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Por: Vera Anderson

10 / 07 / 2016
entrevistas Russell Crowe

Q&A: Russell Crowe, Dos tipos peligrosos

El actor habla de su mancuerna con Ryan Gosling y de lo que significa ser un actor.

En Dos tipos peligrosos, y bajo la dirección de Shane Black, Russell Crowe da vida a un detective privado bastante... cuestionable: es la clase de tipo que podría encontrar a tu exnovio o exnovia y darle su merecido, a cambio de tan sólo unos dólares. Al lado de Ryan Gosling, el actor explota su vena cómica y de acción en esta cinta veraniega, que sacia nuestra sed por verlo nuevamente en roles carismáticos. 

 

¿Qué se siente estar es una cinta que impulse tu sentido del humor?

Si ves el resto de mis películas, siempre hay un tono cómico de repente. Pero en general no busco hacer un género específico o tipo de personaje, nunca he sido ese tipo de actor. Simplemente respondo al material que tengo en mis manos. Solo pensé que era una narrativa muy cool y que era una historia muy inusual para crear comedia a partir de ella. Si ves al pasado encontrarás que hubo una época en la que algunas decisiones gubernamentales corrompieron el futuro de EE.UU, y creo que eso apeló a la sensibilidad de Shane. Definitivamente tiene una perspectiva original, y por lo cual Ryan y yo tuvimos mucha libertad para maniobrar con los personajes.

 

Ryan Gosling ha dicho que el primer día estaba nervioso por trabajar contigo, ¿cómo fue para ti trabajar con él?
 

De hecho tuvimos algo que rompió el hielo hace dos años. Lo había visto en tres cintas en particular: Drive, Loco y estúpido amor y Poder y traición, una tras otra. Pensé que era alguien especial, así que quise hablar con él acerca de un proyecto. Le hablé y le dije: “¡Hola Ryan!, soy Russell Crowe”, y la primera cosa que me dijo fue: “¡Oh! Ok, señor Crowe. Bueno, supongo que debía haber esperado esta llamada. Perdón por haberme robado todo lo que ha hecho en estos últimos 10 años!”. Así que cuando alguien es así de amable y carismático, sabes que te vas a llevar bien con él. También compartimos cierto sentido del humor absurdo, y me hizo reír cada día de filmación. Es una criatura muy curiosa, examina las cosas y pregunta mucho. Y además es un cineasta y un estudiante del cine, muy preparado para ser valiente con sus decisiones y aventarse cada que alguien dice “acción”. Es muy divertido trabajar con eso.


¿Por ejemplo?

En una película como ésta te descubres a ti mismo en situaciones en las que estás teniendo conversaciones serias sobre cómo uno puede mantener la puerta del baño abierta y cubrirse los genitales al mismo tiempo, mientras estás sentado en el excusado de un baño público. Tan seriamente como si estuvieras preparando una escena en la cual vas a decapitar a alguien. Todo se trata de la fisicalidad, de la acción, de la coreografía y de cómo se puede ser más efectivo en la escena. Así que fue muy disfrutable trabajar con Ryan, literalmente me hacía reír diario.



Estos tipos en la película, no son precisamente “buenos”, ¿te consideras un “buen tipo”?

La felicidad es una decisión, y yo decidí ser agradecido por todas las cosas maravillosas que me ha dado mi trabajo. Hay un cambio natural con el tiempo. Hace unos años, por ejemplo, solo trabajaba con directores que fueran mayores que yo. Y de pronto desde Hombre de acero empecé a trabajar con realizadores mucho más jóvenes.  Si en el arco de tu carrera empiezas a ser el papa de Superman es porque has cambiado. Esa transición, el interpretar roles adecuados a tu edad, es lo que te debe dar alegría en este negocio. Con suerte seguiré aquí cuando se más viejo, quizá hasta hagan un remake de Golden Pond y me toca ese rol. (ríe)

¿Qué consejo le darías a un actor joven?

Bueno, este trabajo es una vocación. Si has llegado a la conclusion de que quieres ser actor de forma lógica, por razones como que te gusta el color de tus ojos o la simetría de tus movimientos, no vas a disfrutar esta profesión. Porque hay tanto rechazo y suele ser muy subjetivo. Así que uno no lo hace por el dinero o por el estatus: lo haces porque eres parte de ese porcentaje de la población que tiene ese ADN medio gitano y porque quieres ser un contador de historias. Si viviera en los tiempos de Shakespeare estaría muy feliz yendo de pueblo en pueblo en esas carrozas de teatro buscando la posibilidad de hacer un show. El hecho de que lo haya podido hacer en una era en la que se adquiere prestigio y glamur al ser actor no hace diferencia. El gran secreto es que haría esto de a gratis. Porque lo amo. Así que les recomiendo a los jóvenes que aspiran a ser actores el leer mucho. Siempre sugiero Siddhartha, de Herman Hesse, o El Alquimista, de Paulo Coelho.

Autor

Vera Anderson

Es escritora, fotógrafa, cineasta y vive en Hollywood con su esposo y su traviesa cachorrita Airedale. Promete estar más activa en Twitter y espera que el guión que escribió con su hermano se convierta en película.

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