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Reporte cinéfilo: Tenemos que hablar de Kevin

COLUMNA Viajes a la luna

Por: César Albarrán Torres

20 / 11 / 2011

Reporte cinéfilo: Tenemos que hablar de Kevin

 

Sin razón aparente, Kevin, un adolescente de 16 años, asesina a siete de sus compañeros, a un maestro y un trabajador de la preparatoria. Eva, su madre, tiene que lidiar con la culpa y preguntarse si sus propias decisiones como madre llevaron a su Kevin a realizar ese acto atroz. Tras los lamentables asesinatos múltiples que se han dado en las preparatorias de Estados Unidos, el cine ha intentado meterse en la mente de los asesinos (Elefante, de Gus Van Sant) y tratar de entender los mecanismos sociales que llevaron a adolescentes a cometer tan terribles crimenes (Masacre en Columbine, de Michael Moore). Sin embargo, la mayoría de estas exploraciones han sido un tanto moralinas y superficiales, y pocas veces se han analizado las dinámicas familiares que devienen en balas, gritos y desconcierto.

Tenemos que hablar de Kevin (We Need to Talk about Kevin), la más reciente cinta de la realizadora escocesa Lynne Ramsay, explora la dinámica entre una madre y su hijo, y las carencias emocionales de ambos que llevan al cruento desenlace. Basándose en la novela de Lionel Schriver, escrita en primera persona desde el punto de vista de Eva, Ramsay construye un filme de alto poder visual que se experimenta como un flujo de consciencia, brincando de un tiempo a otro (se explorarn tres etapas en la visa de Kevin), de un estado emocional a otro, de textura en textura (aunque por momentos barroco, el filme es un dechado de arrojo tras la cámara y en la sala de edición). El título de la cinta resulta intrigante, ya que en el desarrollo de la misma casi nadie, ni Eva ni su marido Franklin (John C. Reilly) hablan mucho de Kevin, dejando que se pudran en el silencio preguntas y respuestas que podrían resolver el misterio que es su hijo. Como Eva, Tilda Swinton es magnífica (sería detestable que la Academia no la nominara al Oscar), mostrándose fría y vulnerable ante un hiijo con el que simplemente no puede establecer conexión alguna. G y yo pasamos un largo rato discutiendo los varios laberintos psicológicos que se despliegan en el filme. "¿Y si Kevin hizo todo esto sólo porque quería que su mamá lo quisiera?", "¿Hay asesinos por naturaleza?", "¿Crees que Kevin haya matado a la mascota de su hermana?".

Tenemos que hablar de Kevin es un filme de difícil digestión. Al salir de la sala te inundan al menos una decena de preguntas: ¿Para qué tener hijos? ¿Y si mi hijo es malo? ¿En qué momento crece torcido el árbol de una relación madre/hijo? Pero al fin y al cabo eso hace el buen cine: abre puertas que son difíciles de cerrar.

Síganme los buenos: @cesar_pescado

César Albarrán Torres

Es investigador del Programa de Culturas Digitales de la Universidad de Sydney. Es el editor fundador de cinepremiere.com.mx y escribe sobre cine, televisión y tecnología en diversos medios nacionales e internacionales.

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