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Por: Clara Itzel Hernández Valladares

31 / 12 / 1969
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Terence Davies: Cuando la veteranía es un grado

El director presenta The Deep Blue Sea en el Festival de San Sebastián 2011.

El de cineasta es un oficio como cualquier otro. Es verdad que el cine tiene consideración de arte y que como tal sus directores cargan con el marchamo de artistas pero el talento cuando no va acompañado de oficio vale poco del mismo modo que cuando éste aparece huérfano de talento. Hoy me hacía esta reflexión viendo The Deep Blue Sea, último largometraje del veterano realizador británico Terence Davies habida cuenta, además, de que esta adaptación de la obra de teatro homónima de Terence Rattigan (protagonizada por la siempre estupenda Rachel Weisz y por Tom Hiddleston) presenta un trasunto argumental bastante similar al de Take This Waltz, la película de Sarah Polley que concursó ayer en Donosti, deudoras ambas películas de esa obra fundacional de la narrativa contemporánea que es Madame Bovary de Flaubert.

Pero allí donde en Sarah Polley únicamente había pose cool en la simple enunciación de sus intenciones, en Terence Davies hay profundidad, sabiduría, introspección y verdad y en cierto modo todo eso lo proporciona la veteranía: Davies es un director de largo recorrido y Polley una recién llegada. Conclusión, el inglés con esta historia de adulterio, infamia, frustraciones y culpa ha logrado conmover profundamente y dotar de enjundia una Sección Oficial que está promediando muy buen cine.

Y es que hasta las películas más cuestionables de las que participan en el concurso donostiarra, lo son sin que en su análisis quepa hablar de obras aberrantes, de infamias, como pasaba en anteriores ediciones. Con Los pasos dobles del español Isaki Lacuesta pasa un poco eso: es una obra meritoria pero fallida. Muy en la onda de todo el cine anterior de su autor, esta mezcla de documental, ficción y apuntes de neorrealismo se cae por su exceso de ambiciones, que la hace naufragar irremediablemente hacia el fárrago. Su hálito poético se queda en un somero apunte y uno no entiende muy bien entre tantas narraciones y recreaciones en paralelo que pinta (y nunca mejor dicho) el artista español Miquel Barceló en el asunto. Quizá por ello Lacuesta y Barceló han aunado voluntades en otra película, que dentro de unos días podrá verse aquí fuera de concurso, donde el universo creativo del pintor pasa a ser protagonista y no asunto coyuntural como en Los pasos dobles. Con todo, a pesar de la vaga insatisfacción que produce, nadie puede acusar a esta película de ser un fraude ni a su director de farsante, algo que es moneda común en los Festivales de Cine.

Fuera de concurso dos recomendaciones: por un lado Martha Marcy May Marlene, la sorpresa de este año en Sundance (valga como referencia el apunte de que puede ser la Invierno profundo (Winter’s Bone) de 2011, una película áspera que revisita los escenarios de la América profunda para analizar cómo las inseguridades, la soledad y el desamparo pueden llevar a una joven a ser parte de una secta y de cómo el miedo le impide reintegrarse en la sociedad. Una auténtica sorpresa que dará mucho que hablar en las entregas de premios del año que viene.

El otro título recomendable es Shame de Steve Moqueen que ya dio mucho que hablar tras su pase por Venecia. Película sin ningún tipo de concesión que explora la cárcel que en torno a sí ha construido un alto ejecutivo neoyorquino imposibilitado para el intercambio de afectos. Héroe cínico de nuestro tiempo en su pose invulnerable su único conocimiento del medio lo lleva a cabo mediante transacciones informáticas o económicas (incluido el consumo de placeres sexuales). Únicamente la irrupción de su desequilibrada hermana en su vida (maravillosa Carey Mulligan) le empujará a asomarse al abismo tomando conciencia de lo vacío de su existencia y, también, de la hipocresía imperante a su alrededor (de la que él aun sin reconocerlo también forma parte). Película compleja y rodada con un gusto exquisito, pero sin hacer ningún tipo de concesión al espectador, resulta una obra honda y conmovedora pero también difícil de ver. Comprenderán ustedes que después de asistir al pase de esta turbadora película, completar la jornada con el visionado de El árbol de la vida en lo que tiene de confrontación entre naturaleza y espíritu, vida y muerte, origen y destino… resulta algo poco recomendable. Pues bien yo lo hice. Masoquista que es uno…

–Jaime Iglesias / Enviado San Sebastián

Autor

Clara Itzel Hernández Valladares

Clara Itzel es una comunicóloga junkie de los animales, TV, cine, libros, tatuajes, pop culture, té & café. La pueden seguir en instagram (@MissClaraItzel) y leer en ElMoodRandom.com

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