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Y dónde está el Blu-ray

Por: Sergio López Aguirre

18 / 08 / 2008
1/79

Robert Downey Jr.: Con el temple de hierro

 

Por Carlos Jesús González / Corresponsal Berlín

No fueron pocos los sorprendidos cuando se anunció que Iron Man: El Hombre de Hierro sería protagonizada por Robert Downey Jr., aunque quizá escepticismo sea un término más adecuado. Varios amigos cinéfilos juzgaron de arriesgada y/o estúpida la participación del susodicho en lo que a todas leguas se anunciaba como un blockbuster. “Su registro es distinto”, decían unos, mientras otros aseguraban que “caería más bajo que con una vuelta a la heroína”. Incluso Kurtz –yo lo llamo coronel Kurtz, cosa que parece hacerle mucha gracia porque se ríe siempre que lo hago–, el alemán a cargo de la tienda de comics que frecuento y quien parece poseer un doctorado en superhéroes, movió la cabeza de un lado a otro al preguntarle su opinión, como si el pretzel que en ese momento devoraba se hallase enmohecido.

Eso, ya se sabe, fue hace algunos meses. Si ahora tuviese la misma discusión con idénticos personajes todos ellos fingirían amnesia y mirarían hacia la izquierda, que es a donde se dice que miran los que mienten. Por el contrario, yo esta vez puedo ufanarme de haber confiado desde un principio en que no podría haber mejor Tony Stark que el encarnado por Downey Jr., o Robertito, que es como le digo con pleno derecho de causa pues lo conozco desde 1985, año en que la hizo de “malo” en aquella cinta que algunos freaks consideran de culto y que en México se tituló Ciencia loca y en donde lo más rescatable, además de las piernas interminables de Kelly LeBrock, es justamente la participación aquel mozalbete de ojos saltones y voz grave que se mueve como un gato montés herido. Vale la pena revisar esa película y luego apreciar la desesperación que destila en Corrupción en Beverly Hills, su primer papel “serio”, y de allí seguirse con Chaplin, El infiel, Una mirada a la obscuridad o Zodiaco. Da igual. En sí, bastaría con echarle un vistazo a no más de cinco filmes suyos, cuente o no con el rol protagónico, para comprobar que su calidad interpretativa es fuera de serie. Camaleónico a morir pero a la vez elegante, Downey Jr. es el David Bowie del celuloide y sus metamorfosis histriónicas, así como las que pueden registrarse en su vida –más parecida a la de un escritor genio y decadente que a la de un miembro del star system– saltan de los infiernos a la plenitud absoluta con un simple parpadeo, con un gesto, con pronunciar un yes o un no o un maybe. Y eso me ha sido suficiente para que desde hace muchos años lo tenga considerado el mejor actor de su generación, uno que sin duda sabrá sobreponerse al éxito del momento. Después de todo, gracias a su temple de hierro ha sobrevivido a cosas peores, mucho peores.

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