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CinePREMIERE

Por: Clara Itzel Hernández Valladares

31 / 12 / 1969
entrevista

Joaquín Cosío

Nos habla de su participación en 007: Quantum.

Por Carlos Del Río

Cine PREMIERE platicó con el actor mexicano Joaquín Cosío acerca de su papel como el General Medrano, uno de los villanos en la nueva 007: Quantum.

¿Cuál fue el medio para involucrarte en este proyecto?
El mismo de todas las películas hasta ahora. Un casting, es decir, una llamada de Carla Hool de Bazooka (Films), quien generalmente tiene proyectos de esta envergadura aquí en México. Las circunstancias no  fueron las más óptimas, porque yo estaba filmando Arráncame la vida. Tenía llamado nocturno, salí en la mañana, me fui a hacer el casting, no tuve mucho tiempo para memorizar, así que entonces lo leí. Por eso mis expectativas no eran muchas, sobre todo por ser un proyecto de esa magnitud. Hasta que finalmente mes y medio después me lo dijeron, ni siquiera hubo call back. Y fue poco antes de las fiestas navideñas que me dieron la noticia de que me había quedado con el personaje.

De la producción de la película, ¿con quién tuviste el primer contacto?
Con Debbie Williams, ella manejó el casting en Londres, en los Pinewood Studios. Todo esto ya ocurrió en enero y finalmente se organizó un viaje para Londres. En un principio se planteaba que era para cuestiones de imagen del personaje. Ya en Londres hubo que hacer algunas pruebas para ver si había que aplicar algún tipo de entrenamiento en específico. Tuve pruebas de tiro con revólver, pruebas físicas, de pelea y de natación también. Fueron cuatro días muy intensos. De hecho del aeropuerto me llevaron directo a los Pinewood Studios.

En ese primer viaje, ¿conociste a alguien del elenco?
Conocí a Daniel (Craig). Fue el primero que porque casualmente nos topamos en maquillaje. Lo vi y me dije “ahí está, el 007”. Inmediatamente nos saludamos. Muy amable, muy afable. Antes, desde luego, vi a Marc Forster (el director) con quien tuve una conversación muy rápida y tropezada, con mi inglés tan malo. Lo entiendo bien pero no necesariamente lo hablo, sin embargo progresé rápido ya estando allá. Antes de ir a Londres ya había yo leído sobre él y me entusiasmó mucho que fuera un director de actores y me entusiasmó que me hubiera seleccionado. Eso me dio bastante ánimo. Tuvimos esa entrevista, las pruebas y me regresaron a México con mi primer llamado. Un momento muy significativo fue cuando me dieron mi hoja de llamado y decía: “A las 7 AM Judi Dench, maquillaje; a las 8, Giancarlo Giannini, prueba de no se qué; a las 10, Joaquín Cosío”. Es una hojita que allí tengo guardada.

¿Qué se siente pertenecer a este reparto multinacional de primer nivel?
Es muy emocionante. Aparte de estar en este elenco, el poder interactuar con ellos. Trabajé con Mathieu (Amalric), un actor a quien respeto profundamente. Trabajé con Olga (Kurylenko), con Daniel, en fin. Y no hubo ningún tipo de problemas porque los acuerdos y las convenciones sobre las cuales se filma son las mismas. Es una ficción que hay que perseguir, ante otro actor que está haciendo lo mismo que tú y que está jugando ese mismo juego. Es algo fantástico descubrir que esta profesión, o esta actividad de imaginar, es exactamente igual. Los ensayos fueron pocos, las indicaciones de Marc igual y había mucho entusiasmo por el trabajo que estábamos realizando.
 
¿En dónde te tocó filmar y por cuánto tiempo?
Estuve en Panamá cerca de tres semanas, donde hicimos las escenas del muelle. Luego nos fuimos a Chile, Antofagasta, ahí estuvimos poco más de una semana. Regresé a México y luego volví para filmar en Londres un mes más.

Recién salido de una producción como Arráncame la vida en México, ¿cómo percibes la diferencia ante un proyecto tan grande como este?
Tengo una opinión un poco ambivalente. Evidentemente hablamos de producciones enormes donde hay una infraestructura que es evidente. Pero sobre todo se habla de una organización impecable, son verdaderamente efectivos. El tiempo no se pierde, no se dilapida. Se gasta el tiempo justo. Hay una comunicación impresionante entre las áreas. Yo no tengo ninguna queja de mi trabajo en México, pero si tendría que hablar de esa logística, que al menos la británica es impecable. Sin embargo, finalmente en el momento en el que se dice “acción”, la realidad del cine británico y la realidad del cine nacional es la misma. Hay un trazo que seguir, hay una posición de cámara, un emplazamiento y hay una ficción con la que hay que cumplir, pase lo que pase. En ese sentido no hay diferencia alguna. Hice Arráncame la vida, hice Backyard con Carlos Carrera y finalmente también los directores son substancialmente similares. Son personajes que tienen una historia que contar, una necesidad de guiarte por un camino hacia donde ellos te quieren llevar. Hay una diferencia sustancial: infraestructura, logística, recursos, pero también finalmente el cine es ese momento mágico donde se dice “acción”.

Como cinéfilo, ¿qué han significado para ti las películas de James Bond?
Ocuparon una parte de mi infancia y adolescencia. Sin embargo no soy ningún erudito o fanático de Bond. Tuve mi época en la que vi sobre todo a Sean Connery. Perdí un poco el interés con el tiempo. Lo retomé con Casino Royale, por una coincidencia muy afortunada. Me sorprendió por el tono realista y dramático. No quise ver la saga antes de irme a filmar. No quise prefabricar algún tipo de antecedente.

Platícanos de tu personaje...
Soy un militar corrupto. Es un rol ya visto a través del tiempo. Lo importante era revitalizar el personaje. Jugar con un rol que forma parte del paradigma Bond, de este modelo, pero convertirlo en algo nuevo, verosímil, real y vivo. El General Medrano parte de este estereotipo, un personaje que no nos es extraño. Un militar exiliado, dispuesto a vender los recursos de su país (Bolivia en la película). Aparte es un asesino, que no ha vacilado en matar a sus contrincantes políticos. Es ciertamente perverso. Violenta mujeres. Ataca mujeres. Convertir este personaje en alguien real, sin convertirlo en un cliché, en eso estuvo el reto.

¿Te basaste en alguien en particular para conseguirlo?
En muchos políticos encuentro una teatralidad pasmosa y un simulacro increíble. ¿Qué te podría decir en relación a nuestro panorama político? Lleno de verdaderos malhechores. Desde mi punto de vista, los protagonistas de nuestra política en buen número está configurado por delincuentes, sin temor a exagerar demasiado. En ese sentido hay un espíritu que conozco, que lo vemos en los diarios y en nuestra experiencia de vida cotidiana en México. De ese personaje que lo ves en la fotografía sonriente, lustroso, pero sabes que adentro hay una obscuridad y una rapiña sobre la sociedad que supuestamente representa. Es ahí donde intenté penetrar para construir este personaje. En esa aparente tranquilidad y amabilidad con el resto del mundo, cuando en realidad en la profundidad de su espíritu hay sólo deseos de beneficio personal, de acumulación de riqueza y desde luego de una amoralidad sin límite. No te podría hablar de alguien en específico, pero sí te puedo hablar de que tiene los ecos de esta figura del peor político mexicano.

Autor

Clara Itzel Hernández Valladares

Clara Itzel es una comunicóloga junkie de los animales, TV, cine, libros, tatuajes, pop culture, té & café. La pueden seguir en instagram (@MissClaraItzel) y leer en ElMoodRandom.com

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