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Sótanos y Asesinos

COLUMNA Kino central

Por: Carlos Jesús González

23 / 03 / 2009

Sótanos y Asesinos

Todos tenemos al famoso vecino de al lado. Siempre amable, nos suele saludar con manoteo lento y con la palma no muy abierta sino más bien en forma de conchita, como Lady Di, y sonriéndonos con sonrisa de chiste de infancia, tal vez uno de Pepito más bien blanco y corto. A veces por las tardes lo miramos bajando a su sótano desde la casa contigua y pensamos que es allí donde guarda las palitas de jardinería y las semillas que anualmente planta con especial esmero y la cera con la que todos los sábados, sin falta, deja su coche reluciente.

Pero luego resulta que era un brutal asesino y que en las bolsas grandes de basura que imaginábamos repletas montones de hojas secas llevaba a un niño deconstruido en ocho pedazos.

El vecino de al lado, ya se ha visto en muchas ocasiones en este cada vez más extraño y autodestructivo mundo, se puede llamar John Wayne Gacy o Jeffrey Dahmer o Henri Landru, si acaso lo pensamos con barba muy larga y pelirroja. Y en la Colonia Roma del D.F., valga decirlo, también pudiera responder al apelativo de Gregorio Cárdenas. "Pero dígame Goyo, para servirle", dirá con su voz tersa y amable, de vendedor de enciclopedias científicas.

El vecino de al lado austriaco, ya de edad avanzada pero aún atractivo, aparentemente tenía una familia de lo más normal. Y de hecho era así. Lo que nadie imaginaba, mucho menos sus vecinos-de-al-lado, es que tenía otra familia guardada en su sótano y procreada con su propia hija (a la cual violó y mantuvo allí durante más de veinte años). Su nombre es Joseph Fritzl y el caso que protagoniza, tan desalmado, tan sórdido, no solamente me hizo pensar que los sótanos definitivamente son uno de los espacios favoritos del mal (Freddy Krueger lo sabe muy bien), sino también que los saludos a lo Lady-Di y las sonrisas de chiste de Pepito son, por desgracia, los habituales y cotidianos gestos con que hasta el peor monstruo logra camuflar la absoluta pudrición de su alma.

Y si no me lo creen, aquí otra historia real de combinación sótano y asesino (asesina en este caso, de nombre Gertrude Baniszewski), que hace un par de años fue transformada en película. Una de las más escalofriantes que he mirado en los últimos tiempos:

 

Joseph Fritzl, por cierto, fue declarado culpable el jueves pasado y condenado a cumplir cadena perpetua.

Una vez más -ya lo dije en mi entrada pasada- la ficción ha sido superada con creces por la realidad.

Y el mundo entero de repente parece un sótano.

 

 

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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