de "La vida después de Muybridge" a "Viajes a la Luna"), sabrán que el cine mudo y los inicios del séptimo arte son un tema que me apasiona e intriga. Los hermanos Lumière inauguraron una manera nueva de ver al mundo y, por ende, una manera nueva de comprendernos, de cuestionar la existencia y de explicarnos a través de historias. Es este hecho casi milagroso al que apela Martin Scorsese en Hugo, cuya historia es un mero pretexto para desplegar su propio amor, casi apasionado, casi erótico, hacia el séptimo arte. Porque cada escena de Hugo está construida a manera de homenaje: cada movimiento de cámara, cada chiste a la Chaplin o Buster Keaton, cada efecto visual, es una pieza en la galería de la historia del cine, aquella que Marty se sabe al dedillo y nos comparte cada que puede. Para los que dicen que esta es la película menos scorsesiana de todas, les digo que no están en lo correcto. Película más scorsesiana no podría haber. Hugo es un documento histórico valiosísimo para aquellos que nos imaginamos una y mil veces cómo habrán sido esas primeras salas en que los legendarios hermanos franceses compartían lo que entonces era una mera atracción de circo. ¿Cómo se se llega a la Luna y de regreso? Fácil: con una cámara de cine. 

César Albarrán Torres

Es investigador del Programa de Culturas Digitales de la Universidad de Sydney. Es el editor fundador de cinepremiere.com.mx y escribe sobre cine, televisión y tecnología en diversos medios nacionales e internacionales.

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