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Mar de Plata, seis años después

COLUMNA festivalmardeplata

Por: Staff Cine PREMIERE

09 / 11 / 2008

Mar de Plata, seis años después

Crónicas y voces desde la fiesta del cine latinoamericano.

LA HELADERÍA MÁS NOSTÁLGICA DEL MUNDO

Debo aceptar que estaba muy nervioso de regresar al Festival de Mar del Plata. Mucho, lo digo en serio. Y es que hace seis  años, que vine por primera vez a este certamen fílmico, mi vida era completamente diferente. En esos años me convertí en papá, paradójicamente perdí a papá y ahora llevo una familia al lado de Nu (mi mujer) y del pequeño Emi.

Pero el gusto por el cine sigue intacto. Incluso los sueños de hacer algún día cine, siguen ahí, revolotenando en mi cabeza y en el estómago, que donde se gestan (y digieren) las cosas.

Llegué a Mar del Plata (situada a 400 km al sur de Buenos Aires) como menos me lo imaginé: compartiendo el asiento trasero de un auto de lujo con un niño de 6 años. El niño no es mi hijo, aunque las fechas coincidan. Lo juro. Él viajaba a esta playa argentina para pasar un fin de semana con sus padres y el destino, por razones que desconozco,  nos puso en un auto que iba al mismo destino.

Se llamaba Marcos, aunque a fuerza de repetir su nombre durante cientos de veces al día, en los 365 días de sus 6 años de vida, sus padres terminaron por llamarle Marco. Es decir, se ahorraron unas 2 millones 190 mil s's. 

El pequeño Marcos era "hincha" de Boca Juniors y no dejaba de hablar de ellos, aunque estaba triste porque los habían echado de la Copa Sudamericana, al igual que a sus acérrimos rivales River Plate, que quedaron fuera gracias a las Chivas de México. 

Como soy Puma de Corazón y las Chivas ni me van ni me vienen, no me desgasté burlándome de los argentinos que todavía estaban en duelo por la eliminación de su equipo.

Fue un viaje de poco más de 4 horas por una autopista prácticamente recta. En ese tiempo dormí por lo menos dos y el resto "el pibe" Marcos se encargó de hacerme disfrutar y mirar la pampa argentina a través de sus ojos.

Pero la historia tiene un triste final: a menos de una hora de llegar a Mar del Plata y cuando el pequeño estaba listo para meterse al mar y ver la playa, le avisaron que tenía que volver a Buenos Aires, sin siquiera haber pisado la arena.

Él estaba destrozado y debo confesar que yo también. Al final solo pedía que le dejaran comer un helado, pues por extraño que parezca, en esta ciudad hay heladerías que abren las 24 horas del día.

Y fue precisamente como una gran heladería, como el director del Festival de Mar del plata definió a su certamen e invitó a todos los cinéfilos a comerse todos los helados (películas) que pudieran durante los 11 días que dura el certamen. Espero terminar muy empachado. 

Así comenzamos esta aventura por Argentina. Ahora me presento: mi nombre es Salvador Franco, le voy a los Pumas, soy fanático y colaborador de Cine PREMIERE y ahora sé que me gustan los helados y que algunos, pueden ser terriblemente trágicos.

–Salvador Franco Reyes / Enviado Argentina

 

 

Staff Cine PREMIERE

Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.

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