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Por: César Albarrán Torres

31 / 12 / 1969
entrevista

Oliver Stone: de cómo retratar a Bush

¿Hay polémica en su retrato de W.?

Por Vera Anderson / Corresponsal Hollywood

Uno de los directores más incendiarios de Hollywood se vuelve a meter, como lo hiciera en JFK y Nixon, a las paredes de la Casa Blanca, dirigiendo una suerte de biografía no-oficial sobre George W. Bush. Titulada simplemente W. en Estados Unidos, en México recibe un nombre... mmm... pues muy mexicano: Hijo de... Bush. Esto fue lo que el director nos dijo en exclusiva:

En retrospectiva, ¿cuáles eran tus expectativas con respecto a la reacción del público cuando te propusiste hacer esta cinta?
Hice esta película con la esperanza de que mucha gente la viera y que compartiera la compasión y comprensión por estos personajes. Todos ellos tienen su propio punto de vista. Como expresé en Cara cortada, nadie comienza la mañana pensando en ser malo. En la cinta mostramos con claridad las razones que tiene el Sr. Bush para defender sus creencias. Él mismo afirma que cree en la libertad y la democracia, en una agenda y un modelo para el Medio Oriente basados en Irak. El Sr. Cheney tiene un punto de vista sobre el petróleo y la geopolítica. El Sr. Rumsfeld tiene un punto de vista sobre “drenar el pantano”... Lo que mostramos está basado en investigación tan sólida como una roca: posiciones externadas en público que se hicieron durante sus años en el poder y que están bien documentadas. Además de contar una historia de la forma más entretenida y emocionante posible, es muy importante para mí ser muy fiel a los hechos porque como dramaturgo mi única responsabilidad con el sujeto en cuestión es contar la historia de la forma más certera posible. Ahí también es donde termina mi responsabilidad. La percepción nace del ojo del espectador. Escapa de mis manos si la gente odia a la derecha o la izquierda.

La mayoría de las películas históricas requieren de cierta distancia, de cierto tiempo con respecto a los acontecimientos, ¿por qué decidiste contar esta historia ahora?
Porque sentí que era importante, urgente. Ese hombre ha cambiado la historia en los años que estuvo en la presidencia. Ha cambiado al mundo. Ha cambiado nuestras vidas. Nunca había sentido tanta urgencia en mi vida. La guerra de Vietnam fue algo urgente pero yo era más joven. Watergate fue urgente también, pero nada como esto. ¿Cómo llegamos a este punto? ¿Hacia dónde vamos?

¿Te has enterado si W ya vio la película, y de ser así, qué pensó de ella?
Pienso que si yo hiciera una película sobre tu vida no todo lo que apareciera en ella te haría feliz. A mí no me haría feliz en lo absoluto ver mi vida en una cinta. Pero no me propuse hacerle daño a ese hombre; no hice la película con un sentimiento de malicia u odio ni para lastimar. La hice como un dramaturgo, lo que quiere decir que mi trabajo no es sentir aprecio por él, sino entenderlo. Yo no buscaba confrontación. La Casa Blanca emitió ciertas declaraciones y dijo algunas cosas negativas sobre nosotros. Pero ninguna de esas personas admitió haber visto la película, de hecho nunca la verán, sino que seguirán difamando y lanzando comentarios basándose en sus ideas iniciales. En lo personal me encantaría que W viera la cinta. Pienso que se sorprendería al ver que la interpretación de Josh Brolin le da el beneficio de la duda y lo hace lucir más atractivo, con un mayor encanto y carisma. Pero tal vez la vea dentro de unos 20 años.

¿Cambió de alguna forma tu visión sobre Bush durante la realización de este filme?
No, porque sigue diciendo las mismas cosas que al comienzo de su tiempo en la presidencia. Pasó algo curioso con Jon Stewart cuando estaba haciendo la parte donde tiene que dar el discurso para pedir los $700,000 millones de dólares, o algo así, y estaba muy apurado viendo su reloj y en un clip posterior al 11 de septiembre tiene justo el mismo lenguaje corporal, cuando solicita poderes extraordinarios para hacer todo lo que quiera, como diciendo ‘¡Dénmelo todo! Lo estoy esperando, me lo merezco’. Lo dice sin emoción. Nixon tenía una figura trágica porque le pesaba una duda sobre sí mismo, y algo de culpa, pero parece que George W. Bush se cree John Wayne.

 

Autor

César Albarrán Torres

Es investigador del Programa de Culturas Digitales de la Universidad de Sydney. Es el editor fundador de cinepremiere.com.mx y escribe sobre cine, televisión y tecnología en diversos medios nacionales e internacionales.

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