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Noah Baumbach, ¿el mejor director norteamericano de su generación?

COLUMNA Ciudadano Rosebud

Por: Carlos Jesús González

19 / 04 / 2017

Noah Baumbach, ¿el mejor director norteamericano de su generación?

Ni Wes Anderson. Ni Paul Thomas Anderson.

Hay una silenciosa guerra entre los que opinan que el mejor cineasta norteamericano de su generación es Wes Anderson y los que, por el contrario, dan su voto al otro Anderson, de nombre Paul Thomas (P. T., para los cuates). Estos últimos acusan al director de El gran Hotel Budapest de ser fabulador y efectista, mientras que los primeros juzgan al responsable de Petróleo sangriento de denso y pretencioso. Mi consejo: dejaos de haceros bolas y miren hacia los contornos de ese cuadrilatero imaginario. Allí, en los primeros asientos, se halla un montón de gente cuya trayectoria es tan impecable que merecen, en idéntica medida que los Andersons, el respetado título de auteur. Uno de ellos es Noah Baumbach (cuya más reciente película, The Meyerowitz Stories, fue recientemente adquirida por Netflix y también es parte de la selección de Cannes 2017).

Aunque estilísticamente se halla más próximo a su amigo Wes, con quien coescribió La vida acuática con Steve Zissou y con el que, por demás, parece competir en cuál de los dos rescatará las mejores canciones del pasado para ilustrar los soundtracks, Baumbach es bastante menos lúdico. Digamos que le resta un par de rayitas a la farsa e invierte más en la psicología de sus personajes, cuestión que, aunada a sus obsesiones geográficas –prácticamente todas sus películas se adentran en la psique de la misma clase social neoyorquina–, lo convierte en una especie de alumno dedicado de Woody Allen, uno que, eso sí, ha estudiado a detalle la filmografía francesa, desde Chabrol hasta Ozon.

A diferencia de Allen, sin embargo, las películas de Baumbach se centran no en los conflictos que surgen desde dentro del individuo y que poseen cierto cariz atemporal y perpetuo, sino en los que son generados circunstancialmente, es decir, a partir del efecto que el contexto tiene en la persona. Lo suyo es retratar la manera en la que la edad, el hipsterismo, la soledad, la hipercomunicación o el uso de las redes sociales influyen en la conducta del hombre actual. O más bien en la mujer, porque si hay algo destacable en Baumbach –y que lo distancia aún más de Allen– es su efectividad a la hora de explicar el mundo a través de la feminidad contemporánea. De allí que Greta Gerwig, más allá de actriz fetiche y, claro, su pareja en la vida real, debe concebirse como su alter ego, aquello que el cineasta sería o le tocaría ser de haber nacido con ovarios y habitar en la Gran Manzana: una chica insegura y dulce, deseosa de querer y ser querida, pero a la vez amante de su libertad. Como la Brooke de Mistress America; como la Frances de, ja, Frances Ha.

Pero, ¿es el cine de Baumbach pretencioso, incluso un poco impostado? Quizá, pero ese toque intelectualoide es parte de su impronta y una característica elemental de títulos como Historias de familia, una película que cualquiera que se precie de director de cine hubiese querido rodar, Andersons incluidos.


Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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