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Sólo un sueño (2008)

COLUMNA BlogPaxton

Por: Staff Cine PREMIERE

02 / 02 / 2009

Sólo un sueño (2008)

Hace algunos días, platicando con un buen amigo, la charla giró alrededor del “cine de prestigio”. Yo le decía que debería estar prohibido realizar adaptaciones de novelas. Nada como elaborar la concepción de una película a partir de imágenes, en lugar de tratar de embarrar las parrafadas de una novela en la cámara. Él me decía que también debería estar prohibido que directores teatrales cometieran estropicios al ponerse el chaleco y la gorrita de director de cine. La cruza de las dos tendencias alcanza un nuevo punto bajo con Sólo un sueño (Revolutionary Road, EUA, 2008), apenas filme 4 del británico Sam Mendes.

 

A años luz de intrigantes disecciones sobre la estética de los 1950’s tipo Lejos del cielo (Haynes, 02), Sólo un sueño es la enésima encarnación del resentimiento “Los suburbios apestan” y “Los 1950’s apestan”, que sueña criticar o lanzar mordaces invectivas en contra del Sueño Americano, ése que alcanzó posibilidades de realizarse durante la posguerra. Una anacrónica fantasía de la contracultura, súper obvia y facilona, arrogante como pocas,  sin pizca alguna de la expresividad y la exquisitez formal de algo como Belleza americana (Mendes, 99).

 

Se ha dicho que Kate Winslet y Leonardo DiCaprio están como nunca y vaya que es cierto. Los dos, bestialmente sobreactuados como nunca los había visto un servidor en su vida, profieren sus parlamentos y gesticulan como si se encontraran sobre las tablas y necesitaran ser oídos hasta por el espectador sentado en la última fila de un teatro.  Tales gritoneos histéricos resultan embarazosos más que intensos o emocionantes, y la película de  plano se desbarranca en ese gritoneo final con la Winslet cumpliendo su amenaza de gritar si Leo la toca una sola vez más.

 

Esta es una película que cree que citar parrafadas de la novela ya la hizo. Es por eso que sus personajes hablan de “desesperanzadores vacíos”, preguntan “¡¿quién hizo estas reglas?!” (jajajaja ¿va en serio?) y disertan sobre la definición precisa de “locura”, claro, sin dejo alguno de ironía o ya de perdida un poco de sarcasmo. Pedir un chiste o una broma genuinamente graciosa en esto ya es mucho pedir.

 

Ante una película con tan poquito cine, sólo queda concentrarse en los vericuetos del argumento. Como ya lo era Belleza americana, hace 1 década, Sólo un sueño es una egocéntrica fantasía wishful thinking gestada al interior de la mentalidad de la contracultura, ahora prehippiosa, sobre la necesidad de “vivir la vida, con intensidad, haciendo lo que te gusta”, pintarle el dedo a la convencionalidad y otras linduras por el estilo. O sea, puro asunto de actualidad...de 1969. Y entonces, es cuando magistralmente se vuelan la barda con el personaje del Loquito (Michael Shannon también grotesco por sobreactuado oscareable), como sacado de un manual de contracultura (¡lo que harían los autores Joseph Heath y Andrew Potter con este engendro!), al volverlo el héroe en solitario, la única voz lúcida dentro de la cinta, para que los embaucados espectadores se pregunten “Entonces, ¿quién estaba realmente loco?”. Por favor.

 

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Revolutionary Road 6

 

Staff Cine PREMIERE

Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.

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