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CRÍTICAS Cine

La vida inmoral de la pareja ideal

Calificación Cine PREMIERE: 2.5
Calificación usuarios: 4
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24-10-2016

La cuarta película de Manolo Caro cuenta una historia de amor marcada por el infortunio con todas las particularidades del cineasta.

  • Título original: La vida inmoral de la pareja ideal
  • Año: 2016
  • Director: Manolo Caro (Elvira te daría mi vida pero la estoy usando)
  • Actores: Cecilia Suárez, Mariana Treviño, Paz Vega, Sebastián Aguirre, Ximena Romo
  • Fecha de estreno: 28 de octubre de 2016

Si algo no falla en el cine son las historias sobre amores y desamores. Ya lo comprobó Giuseppe Tornatore con esa emblemática secuencia de besos en Cinema Paradiso (1988): si algo perdura en la memoria, a pesar de la distancia y el dolor, es el primer amor, los recuerdos sobre un pasado compartido y moldeado con otra persona.

Y algo así le pasa a Martina (Cecilia Suárez) y a Lucio (Manuel García-Rulfo): dos personas que, al igual que Toto, el protagonista de Tornatore, anhelan los recuerdos de un amor compartido pues, después de permanecer separados durante 25 años, sus vidas se cruzan gracias a un encuentro fortuito. Necios, nerviosos, enamorados, deciden inventarse una vida para demostrar que el paso del tiempo ha sido bueno con ellos. 

En el cuarto largometraje de ficción de Manolo Caro, La vida inmoral de la pareja ideal, hay un poco de lo mismo. Si de inicio la elección de una historia de amor marcada por el infortunio, es un tema recurrente en el mundo audiovisual, en el trabajo del director mexicano no hay los elementos suficientes para hacerla trascender más allá de una tambaleante comedia romántica de enredos. 

Y es que es evidente que Caro sabía de estas implicaciones: aunque Martina y Lucio son los protagonistas, a su alrededor se añade un universo de personajes que fungen como elementos espejo para desentrañar las confusiones del pasado que desconoce el espectador; sin embargo, esta esperada sensación de frescura se ve truncada cuando su participación concluye a través de un abrupto epílogo. 

Hay algo que no concuerda con el desarrollo de los personajes: aquellos chicos rebeldes que vemos al inicio pasan a ser un grupo de adultos temerosos, aburridos, convencionales; y aunque suene a una estrategia narrativa, Caro parte de una premisa transgresora, pero al final entrega una tradicional historia de amor. No hay nada inmoral, no hay nada provocativo, es sólo un disfraz de título, un ornamento como casi todo en su cine.  

Ubicada en el presente y con saltos a través de flashbacks ochenteros, la relación entre los dos protagonistas inicia en un clic adolescente en donde se enamoran del deseo compartido de libertad. Así, no creo que sea un error pensar que las historias de Caro nos recuerdan a extractos de una mala versión de la literatura de escritoras como Almudena Grandes (Castillos de cartón) o Ángeles Mastretta (Mujeres de ojos grandes). 

Este afán de empapar a la historia de un dejo “transgresor”, casi literario, puede funcionar si no se conocen amores cinematográficos más entrañables e inclementes: Jules y Jim (1959), Los amantes del círculo polar (1998), Castillos de cartón (2009), Canciones de amor (2007), entre otras. Lo que hace Manolo Caro es engañoso. En este afán Almodoriano, La vida inmoral de la pareja ideal tendría que caminar gracias a sus personajes, pero en cambio observamos estos elementos fallidos al tener que maniobrar con un guion lleno de clichés, lugares comunes, situaciones predecibles. 

Pareciera que por momentos estamos ante una reconstrucción de alguna telenovela mexicana para adolescentes: los uniformes, las actitudes “insurrectas”, los diálogos que, en una aspiración de profundidad y poética, se vuelven sosos y plásticos. Sí, aunque es probable que toda esta estética, que los escenarios y el diseño de arte sean así debido al contexto histórico, hay algo que la aleja de la singularidad: Manolo Caro deja en claro que sus aspiraciones estéticas han aumentado y entrega escenas que preponderan al cuerpo como vehículo que visualiza el paso del tiempo, imágenes superpuestas que se intercalan entre presente y pasado pero que no funcionan, que se quedan ahí, con todo lo inverosímil que no debe ser un amor como, en teoría, hay en la película: doloroso, apasionado, único. Incluso, en el momento cumbre para conocer la separación, todos los esfuerzos, la vida inventada, la simulación, se vienen abajo gracias a motivos absurdos, insuficientes. 

En su lugar, toma ventaja el otro interés de Caro: la comedia romántica de enredos, el género consentido del cine mexicano. ¿Cómo llenar los vacíos de una endeble representación de amor? Con risas, con íconos de otros cines (Paz Vega), con referencias a otras glorias (Rossy de Palma), con lo genérico, lo aspiracional, lo que nunca falla. Pero incluso, al enfrentarnos a un tema seductoramente cliché, los momentos planeados para ser hilarantes (los chocolates mágicos, la hermana cocinera, la cena, el parto de emergencia) se transformaron en una cadena confusa de diálogos en donde el ritmo y la velocidad para mantener a flote el dramatismo se perciben forzadas, sobreactuadas, con una Paz Vega exprimiendo el poco jugo de la comicidad. 

La vida inmoral de la pareja ideal es una película con estándares sutilmente conservadores, tradicionales, construida bajo el escudo de sus rasgos formales, del vestuario, de un soundtrack cuidadosamente seleccionado y muy bien planificado. Si Toto viera entre sus besos cinematográficos a Martina y a Lucio pensaría que el amor a veces falla, y mucho. 

Escribo sobre cine y televisión. Me gusta pensar las imágenes. Colaboradora en Revista Nexos, Butaca Ancha y F.I.L.M.E Magazine. Cuando sea grande quiero ser como Luisa, en Días de otoño de Roberto Gavaldón.

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