Inframundo: La rebelión de los Lycans

Tercera entrega de la saga iniciada en 2003 por Inframundo —y continuada por Inframundo: La Evolución tres años después—, una suerte de película de aventuras poblada por dos de los personajes más emblemáticos del cine de terror, pero cuyo mayor mérito se encuentre quizás ya no en el cruce de géneros, divertido como pueda resultar, sino en la convicción con que se configura el añejo conflicto —un antagonismo épico, de proporciones míticas casi— entre vampiros y licántropos, sus legendarios protagonistas.
Una precuela a lo visto en las dos entregas anteriores de la serie, la cinta narra los orígenes de dicha rivalidad entre la élite de vampiros y los antiguos esclavos de estos, una raza de hombres lobo conocidos como lycans cuyo líder Lucian traiciona a sus amos al enamorarse de Sonja, hija del cruel e implacable Viktor, rey de los vampiros. Será este amor, trágico como es de adivinarse, semilla de la conflagración.
Resulta difícil no dejase llevar por lo romántico de la premisa, una suerte de Romeo y Julieta en la que todo folclore —la sensualidad del vampirismo, la necesidad de alimentarse de todo chupasangre o los eternos conflictos de identidad del licántropo no juegan papel alguno aquí— cede ante una historia de amor e intrigas palaciegas. De alguna manera, cuando uno y otro bandos están compuestos por seres inmortales de increíble poder, el estremecimiento que tradicionalmente provocan éstos en el espectador se diluye junto con todo su valor metafórico. Y son los vampiros, curiosamente, los personajes cuya rancia y encastada presencia más pierde, reducidos como están a ser representantes de una afectada aristocracia, magnífica pero pedante y estirada, y cuya amenaza simplemente palidece ante el poderío brutal e inhumano de esos formidables lobos a los que no atinan más que a pelarles los dientes.
No cabe duda que el arma más mortífera de un vampiro ha sido y será siempre la seducción, sin embargo, y ante la ausencia de Kate Beckinsale, toca a Rhona Mitra —la vimos en 23: La revelación— aportar el atractivo visual a una saga cuya principal razón de ser ha sido siempre éste.
– Antonio Camarillo
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yo era seguidor de estas peliculas pero la verdad
la trilogia es muy aburrida