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CRÍTICAS Cine

Melancolía

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26-07-2012

Un retrato intimista dirigido por Lars Von Trier acerca de la tormentosa relación de dos hermanas durante el fin del mundo.


  • Título original: Melancholia

  • Año: 2011

  • Director: Lars von Trier (Anticristo)

  • Actores: Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg

  • Fecha de estreno: 27 de julio de 2012

Melancolía o Festen meets Antichrist. Armada a manera de un díptico, la más reciente obra del ya legendario Lars Von Trier (Copenhague, 1956) narra la antesala de una colisión cósmica que acabará con el planeta Tierra. Pero no se trata de una burda cinta de desastres, sino de un retrato intimista de la tormentosa relación de dos hermanas, Justine (Kirsten Dunst en un papel originalmente escrito para Penélope Cruz) y Claire (Charlotte Gainsbourg, quien se llevó la Palma de Oro por la cinta anterior de Von Trier, Anticristo). La primera parte muestra la boda de Justine con su novio Michael en la casona que Claire comparte con su esposo John (Kiefer Sutherland), empresario bon vivant. Justine es incapaz de mostrarse feliz en el que se supone debe ser el día más gozoso de su vida. Como en Festen de Thomas Vinterberg (1998; referencia obvia), casi todo es mostrado en colores cálidos y con cámara en mano; asimismo, la reunión provoca que se destapen varias cloacas familiares y sexuales.

La celebración termina en una nota amarga y Justine, criatura sadiana, se sumerge en las aguas del desánimo. La segunda mitad del filme lidia con la resaca de la boda, los vaivenes emocionales entre las hermanas y la expectativa ante la posible colisión de un misterioso cuerpo celeste, Melancholia, con nuestro planeta. Von Trier desmenuza a sus personajes explorando la manera en que reaccionan ante el inminente fin del mundo. Visualmente, este segundo retablo nos remite a los grises de Anticristo (2009) y a esas composiciones barrocas en que Von Trier contrapone a la vulnerabilidad humana y la implacable Naturaleza.

Melancolía o el caleidoscopio apocalíptico de Lars Von Trier. La obra del director danés, desde el neo noir hipnótico El elemento del crimen (1984), hasta la tarkovskiana Anticristo, lidia con los fines que no anteceden a un nuevo comienzo, sino a una obscuridad plena y, salvo en Rompiendo las olas (1996), carente de esperanza. Los engranes de la maquinaria vontrieriana son macabros y terribles: sus personajes siempre se enfrentan al fin del mundo, de sus mundos. Resulta hasta cierto punto lógico, entonces, que Von Trier presente una obra en que la humanidad entera sea presa del mismo designio que la galería de seres atormentados que el gran cineasta ha acumulado a lo largo de tres décadas (pensemos en la Grace de Dogville –2003– y la pérdida de su inocencia; o la tierra baldía post-Segunda Guerra Mundial en Europa –1991–). El inevitable sacrificio de Selma en Bailando en la oscuridad (2000), por ejemplo, es anticipado con la misma consternación e impotencia con que las víctimas de Melancholia observan el acercamiento del azulado y asesino planeta. Como en su primera exploración de un desastre masivo, Epidemic (1987), los derrumbes íntimos y cósmicos en Melancolía tienen, al fin y al cabo, el mismo peso (¿qué más da que el mundo sucumba si mi mundo terminó ya?).

Melancolía o el mosaico de géneros. Entre sus muchas cualidades como autor, Von Trier revela un conocimiento enciclopédico del cine, la música clásica y las artes plásticas. En Melancolía despliega ese conocimiento de manera descarada y hasta picaresca. La elección de Kiefer Sutherland en el papel de un millonario que intenta racionalizar el Apocalipsis resulta de una deliciosa ironía: ¿Jack Bauer hace el ridículo en su intento por salvar al mundo?

Melancolía o el bautismo de Kirsten Dunst. El cuerpo desnudo de la actriz junto a un arroyo, contemplando el fin próximo, es la imagen que tal vez la inmortalizará. Dunst sirve como receptáculo de la depresión sufrida por el propio director. La actriz logra interpretar a una mujer, eco de la Ofelia de Hamlet, que no le encuentra sentido a la existencia, que se autocensura y se sabotea a sí misma, y que recibe las noticias del fin con templanza, como si el extermino inminente del género humano fuese un bálsamo, la única cura posible para su desánimo artero. O tal vez el Apocalipsis es lo que dota de sentido a su existencia, el único momento en que se puede mostrar al fin estoica ante su hermana Claire. Dunst va de la vulnerabilidad a la estoicidad y el misticismo cósmico, y lo hace de manera creíble: su Palma de Oro como Mejor actriz es más que merecida.

Melancolía o el cine en estado puro. Técnicamente el filme es pulcro, y revela una planeación quizás obsesiva que busca hacer eco a la obra del pintor flamenco Pieter Bruegel. Cada encuadre de fotógrafo Manuel Alberto Claro (responsable también de Reconstrucción, de Christoffer Boe), cada truco de cámara, cada pieza musical del Tristan und Isolde de Richard Wagner y cada corte de edición es una pieza exacta en este rompecabezas de imágenes despampanantes, simbolismos brutales e infiernillos existenciales. Von Trier es un artista en pleno uso de sus facultades creativas.

Es investigador del Programa de Culturas Digitales de la Universidad de Sydney. Es el editor fundador de cinepremiere.com.mx y escribe sobre cine, televisión y tecnología en diversos medios nacionales e internacionales.

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