Revista del Mes SUSCRÍBETE
app store play zinio
Revsita del Mes
SÍGUENOS EN

CinePREMIERE

Por: Sergio López Aguirre

31 / 12 / 1969
noticias

Revisando la programación de San Sebastian 2011

Desde la sueca Happy End hasta el humor sci fi con Extraterrestre.

La recta final de un evento de las características del festival de San Sebastián se asemeja mucho a los últimos kilómetros de una carrera de fondo: hay que dosificar fuerzas en un ejercicio de cálculo sobre las propias posibilidades de uno en lo referente a visionado de películas, cobertura de ruedas de prensa, entrevistas… Cuando uno corre un maratón, pongamos por caso, lo último que espera de la organización de la prueba es que tras 35 kilómetros, en los siete últimos le ponga un trazado de repechos rompepiernas.

Del mismo modo lo que menos se espera de los programadores de un Festival de Cine es que en las últimas jornadas saturen la programación, singularmente la Sección Oficial con una tercera proyección adicional (después de la comida, nada menos) a las dos que tienen lugar en la mañana.

En medio de este sinsentido me hallo, haciendo encaje de bolillo para ver como puedo cuadrar agenda y ver todas las películas que faltan y cruzando a su vez los dedos para que un ejercicio de encaje tan complicado no se vea destrozado por la concesión, a última hora de entrevistas. Esta tarde tengo dos casi seguidas.

A las 18:30 con Benito Zambrano, director de La voz dormida, a las 19:00 con Guillermo Arriaga, jurado de la Sección Oficial. Todo esto después de salir a las 18:21 de ver una película y antes de acudir a otro pase a las 19:30. O sea que entre las 16:00 y las 21:00 no voy a tener ni un momento de respiro.

Pero como a ustedes lo que les interesa es el cine que aquí se proyecta y no mis cuitas de corresponsal al borde del desfallecimiento, paso a darles cuenta de lo visto en las últimas horas por aquí, empezando, como es costumbre, por la Sección Oficial.

El cine sueco nos deja fríos

Happy end, largometraje sueco dirigido por Björn Runge inauguró ayer en la tarde las proyecciones semiclandestinas de sobremesa del concurso donostiarra que se completarán hoy con un largo (139 minutos) largometraje  portugués y mañana con un título griego.

Y viendo este film nórdico uno se teme lo peor, que esa falta de visibilidad que el Festival ha reservado a estas películas se deba a su mediocridad (resucitando el fantasma de ediciones pasadas). Ver una película escandinava en el concurso donostiarra es tan inevitable como la lluvia en esta ciudad.

Cierto que los habitantes de esos países no son precisamente la alegría de la huerta y que la melancolía atenaza sus narraciones, pero si lo que nos ofrecen son  obras contundentes, rotundas poco importa estos aspectos culturales. Uno piensa en un Bergman, en un Dreyer o en un Von Trier y tiende a importarle poco lo apesadumbrado de sus caracteres o lo atormentados que resultan sus personajes. Ve, sin embargo, una obra tan anodina y de escaso vuelo como Happy end (no se fíen del título, ni siquiera como ironía tiene valor) y se le quitan enseguida las ganas de visitar esos países.

Con hechuras de telefilme y unos personajes al límite (suicidas en potencia, maltratadores, viudas que parecen vivir en un luto perpetuo, gángsters de medio pelo) la cosa deja de interesar hacia mitad de la película cuando uno intuye que aquello no va a avanzar hacia ningún lado (cosa que se va confirmando poco a poco) y que la realización de Björn Runge resulta tan mortecina como sus personajes.

La voz dormida: la memoria de los vencidos y la credibilidad de su representación

Siguiente parada: España. Si los suecos son gente, por lo general, contenida y reservada, el nivel de extroversión y la pasión que nos caracteriza a los españoles empieza a ser un problema cuando lo que se pretende es narrar nuestra historia reciente. Tendentes como somos a atrincherarnos en posturas inflexibles y a reivindicar nuestras virtudes exaltando los defectos del adversario, la Guerra Civil Española sigue siendo un tema mal abordado en nuestra cinematografía. Ni siquiera un cineasta tan sutil en sus formas y tan honesto en sus planteamientos como Benito Zambrano (Solas, Habana Blues) ha podido sustraerse al maniqueísmo en La voz dormida (una de las películas españolas más esperadas de la temporada).

Convengamos, sin embargo, que esas posiciones que van en contra de la credibilidad de la narración (por mucho que se ajusten a la verdad histórica) tienen lugar únicamente en el arranque de la película. Según va ganando peso el personaje de Pepita (maravillosa composición de la novel María León) como reflejo de esa cobardía revestida de ignorancia que ha posibilitado históricamente la humillación permanente de las clases más desfavorecidas, la película sube bastantes enteros.

Cuando la Historia queda de lado y se van imponiendo las emociones el relato resulta perturbador, hondo y conmovedor en su evocación de lo que fueron aquellos años de dolor y de la dignidad de los vencidos. Película muy desigual, uno está, sin embargo, convencido que es una mejor opción para representar a España en los Oscar que Almodóvar en su aparente sencillez y su nada disimulado clasicismo.

Relato de iniciación made in China

La jornada a competición se ha completado con la china 11 flowers de Wang Xiaoshuai, acaso el nombre más conocido de los directores adscritos a la Sexta Generación de cineastas chinos. Relato de iniciación que en su aproximación a la infancia le sitúa cercano al film Kore-Eda comentado ayer y en su carácter nostálgico al de Julie Delpy, uno tiene la sensación de que se requeriría un conocimiento más preciso de la Historia china para asumir el carácter alegórico que (se intuye) el cineasta pretende darle al relato.

Es una película que se ve con agrado y una cierta inquietud al empatizar con el niño protagonista y descubrir de su mano las miserias de una sociedad que en su aspiración igualitaria termina por generar automatismos insoportables aplicando estándares de evaluación sobre las conductas ciudadanas sin contemplar el motivo que las inspira ni su intención, tan sólo el resultado de las mismas. En este sentido se trata de una película muy sutil en su planteamiento y desarrollo y, desde el punto de vista narrativo, tampoco vamos a descubrir a estas alturas la sensibilidad estética que atesoran los cineastas chinos. Pese a todo ¡ay! genera un cierto grado de frustración en el espectador sin que uno llegue a asumir muy bien el porqué.

Extraterrestre: una comedia que no parece de este mundo

De postre y para huir de tanta intensidad narrativa acudí a la premiere de la española Extraterrestre de Nacho Vigalondo (cineasta nominado al Oscar con su cortometraje 7:35 de la mañana y autor de una obra de culto como Los cronocrímenes). En esta ocasión nos ofrece una estupenda comedia estructurada sobre las mentiras que va generando una pareja en torno al novio de ella y a su vecino, para poder consumar sus encuentros sexuales, todo esto con una invasión alienígena como telón de fondo.

Cinco personajes y un sentido del humor absurdo acompañado por el estoicismo de unos actores que con el mínimo gesto producen auténtica hilaridad.

Mañana más.

Autor

Sergio López Aguirre

Stanley Kubrick alguna vez dijo "Para tener una visión más amplia, no sólo vean cine bueno, también el malo" obvio le hice caso en lo segundo y es muy divertido.

Ver más artículos de Sergio López Aguirre

COMENTARIOS

News

¿Ya atrapaste Pókemon?

¡Ahora atrapa las mejores trivias en nuestro newsletter!

SUSCRÍBETE AL NEWSLETTER

Tú quieres reír

CINE PREMIERE TIENE ESTAS RECOMENDACIONES PARA TI...

Más películas