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Por: Jessica Oliva

04 / 09 / 2016
Cine mexicano road trip ariel Guillermo del Toro

La delgada línea amarilla: Damián Alcázar encuentra su camino

Damián Alcázar, Joaquín Cosío, Silverio Palacios y Gustavo Sánchez Parra, juntos otra vez en la ópera prima de Celso García.

Ya lo dijeron bastantes escritores: a veces, las mejores revelaciones sobre la vida no se encuentran ni en los salones de clase, ni en los libros, ni en las bibliotecas, ni en los destinos finales. Más bien, se hallan en los caminos, sobre todo en aquellos que se transitan paso a paso y con los propios pies. “Cuando caminamos todo parece posible”, escribió el pensador francés Frédéric Gros, quien lamentaba que esta actividad fuera cada vez más menospreciada por la sociedad moderna y comodina. Y todo porque se encuentra íntimamente ligada a otra, a veces igual de incómoda: la actividad de pensar. Tan sólo se requiere de unos cuantos pasos, unos cuantos kilómetros y, ¡magia!, al corazón y a la mente se le abren los horizontes.

Y este es precisamente el tipo de transformación que experimentan los cinco héroes de La delgada línea amarilla, la ópera prima de Celso R. García que sigue la travesía –a la vez cómica, desgarradora e introspectiva– de un grupo de trabajadores que debe pintar la línea divisoria de una carretera mexicana.  Producida por Guillermo del Toro, Alejandro Springall y Bertha Navarro (El laberinto del fauno, Cronos), la película retrata un viaje externo de compadres que, finalmente y poco a poco, se vuelve interno. “En alguno de los festivales que visité me dijeron que más bien se trataba de una “walk movie”, y pues creo que tenían razón”, nos dijo el director en entrevista. “En un principio tenía la idea de contar una road movie muy mexicana y casualmente me topé con estas personas mientras hacía un viaje de Guadalajara a San Luis Potosí: una cuadrilla de hombres que estaban pintando la raya amarilla de la carretera, empujando un carrito tal cual se ve en la cinta, y creo que ese momento me marcó. Me gustó mucho la imagen y verlos perdidos en la nada. Me pareció muy estético”. El guion de Celso R. García fue uno de los elejidos para participar en el Laboratorio de Guiones relizado en Oaxaca en 2011, impulsado por Bertha Navarro desde 1993 en conjunto con el IMCINE y con el Sundance Institute. 

 

Inspirada (en parte) en la cinta Viento negro (1965) –que cuenta la labor de un grupo de hombres que construyen las vías del tren en el desierto de Sonora– La delgada línea amarilla se distingue por colocar la ardua faena de unos trabajadores como motor de la acción y del drama. Sin embargo, la razón por la cual se ha vuelto favorita del público en cualquier festival en el que se ha presentado tiene que ver con la química y la afinidad entre cuatro de sus protagonistas, quienes son verdaderos amigos por todas las producciones anteriores que han compartido: Damián Alcázar, Joaquín Cosío, Silverio Palacios y Gustavo Sánchez Parra. Américo Hollander (La vida después), por su parte, interpreta al quinto miembro del grupo y el más joven, quien servirá de catalizador para cambiar la vida de los “adultos”. La dinámica entre ellos, que pasa del humor y la complicidad al enojo y la emotividad, es el alma de la trama. “Son de los mejores actores de México y el haberlos tenido a todos fue un honor para mí. Como guionista pensé en todos ellos a la hora de escribir los personajes, les mandé el guion y afortunadamente todos dijeron que sí”, nos platicó el director.

 
En un panorama cinematográfico que privilegia las películas grandilocuentes, repletas de acción o efectos especiales, La delgada línea amarilla se rebela y se atreve a ser simple en su narrativa, pero profunda en su mensaje y muy carismática en sus personajes. Sobre todo, muestra cómo es que un trayecto de 200 kilómetros por un camino desierto puede ser una oportunidad para que cinco hombres perdidos retomen el camino más importante de todos: el de su destino.


Caminos que se reencuentran

La química entre Damián Alcázar, Joaquín Cosío, Silverio Palacios y Gustavo Sánchez Parra se sostiene en la familiaridad que hay entre ellos: han coincidido en varias producciones que los han convertido en grandes amigos.

 


Autor

Jessica Oliva

Periodista, editora en Cine PREMIERE y bailarina frustrada en sus ratos libres. Gustosa del cine, la literatura, el tango, los datos inútiles y de la oportunidad de desvelarse haciendo lo que sea.

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