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Un día de furia

COLUMNA Kino central

Por: Carlos Jesús González

14 / 12 / 2011

Un día de furia

El término Síndrome Amok describe a una persona que tras un espontáneo ataque de furia salvaje daña a otros y fue acuñado en 1972 por el psiquiatra Joseph Westermeyer. Tal información la compilé el día de ayer, luego de percatarme de que más de un diario alemán llevaba la palabra incrustada en los artículos que se dedicaron a la matanza de Lieja, Bélgica, donde un hombre de nombre Nordine Amrani abrió fuego en una plaza pública, matando a tres personas e hiriendo a decenas más antes de él mismo chuparse una bala caliente.

Tras leer la noticia, no pude dejar de imaginarme gritos esparcidos por la calle como agua de lluvia. Y celulares que no dejaban de sonar. Y abuelos supersticiosos que tras mirar las escenas en la televisión giraron la cabeza hacia la cocina, hacia el calendario que se hallaba pegado a la puerta del refrigerador, para comprobar horrorizados que ayer fue martes 13.

Y tampoco pude quitarme de la cabeza el rostro de William Foster (Michael Douglas) en Un día de furia. Amrani, obeso y poco agraciado, ciertamente en nada se parecía físicamente a Douglas pero para ambos, uno en la ficción y otro en el universo real, el mundo los había arrastrado más allá de sus límites, al menos más allá de donde ellos habían fijado las fronteras de su paciencia, de su humanidad. Y su venganza fue contra todo y contra todos por el simple hecho de existir, de ser, de, a su juicio, no tener la capacidad de comprenderlos.

Por desgracia, en este lado de la pantalla no se tiene la suerte de ser ultimado por Robert Duvall antes de causar más daño y no hay esperanza de alcanzar la definición de antihéroe en una crítica cinematográfica. Amrani no pasará de ser un patético desquiciado cuyo nombre ni siquiera valdrá la pena recordar, así, como el de los dos estudiantes que asesinaron a sus compañeros en el Instituto Columbine (aunque a diferencia de los padecientes del síndrome Amok ellos poseyeron la frialdad necesaria como para planear su ataque con lujo de detalle, lo que me parece todavía más escalofriante) o aquel monstruo que abrió fuego en un McDonalds en 1984, matando a más de una veintena de inocentes.

Al final, como creo recordar que dice John Cassavetes en el final de Two-Minute Warning (y que está entre lo poco salvable en ese esperpento de película), "la prensa investigará quién fue. Se sabrá que tuvo dos perros, una novia que lo dejó al cabo de un tiempo y que prácticamente no iba a fiestas. En resumen, era tan sólo un pobre diablo que un día perdió la cabeza por razones que jamás quedarán del todo claras". O algo así.

Aquí el trailer, para los curiosos: 

Carlos Jesús González

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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