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La Muerte del Mejor Anfitrión del Mundo

COLUMNA Ciudadano Rosebud

Por: Carlos Jesús González

16 / 01 / 2009

La Muerte del Mejor Anfitrión del Mundo

El miércoles pasado Ricardo Montalbán murió a la edad de 88 años. Sería injusto no aceptar que tal hecho me conmovió siquiera un poco. Después de todo, el Señor Rourke de la Isla de la Fantasía será un personaje que recordaré durante toda la vida, parte de esa infancia perdida y guardada en los rincones de mi cerebro, aquella donde las calcomanías marca Rascahuele que guardaba en un álbum conviven todavía con los mueñecos de Rosita Fresita que mi prima coleccionaba (y que por cierto, me parecían una mamarrachada a excepción del "Pastelero Bigotón"), y también con aquellas memorias de El Hombre Nuclear y sus trajecitos setenteros de solapa puntiaguda y colosal, todo ello entre una inmensa cantidad de imágenes que me vienen a manera de flashazos y cuya lista me parece interminable. Pero bien, regresando a la evocación del Sr. Rourke, me vienen a la mente elegancia con que portaba su traje de palomo y ese rictus misterioso, entre sonrisa y gesto de amargura, que a todo momento se le dibujaba en la cara y que nunca se sabía si respondía a un gran bienestar o a la más terrible de las penas. De cualquier modo, y por encima de su posible estado anímico, a Rourke veía siempre activo y jovial, casi como puesto en coca, organizando a la gente de la isla a la perfección y con una eficiencia que pondría verde de envidia al doctorcito Jack Shephard de Lost. Por si fuera poco, se bebía varias piñas coladas a la hora del almuerzo sin nunca perder un ápice de coolness.

Fue hasta luego, varios años después, que supe que en realidad el Señor Rourke era un mexicano que se apellidaba Montalbán. Y no sólo eso: Los éxitos que cosechó a través de su trabajo lo han convertido un ejemplo a seguir para una gran cantidad de miembros de la comunidad latina en los Estados Unidos, pues aunque a Montalbán bien se le puede acusar de haber participado -porque lo hizo- en filmes que exarcerbaron el odioso cliché de México o lo mexicano en el cine estadounidense (léase a supuestas mestizas vestidas como sevillanas y mariachis que tocan una suerte de cante jondo), lo cierto es que hizo lo que pudo para conseguir roles que no tuvieran que ver necesariamente con el estereotipo de hispano, logro que quedó de manifiesto cuando obtuvo un importante papel de villano en Star Trek durante la década de los sesenta, por no hablar del multimencionado Señor Rourke y su excéntrico acento de cubano que se ligó a una mexicana que le está enseñando el inglés con marcados guiños al zapoteca.

Descanse pues, el Señor Rourke.

Después de tantos años, el avión llegó por él.

Aquí, de lo más cool en un mítico comercial de automóviles:

Con Silvia Pinal en una extraña aparición en el cine mexicano. La cinta es Buenas Noches, Año Nuevo, de 1964.

Y claro, como el mítico anfitrión de La Isla de la Fantasía.

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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