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Por: Clara Itzel Hernández Valladares

31 / 12 / 1969
entrevista

Roger Moore: Bond es para siempre

Habla sobre la vida después del 007, Daniel Craig y sus martinis favoritos.

Por Ileana Young / Celebritext

Roger Moore fue James Bond desde la mitad de los 70 y durante los 80 en siete filmes, incluyendo Vive y deja morir (1973) y La espía que me amó (1977). Nacido en Stockwell, Londres, la estrella de 81 años hoy vive en Suiza con su cuarta esposa, Christina Tholstrup, y acaba de publicar una nueva autobiografía: My Word Is My Bond. Esto es lo que nos dijo.

¿Has visto las nuevas versiones de tus cintas en Blu-ray?
Si no me puedo dar el lujo de escuchar la radio, menos de ver algo en Blu-ray –ríe–. No, sí tengo el sistema, pero no lo he instalado todavía porque no he estado en Suiza, pero regresaré antes de Navidad y ése será mi regalo.

Cuando recuerdas los filmes del 007, ¿cuáles son las memorias más fuertes que tienes?
¿Aparte de que me pagaban los viernes? Creo que algunos de los increíbles lugares donde hicimos Vive y deja morir. Manejar, o intentar manejar, un bote a través de los pantanos, de los cocodrilos... no es un recuerdo agradable. Creo que las impresionantes locaciones, como el filmar en Nueva York o en la autopista Kennedy alrededor de Manhattan. Fue extraordinario estar involucrado en una producción tan grande y que todas las acrobacias estuvieran tan bien cuidadas.

¿Alguna vez estuviste en peligro con alguna maniobra?
Todo el tiempo, especialmente los viernes cuando intentaba que me pagaran. Siempre pensaba que me matarían en las primeras semanas para que les dieran lo del seguro y comenzar de nuevo con alguien más. Aunque luego, ya por el final, me ponía nervioso cuando sabía que tenían suficiente material para terminar la película, cobrar lo del seguro y terminar con alguien más, filmado sobre el hombro.

¿Qué fue lo más peligroso que sucedió?
Besar a Grace Jones (May Day en En la mira de los asesinos, 1985).
      

                                                                       Grace Jones y Roger Moore.

Hay una parte en En la mira de los asesinos en la que mientras persigues a Grace Jones en la Torre Eiffel, de repente te detienes y dudas. Por un momento parece como si pensaras: “Ya estoy muy viejo para hacer esto”. ¿Sucedió eso?
Sí, mucho. Ya estaba envejeciendo demasiado para seguir con esas cosas. Te diré que Cubby (Albert Broccoli, productor) y yo apenas tuvimos una semana para filmar esa secuencia en la Torre. Nos dieron permiso de utilizar la plataforma de en medio y para llegar a ella, teníamos que detener el elevador a mano, porque no paraba ahí normalmente. Así que nada más podíamos utilizarlo muy temprano en la mañana y hasta después de filmar. Yo terminaba como a las dos de la tarde y teníamos que caminar hasta abajo. Todavía tres días después de eso, Cubby no podía caminar.

¿Te interesa el destino de James Bond?
Tengo una especie de interés paternal con lo que sucede, independientemente de Barbara Broccoli y Michael Wilson, los productores actuales. Son amigos míos y espero (y confío) que la franquicia continuará por lo menos un par de décadas más.

¿Viste cómo eran Timothy Dalton y Pierce Brosnan en los años que interpretaron al agente?
Sí claro, muy buenos. Daniel Craig fue maravilloso en la historia de Sylvia Plath (Sylvia, 2003), el interpretó a Ted Hughes. Y también Pierce hizo muy buen trabajo, todos me gustaron.

¿Te gusta que Daniel Craig sea el nuevo tú?
Bueno, no es yo, pero como Bond sí es muy bueno.

Es muy diferente a ti...
Claro, pero cualquiera sería diferente a mí. Me recuerda un poco a Sean (Connery), ya sabes, por la dureza. Creo que es genial. Es un look completamente diferente para Bond. Es muy duro y las cintas tienen cosas que ni yo, ni mis stuntmen hubiéramos podido hacer. Habríamos pensado: “Eso es todo amigos, nos están tratando de matar”. Creo que lo que hacen hoy es de primera clase.

¿Hay alguna cualidad que compartan todos? ¿Algún gen James Bond?
No creo que sea necesario tener algo en particular para el papel, sólo estar en el lugar adecuado en el momento adecuado... y siempre recordar el diálogo de “Mi nombre es Bond”.

¿Por qué crees que la serie haya durado tanto?
Es la franquicia más larga de todas porque los productores nunca han engañado al público. Siempre han puesto todo el dinero en la pantalla. En broma diría que nunca me lo han dado a mí, todo se ha ido a la pantalla. También ayudó que cuando Kennedy dijo que le había gustado Dr. No (1962) la volvieron a sacar en Estados Unidos y él la convirtió en un éxito. El público no se decepcionó cuando la vio y querían más. Sean y Cubby hicieron un buen trabajo convirtiéndola en una serie muy exitosa.

Las primeras cintas trataban sobre la Guerra Fría, pero ya se terminó y hay que mudarse a un nuevo capítulo. Hoy en día es más realista...
Siempre hay algo que pone en riesgo la seguridad del Reino Unido y de la Reina. Después de todo, él trabaja para el Gobierno de Su Majestad, así que cualquier cosa que sea considerada un riesgo y que en la ficción pueda ser eliminada por Bond, está bien. Sería espantoso que lo hiciéramos de verdad y la gente no se pudiera enterar hasta 50 años después cuando la información sea desclasificada.

¿Crees que alguna vez habrá una Bond femenina?
Pues sería algo difícil, a menos que tuviera muchas conquistas lésbicas.

Tienes un contrato de por vida con Bond...
No tengo ningún problema de hablar sobre él o estar conectado con la franquicia. Fue algo que hice, lo vean bien, mal o indiferente. Hice siete películas y me la pasé muy bien haciéndolas.

Hace poco saliste en la televisión en un programa sobre tus trajes de Saville Row. Es una gran parte de porqué el 007 siempre se veía tan bien, ¿qué tan importante era eso?
Supongo que lo era. Sean fue el primero en ser llevado a Saville Row, con los zapatos, trajes y camisas adecuadas, y a mí me tocó también. Aunque creo que yo heredé parte de eso de las series que hice: El santo y The Persuaders.

¿Has conocido a un Bond de verdad?
Si hubiera conocido a alguno no lo sabría porque los agentes reales no andan por ahí diciendo: “Mi nombre es Bond y soy un espía”. Pero sí conocí a la viuda de uno.

¿Qué compartes con ellos en términos de estilo de vida?
Manejamos a 220 km por hora, yo cargo una PPK... No, no tengo nada en común con el 007. Sólo se parece físicamente al que yo interpreté.

¿Pero te gustan los martinis de vodka?
No, me gustan de ginebra, aunque sólo me tomo tres o cuatro al año. Y te diré que sólo los tomo cuando voy o vengo de Suiza en auto hacia Málaga y me detengo en uno de los mejores restaurantes del mundo llamado Maison Pic en Valencia. Siempre reviso si un lugar es bueno o no, al probar su martini seco.

¿Podrías haber hecho otra cinta si hubieras querido?
Sí, pero ya estaba muy grande. Las chicas eran más jóvenes que mi nieta...

¿Qué dices sobre que alguna gente cree que Bond tiene que ser rudo para ser icónico?
La gente ve lo que quiere ver y con Daniel Craig se preguntan quién demonios fueron los tipos que lo interpretaron antes.

¿Crees que está reinventando al agente?
Claro que lo está haciendo. Creo que Barbara Broccoli y Michael Wilson lo están reinventando en contra de toda la oposición que hubo al escoger a Craig. A mí me parece una decisión excelente.

¿En tus días te topaste con alguna oposición?
No sé, porque en cuanto se anunció ya estaba en un avión hacia Nueva York, Nueva Orleans, Jamaica… y lo único que me preocupaba era dónde estaba el baño y cómo podía escaparme de los cocodrilos.

¿Qué tanto hay de la franquicia en tu autobiografía?
Bastante, porque repaso todas las películas que hice. Tanto las del 007, como las que no. ¿Qué no la has leído? Sal de aquí. No te voy a regalar uno. La primera sección del libro es sobre mi niñez, los años importantes, de cómo me convertí en actor y de ahí se va a mi vida, al ejército, a mis años de lucha para conseguir trabajo, Hollywood y finalmente ya entro en tema de Bond. La última sección es sobre la UNICEF, que es la parte importante de mi vida.

¿Eres cándido en él?
No es de chismes. Si no tengo nada bueno qué decir de alguien, no digo nada. Así que no hablo de Grace Jones.

¿Por qué escribirla ahora?
Pues me tomó 80 años aprender a escribir. Mi esposa me dijo que debería hacer esto. Se aburrió de escucharme contar las mismas historias. Las escribí y hasta Michael Caine me dijo que lo hiciera hace años. Sólo lo había pospuesto. No escribí sobre personas que siguen vivas y sobre quienes tal vez no diría algo tan bueno. Lamentablemente, muchos de mis amigos ya murieron, pero sobre todos escribo con afecto.

¿Pasas mucho tiempo en Londres?
Tengo una hija ahí. Mi esposa también, así que tenemos razones para venir seguido, pero ya no tengo casa aquí.

¿Alguna vez regresas a Stockwell?
De hecho voy la semana que entra. Así empecé El Santo, porque Stockwell en realidad es The Satin (El Satín). Voy a ir en un taxi negro por parte de la BBC Londres. Quieren que recorra todos los lugares donde crecí, la escuela donde la gente explotó... Será interesante porque no he regresado desde que crecí ahí.

¿Qué quieres ver cuando vayas a Stockwell?
Sobre todo me interesa visitar Albert Square, donde pasé la mayor parte de mi niñez y tal vez visitar a Joanna Lumley (modelo y actriz de la serie The New Avengers), que vive a dos casas de donde yo vivía. Pero ahora es un lugar nice. Cuando yo viví ahí no era así. Te digo que a donde me mudo, el vecindario decae.

Estabas hablando el otro día en el radio sobre un mono que tenías de niño.
Sí, “Jimmy the monkey”. Tenía una tía que vivía con nosotros y ella trajo al changuito. No sé por qué no se lo llevó cuando se fue, pero se quedó con nosotros y era genial, era un gran personaje con quién vivir. Realmente no lo veíamos como un animal, sino como otro miembro de la familia. A veces hacía una travesuras terribles. Odiaba a los gatos, los jalaba de la cola, y le tenía miedo a los perros. A la vecina de junto le jalaba el pelo y ella le aventó una tetera. Otra vez, se metió al baño de los vecinos lleno de lodo después de pasar todo el día en el jardín y brincó por las paredes blancas. Cuando llegaron, vieron a este mono todo mojado como una rata sentado en su bañera. Escuchamos los gritos.

Suenas como una persona traviesa. Tienes un sentido del humor peculiar.
Soy un pequeño diablo. Siento que la vida es algo muy difícil de pasar si no tienes un buen sentido del humor. Además, siendo actor y viéndote en pantalla, si no tienes sentido del humor, vas a ser bastante miserable. A menos claro, que estés enamorado de ti mismo.

¿Te has arrepentido alguna vez de interpretar a Bond?
No, por supuesto que no. Me la pasé de maravilla ganando dinero siendo el héroe de cualquier niño.

Siempre pareces una versión chistosa de James Bond...
Realmente soy la versión chistosa de mí mismo. La gente me ve y piensan: chistoso.

¿Te imaginas haciéndole de villano en alguna cinta futura de la franquicia?
Me imagino de villano sólo si tienen villanos geriátricos, sí. Me encantaría interpretar al malo, siempre tienen los mejores diálogos. Ya sabes, para destruir al mundo, construyendo imperios y lo que te harán. “Morirás, Señor Bond”. En verdad son maravillosos. Pobre Jim, lo único que dice es “Mi nombre es Bond, James Bond”.

¿Qué te gustaría hacer como villano?
Pues no he pensando cómo sería, pero un villano siempre es alguien que implícitamente cree en lo que está haciendo. Estoy seguro que Hitler no creía que era un hombre malo. Seguramente pensaba que era maravilloso. Si yo interpretara a Hitler, lo haría como un hombre que está seguro de que lo que hace está bien, aunque todos sabemos lo malvado y equivocado que estaba. Todavía hay algunos por ahí, desde Gran Bretaña hasta Zimbabwe, la maldad de Mugabe... pero yo no debo ser político. Y luego están esos terroristas que niegan a Israel.

¿Fue difícil la vida después del 007? ¿Te sentiste encasillado?
Sí, pero no por las personas, sino por los productores. Recibí cantidades masivas de guiones sobre explosiones y disparos, y yo no quería hacer nada de eso. Afortunadamente, en ese momento llegó la UNICEF. Financieramente es... yo recibo $1 dólar al año libre de impuestos, en efectivo y eso ha llenado mi vida y la de mi esposa. Ella también disfruta ser parte de esto. Es una recompensa e infinitamente más satisfactorio que andar ahí como actor. Pero no si hubiera sido actor, no le hubiera servido mucho a la UNICEF, simplemente porque somos un grupo de embajadores de bondad y siendo celebridades, a los medios les da curiosidad saber qué estamos haciendo.

¿Quién es tu chica Bond favorita?
Sin duda alguna, Maud Adams, ella hizo dos cintas (Octopussy, 1983 y El hombre del revólver de oro, 1974), además de que es mi amiga y es una de esas criaturas raras entre las actrices que llegan a tiempo, se saben sus líneas... toda una profesional.

     

                                                             Maud Adams y Roger Moore en Octopussy.

¿Hubo mucho comportamiento poco profesional en las cintas?
A veces. Muchas de ellas no llevaban mucho tiempo en el negocio y se requiere cierta disciplina. Realmente no puedes esperar que te estén mimando todo el día. ¿Sueno amargado?

¿Y tu auto favorito?
Me divertí mucho con el minisubmarino de Sólo para tus ojos. Nunca tuve un Aston Martin, tuve uno en The Persuaders pero no como Bond. El Lotus Esprit se me hacía muy incómodo para entrar y salir de él. No me encantan los autos deportivos, los carros a los que te puedes meter de verdad. Tal vez es la edad. Tengo un Mercedes.

¿Eres un hombre de gadgets?
El único aparato que tengo que funciona es la lengüeta de mi cierre. Tengo un iPhone, pero todavía no le he podido bajar contenido de Outlook... eventualmente lo lograré. Es una proeza bajarle programas a mi computadora.

¿Eso te avergüenza e impresiona a la gente (que no sepas cómo funcionan alguna cosas)?
Pues no, no me da pena. No tengo problemas con admitir que realmente no sé mucho.

¿En aquellos días te gustaba manejar todos los gadgets? ¿Era algo que disfrutabas o era demasiado tecnológico?
Pues esperaba que los efectos especiales hicieran que todo funcionara y fingirlo adecuadamente. Creo uno de mis peores momentos con los aparatos fue en Misión espacial (1979), con una góndola que se convertía en un hovercraft (aerodeslizador). Hicimos seis tomas en el Gran Canal de Venecia donde salía aire por debajo de la góndola y ésta se levantaba. Y cada vez me tiraba al agua. Tenía seis trajes idénticos y cinco ya habían desaparecido porque no dejaba de caerme. Había miles de turistas con cámaras, todos riéndose cada vez que me sumergía y tenía que ir a que me volvieran a maquillar, secar y cambiarme. Eventualmente funcionó, pero ya no salió del agua. Así que sólo cortaron rápido y tuve que manejar un auto con la góndola amarrada a la parte de arriba. Eso fue difícil porque no tenía forma de avisarle a la gente que ahí íbamos. No había forma de pagarle a 14 millones de personas en la plaza, así que al final le pusieron una alarma para que me oyeran venir. Pero en cuanto a gadgets, creo que un buen ejemplo son las jet bikes. Nunca habían sido vistas en pantalla, así que de repente estaba yo en Cerdeña y me decían que tenía que aprender a manejar estas cosas. No es muy difícil, excepto por el hecho de que tenía que subirme a ella vestido de traje, y llevarla a mar abierto para que un helicóptero me filmara. Sabía que si se me mojaba el traje, tendría que regresar hasta la playa para cambiarme. Y eso estaba bien, excepto que no tenía comunicación con el helicóptero y cuando éste se acercaba, el viento me empujaba hacia abajo. Eso fue un poco difícil, pero fuera de eso, pues cosas que no tienen sentido como relojes magnéticos o que se convierten en sierras circulares.
      
En tu vida real, ¿eres aventurero?
Todo el tiempo. A veces no me molesto con tener un avión, ¡sólo brinco! No, en realidad no soy nada aventurero. Soy terriblemente miedoso.

¿Te quedaron algunas cicatrices importantes?
Sí, tengo dos agujeros en mi trasero donde la mayoría de la gente sólo tiene uno. En La espía que me amó (1977), me hacen explotar y cometí el error de sentarme en una silla en lugar de pararme detrás de ella. Pensé que le daría más tensión a la escena porque el público sabía que Curt Jürgens –el villano, Karl Stromberg– me lanzaría un misil. La silla tenía una espalda de metal, así que la explosión no me afectaría si me quitaba rápidamente. El problema fue que soltaron la carga justo antes de que me pudiera mover y fue muy doloroso. Hubo humo, llamas, lágrimas y pisadas muy fuertes.
 

Autor

Clara Itzel Hernández Valladares

Clara Itzel es una comunicóloga junkie de los animales, TV, cine, libros, tatuajes, pop culture, té & café. La pueden seguir en instagram (@MissClaraItzel) y leer en ElMoodRandom.com

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