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Las Lolitas de Natalie Portman

COLUMNA Kino central

Por: Carlos Jesús González

22 / 07 / 2011

Las Lolitas de Natalie Portman

Escarbando en mi memoria a Natalie Portman la recordaba, sobre todo, como Mathilda, la nínfula, que le llamaría Nabokov, que le roba el alma a Léon (Jean Reno) en El perfecto asesino (1994). De hecho robó también mi alma y la de infinidad de púberes, de adolescentes, de adultos... es de preguntarse si Luc Besson era plenamente consciente de que bajo su dirección se moldeaba la última gran "Lolita" del siglo XX. De hecho sin Portman, sin sus llantos y sus risas, sin su corte de pelo estilo pageboy robado a Mia Wallace, pero también estilizado a imagen y semejanza de aquella inolvidable Femme fatale que fue Bettie Page, esta cinta habría sido condenada al olvido, naufragado entre los peces hasta terminar durmiendo con ellos (sí, yo tengo unas fijaciones de lo más extrañas con El padrino, pero estoy seguro de no ser el único).

Recordaba, pues, a esta Portman encantadora que fantasea con ser asesina profesional cuando crezca mientras se limpia sendos bigotes de leche, y lo hacía mientras revisaba su filmografía. Así fue que no sólo me di cuenta de que he visto casi todas sus películas (aunque he pasado y pasaré de al menos tres, entre ellas una que coprotagonizó con Ashley Judd en 2000 y cuyo título me continúa echando para atrás: Where the heart is), sino también de que había olvidado por completo que su Mathilda, rol que por cierto marcó su debut cinematográfico, no fue la única adolescente precoz a la que ha encarnado en su carrera: apenas dos años después llegaría la película Beautiful girls y con ella el papel de Marty.

¿Pero hay algunas diferencias entre una "Lolita" y otra?, se preguntarán. Por supuesto: allí donde en el pasado y presente de Mathilda hay solamente dolor y tragedia y maltrato, en el de Marty hay pistas claras de pertenencia a una familia funcional, sin problemas, ubicada en esa clase media tan absolutamente estadounidense, if you know what I mean. Ello no evita que su corazón lata por Willie (Timothy Hutton), el vecino que vuelve al pueblo natal desde la ciudad -eso ya está muy visto- y al que no conocía. Curiosamente, y pese a que suene contradictorio, la ingenuidad de Mathilda parece ser bastante mayor que la de Marty, quien alcanza a arañar la posibilidad de un enamoramiento real que es correspondido, de una manera sutil y, por supuesto, absolutamente platónica, por el propio Willie.

La cinta es del desaparecido Ted Demme (Blow) y merece revisarse de nuevo. Además de disfrutarla serán capaces, como yo, de comprobar que la Portman ha sido un ser humano realmente bello en todas las etapas de su vida. 

Aquí les dejo, para los que ya la han visto y no temen de esos marcianitos llamados spoilers, un video que resume el desarrollo de este inocente y tierno flirteo: 

Y por cierto: ¿conocen a alguien a quien verdaderamente no le guste Natalie Portman? 

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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