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Series retro (I)

COLUMNA Kino central

Por: Carlos Jesús González

27 / 10 / 2008

Series retro (I)

¿Se acuerdan de Blanco y negro y Patrilla motorizada? Un viaje por memory lane… 

Había una vez en el vecino país del norte -antes de los Soprano y las subsecuentes Lost, Dexter, Heroes, et al., y cuando aquí a las series se les decía "series" y no "sitcom"-, en que la calidad de los guiones cinematográficos aún no eran superados por aquellos que se escribían para la televisión. En sí estas últimas todavía eran de cuestionable calidad, por no decir chafas, cutres, montadas con un presupuesto de cinco dólares a los que se les trataba de sacar el mayor provecho en una era donde el Tratado de Libre Comercio todavía no existía. Sin embargo para nosotros, niños ingenuos que portábamos el "lonch" en mochilas de metal -la mía era de Hulk-, bebíamos refrescos marca Titán y engullíamos los ya desaparecidos Rines de Sabritas -a falta de Cazares-, había noches sagradas, noches esperadas con ansiedad a lo largo de la tarde y mientras se hacía la tarea de español sobre la mesa de la cocina, noches reservadas para la leche con chocolate y las quesadillas frente al televisor, noches de -¿y por qué no decirlo?- un bienestar evidente, real, un bienestar que se termina con el primer amor, con el primer sueldo, con el primer viaje, con el primer desamor, con el primer divorcio paternal, con la primera relación sexual, con la primera lectura completa de un diario, con el primer libro serio... un bienestar puro, inocente, que es capaz de disfrutarse por entero hasta que nos damos cuenta de que las cosas son más complicadas de lo que pensábamos, de que a la vida hay que vivirla.

Pero antes, vale la pena recordarlo, fuimos naive. Lo suficientemente ingenuos como para disfrutar las siguientes series:

PATRULLA MOTORIZADA (CHiPs)

De seguro había pocos niños clasemedieros mexicanos que entre 1977 y 1983 ignorasen quién era el famoso "Ponch". Según un amigo de infancia al que me encontré hace poco, el éxito de Ponch entre la audiencia latinoamericana se debía no a la evidente proximidad racial del personaje, como suele pensarse, sino simplemente a que "Jon", su colega, tenía tanta personalidad como la de un apio deshilachado perdido en una ensalada César. Lástima que años después veríamos a ese mismo Ponch con sobrepeso y un español que provocaba pena ajena en aquel bodrio -aunque seguro documento considerado de culto para fanáticos del género- llamado Dos Mujeres, Un Camino, telenovela en la que Ponch había sustituido la moto de A Toda Máquina - algo más estilizada y sin la compañía de su Luis Aguilar a la blonde- por un tráiler ideal para transportar "pollos" por la frontera, razón suficiente para que la inocente -ajá- Bibi Gaytán, veinte años menor que él, se colgase de sus bíceps morenos de latin lover ante la mirada de gata furiosa, de hiena acorralada, de bruja bañada involuntariamente en pila de agua, de la tal Tesorito. En fin, para que abundar en tanta tontería. Definitivamente prefiero quedarme con la imagen del primer Ponch conduciendo por Los Angeles con la increíble música de Alan Silvestri como soundtrack de carretera de la memoria infinita. 

BLANCO Y NEGRO (Diff´rent Strokes)

La primicia de la historia (un viudo millonario y su hija adoptan a dos simpáticos niños afroamericanos del Bronx), es tan inverosímil como el destino que en la vida real aguardaba a los infantes protagonistas tan pronto terminase la serie. Mi amada Kimberly (Dana Plato) acabó actuando en pelis soft porno en donde se le daban mejor las mujeres que los hombres hasta que se le pasaron las cucharadas de Vicodin (hablando de series, ¿no son acaso esos los "dulces" que ingiere el doctorcito House?), y murió de sobredosis en 1999. Y la cosa no fue mejor para el nunca-se-sabe-de-que-está-hablando Willis (Todd Briges) y el chaparrito y encantador Arnold (Gary Coleman) quienes debido al abuso de drogas y/o el típico problema de identidad del niño estrella que pasa a ser nadie y a enamorarse de tipos que usan brackets y sirven whiskeys dobles (véase Magnolia), suicidaron sus respectivas carreras histriónicas con una determinación que de seguro provocó que el intragable Mickey Rooney se rasgase las vestiduras. Antes de ello, sin embargo, nos dejaron una serie que duró de 1978 a 1985 y que a todavía a muchos nos provoca agudos ataques de nostalgia.

Continuará...

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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